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El aterrador video de una erupción simulada del monte Fuji, divulgado por el gobierno japonés el año pasado como parte de una campaña de prevención de desastres, sigue circulando en las redes sociales como una advertencia de una tragedia más en este archipiélago propenso a los terremotos y tsunamis. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
En la versión de YouTube en inglés, un texto explica que Japón tiene 111 volcanes activos y ha experimentado muchos desastres volcánicos en el pasado.
“Si bien en los últimos años solo se han producido erupciones relativamente pequeñas, en cualquier momento podría ocurrir una erupción importante que afecte a una amplia zona. Y el monte Fuji no es una excepción”, dice el texto.
Titulado “Impacto de una gran erupción del monte Fuji”, el convincente contenido audiovisual producido con gráficos de computador muestra el cráter de la montaña emblemática de Japón despidiendo, en secuencias separadas, sustancias como rocas, gases, lava y cenizas.
“El Fuji solía tener erupciones cada treinta años y el hecho de que lleve más de 300 años sin actividad sugiere que el volcán tiene mucha fuerza acumulada. Una erupción que arroje gases y magma es inminente”, advierte en el video Toshitsugu Fujii, profesor emérito de la Universidad de Tokio.
Las cenizas volcánicas serían las sustancias que tendrían el mayor impacto en metros cuadrados, explica el video. Igual que sucedió en la última erupción de la que muchos consideran la montaña sagrada de Japón, ocurrida en 1707, el vídeo muestra el polvo blanquecino —compuesto de granos similares a fragmentos de vidrio de diferente grosor— que cubre amplias zonas vecinas al volcán y llega hasta los cien kilómetros, al centro de Tokio.
Como si fuera nieve, pero del color grisáceo de una hoguera apagada, el polvo volcánico se acumula sobre los techos de las casas y en algunos casos las derrumba por el peso. En zonas más distantes las cenizas detienen el tráfico y en la gran ciudad colapsan los sistemas de transportes, interrumpen la electricidad, atascan los acueductos, contaminan los ríos que proveen el agua para la ciudad. La densa polvareda, que puede continuar por varios días afecta los sistemas respiratorio, auditivo y la vista de los seres humanos.
Aunque la narración intenta rebajar la tensión anunciando que no se detectan señales de una erupción inmediata, insiste en que un terremoto fuerte puede actuar como un detonante y provocar la explosión del cráter en los 49 días posteriores.
Debido a que Japón está acostumbrado a los desastres naturales, este tipo de información forma parte de la preparación proactiva junto a la mochila siempre lista en un armario, o a la entrada de la casa, con provisiones y equipo para sobrevivir los primeros días.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.