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Torre de Tokio: caballos politizados

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

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Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio
02 de agosto de 2026 - 02:00 a. m.
Escultura ecuestre en homenaje al millón de caballos muertos en las guerras japonesas, en el santuario de Yasukuni en Tokio.
Escultura ecuestre en homenaje al millón de caballos muertos en las guerras japonesas, en el santuario de Yasukuni en Tokio.
Foto: Gonzalo Robledo
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En Japón se rinde tributo a un millón de caballos muertos en sus guerras internacionales en el santuario de Yasukuni, el polémico templo sintoísta donde se honra a los soldados nipones caídos en combate. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).


“No hay animal con un corazón más noble que el caballo”, dice la placa al pie de una estatua ecuestre de bronce de tamaño natural erigida en uno de los jardines.

A pocos metros, se veneran esculturas de otros animales que perecieron mientras servían de apoyo táctico y logístico en conflictos librados desde mediados del siglo XIX hasta 1945: un perro pastor alemán y varias palomas mensajeras.

“Sin arredrarse ante los terrenos más difíciles, los caballos avanzaban entre el fuego de la artillería transportando armas y provisiones hasta caer extenuados en el frente”, dice la explicación. Añade que la inmensa mayoría de aquellos animales murió en tierras lejanas.

El caballo retratado no representa a ninguna raza en concreto: es un ejemplar robusto de porte mediano que servía para transporte de carga y montura de caballería en las batallas.

Los ejemplares más aptos para el combate se obtuvieron a través del cruce de yeguas locales, robustas y parecidas a un poni, con sementales de gran tamaño y resistencia importados, sobre todo, de Australia.

En una mañana típica Yasukuni está lleno de visitantes japoneses de provincias que vienen a conocer su museo de la guerra en cuya entrada los saluda la estatua de un joven piloto suicida kamikaze.

Yasukuni rinde también homenaje a la memoria de unos 2,5 millones de soldados japoneses caídos en combate. Entre ellos se cuentan 14 criminales de guerra Clase A, condenados en el Tribunal Penal Militar Internacional de Tokio tras la Segunda Guerra Mundial por su papel en “la planificación, preparación, iniciación o desarrollo de una guerra de agresión”.

Los países vecinos en Asia que sufrieron la colonización de las tropas niponas, como China, consideran que los homenajes oficiales a Yasukuni equivalen a glorificar el militarismo.

Debido a las protestas chinas y surcoreanas, los primeros ministros japoneses suelen evitar visitar Yasukuni el 15 de agosto, cuando se conmemora el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Este año los medios están pendientes de si la primera ministra, Sanae Takaichi, que ha llevado las relaciones con China a su peor momento en lo que va de siglo, hará una visita en persona para reafirmar su nacionalismo o se limitará a enviar una ofrenda, como han hecho casi siempre sus antecesores.

Esa semana, los caballos, los perros y las palomas que el ejército convirtió en herramienta de guerra, estarán implicados en un debate geopolítico por encontrarse en un recinto sintoísta que aspira a igualar la dignidad de todos los caídos.

*Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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