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Torre de Tokio: cepa beligerante

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

10 de enero de 2026 - 09:00 p. m.
Imagen de la televisión japonesa al informar sobre la intervención de EE. UU. en Venezuela.
Foto: Gonzalo Robledo
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Una reveladora anécdota histórica sobre cómo Japón decidió ser un país beligerante para sobrevivir en el contexto mundial, apareció esta semana en una revista japonesa que comentaba la flagrante violación del derecho internacional perpetrada en Venezuela por Estados Unidos. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

La condena a la operación estadounidense fue unánime en los medios japoneses pese a que la primer ministra, Sanae Takaichi, se abstuvo de emitir juicios valorativos y su comentario fue calificado de tibio, cauteloso o ambiguo.

El diario conservador Yomiuri criticó a la mandataria y reprodujo la opinión de Itsunori Onodera, miembro del gubernamental Partido Liberal Democrático (PLD): “Esto es en sí mismo un cambio del statu quo por la fuerza y contradice los argumentos utilizados para criticar a China y Rusia”.

En los días siguientes a la captura de Nicolás Maduro y su esposa, las televisiones japonesas mostraron mapas de los países amenazados por el gobierno estadounidense y convocaron expertos para hablar de cómo Venezuela se suma a Gaza y a Ucrania en la continuada erosión del orden internacional.

Al hablar del regreso de la fuerza bruta en la configuración del poder mundial, el subdirector de la revista Gendai Business, Daisuke Kondo, recordó un episodio histórico que marcó el destino militarista de Japón tras su entrada en la modernidad en la segunda mitad del siglo XIX.

Para aprender formas sociales, económicas y de gobierno de Occidente, Japón envió a Estados Unidos y Europa una misión encabezada por el entonces ministro de Asuntos Exteriores Tomomi Iwakura que durante casi dos años (1871-1873) recorrió más de una docena de países.

El momento culminante de la gira tuvo lugar en marzo de 1873, cuando la delegación se reunió con Otto von Bismarck, artífice de la integración de diversos Estados alemanes en el Imperio alemán


Bismarck dijo a la delegación: “Permítanme darles un consejo. Hoy las naciones del mundo parecen relacionarse con cortesía y amistad, pero eso es solo la superficie. En realidad, impera la ley del más fuerte. Por eso, Japón no debería preocuparse tanto por el derecho internacional, sino centrarse en enriquecerse y fortalecerse militarmente para preservar su independencia. Cuando las grandes potencias se ven en desventaja, sustituyen el derecho por el uso de la fuerza”.


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Según Kondo, Japón “grabó en lo más profundo de su conciencia las palabras de Bismarck” y se lanzó a la política de “enriquecer al país y fortalecer al Ejército”.


Y cuando algo se interpuso en su camino, añade, recurrió a la guerra: la primera guerra sino-japonesa, la guerra ruso-japonesa, el Incidente de Manchuria, la segunda guerra chino-japonesa y, finalmente, la Segunda Guerra Mundial.


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A la luz de la operación de EE.UU. en Venezuela aquella cepa beligerante recobra actualidad.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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