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Torre de Tokio: cabezas protegidas

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

08 de agosto de 2026 - 09:00 p. m.
Bicicletas familiares con cascos de niños en la estación de Yoyogi Uehara en Tokio.
Foto: Gonzalo Robledo
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La frecuencia de los terremotos en Japón ha convertido los cascos rígidos en artículos imprescindibles de la vida diaria y cada residente posee uno que guarda junto a la mochila llena de provisiones y equipo para las emergencias. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).


Cuando la sacudida es violenta se recomienda protegerse debajo de una mesa y solo buscar el casco cuando se sale a la calle para no ser golpeado en la cabeza por escombros que caen de edificios resquebrajados.

Los periodistas japoneses suelen aparecer con casco blanco para informar desde el lugar del desastre e, incluso dentro del estudio, los presentadores leen las noticias debajo de los reflectores que se mecen como péndulos sobre sus cabezas protegidas.

En las calles de Tokio se ve a diario un colorido desfile de cascos en las cabezas de niños pequeños que son transportados en las bicicletas de sus mamás a la escuela, a la guardería o de compras por el vecindario.

Aunque la normativa urbana para las bicicletas recomienda usarlos en cada desplazamiento, muchos adultos se muestran reacios y citan razones como la preocupación por dónde guardarlo o el estropicio sobre un buen peinado.

Los niños, en cambio, están motivados por personajes del mundo del manga y del anime que viven intrépidas aventuras ataviados con cascos ficticios dotados casi siempre de poderes improbables, como visores de realidad aumentada o dispositivos para transferir la consciencia.

En las bibliotecas públicas de Tokio se encuentra una historieta de manga titulada “Secretos de los cascos”, de la editorial Gakken, donde se explica el origen de los cascos industriales japoneses y su ubicuidad en labores de manufactura, de construcción, servicios de emergencia, seguridad y deportes.

La historia está narrada a través de unos niños aficionados al skateboarding, el patinaje de tabla famoso por su ambigua normativa para la protección de la cabeza pese a ser un deporte con alto riesgo de romperse la crisma y generar traumas craneoencefálicos.

Para el debut histórico del skateboarding en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (celebrados en 2021) se inscribieron dos niñas de 12 y 13 años: la japonesa Kokona Hiraki y la inglesa Sky Brown.

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El casco fue obligatorio para los menores de 18 años en todas las variaciones de la competición.

En la modalidad de calle, los mayores de 18 años, como el campeón olímpico japonés Yuto Horigome, compitieron sin casco amparados en el reglamento de World Skate, que permite una libre elección.

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Como razón para no usar casco los patinadores famosos suelen citar el origen urbano del deporte y la conexión del cabello al aire con el espíritu de libertad.

Un argumento para tiempos de paz y calma sísmica, cuando desafiar al destino es una opción individual.

*Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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