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Torre de Tokio: cazafantasmas inmobiliarios

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

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Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio
19 de julio de 2026 - 02:00 a. m.
Casa familiar en un barrio Gifu, centro de Japón.
Casa familiar en un barrio Gifu, centro de Japón.
Foto: Gonzalo Robledo
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Buscar fantasmas y registrar fenómenos paranormales es el negocio de una empresa japonesa fundada para tranquilizar a compradores o inquilinos de propiedades que han perdido valor por haber sido escenario de suicidios o muertes inusuales. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).


Cobra 550 dólares por una sesión nocturna de ocho horas en las que, según una crónica del diario Asahi Shimbun, un operador graba imágenes digitales y sonidos, mide la presión atmosférica, la humedad, las ondas electromagnéticas y la fuerza del viento.

La empresa se llama Kachimode y su propietario, Kazutoshi Kodama, ex empleado de una inmobiliaria, copió la idea del Reino Unido.

El país europeo tiene una sólida tradición de buscadores de fantasmas por su abundancia de escenarios de muertes violentas y ejecuciones, como castillos medievales, mansiones victorianas, tabernas centenarias y prisiones antiguas.

Cuando una muerte inusual tiene lugar en una residencia, la ley japonesa obliga al propietario a notificar durante los siguientes tres años del incidente a los potenciales inquilinos.

En el caso de que alguien quiera comprar el inmueble, la obligación de informarle de un suicidio o pérdida de vida en circunstancias extrañas es permanente.

Otra razón de peso es la higiene. Si un cadáver permanece durante cierto tiempo en un espacio sin ser descubierto, es obligatorio desinfectar e informar a los interesados en habitarlo.

Encontrar cadáveres solitarios es un fenómeno creciente debido a la contracción demográfica de Japón.

El aumento de personas que fallecen solas ha dado lugar a otro servicio relacionado con la muerte: empresas especializadas en limpiar y descontaminar habitaciones donde fueron descubiertos cuerpos sin vida después de varios meses.

La crónica cuenta el caso de un padre que protestó cuando supo que harían un examen de un apartamento en el que se había suicidado su hija universitaria. Se oponía a que su hija fuera tratada “como un fantasma”.

El director de Kachimode le explicó que su trabajo era confirmar qué ocurría por las noches para intentar borrar el estigma de la propiedad.

Persuadido, el padre pidió que le informaran del resultado y agregó que, en el caso de que su hija continuara merodeando por su última residencia en este mundo, se ofrecía a arrendarlo para seguir en contacto con ella. El resultado fue negativo.

El padre recobró la paz y en vez de juntar sus manos y ofrecer plegarias por el alma de su hija delante del apartamento en cada aniversario, ora por ella en un altar dispuesto en su propio hogar.

El rotativo informa que dentro de las 80 investigaciones realizadas por Kachimode las pocas anomalías registradas fueron atribuidas a materiales de construcción que producen crujidos por los cambios de temperatura o ruidos de cañerías provocados por la alta presión del agua.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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