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Torre de Tokio: “Expotópica”


Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

26 de abril de 2025 - 09:00 p. m.
Pabellón de Colombia en la Expo de Osaka 2025.
Foto: Gonzalo Robledo
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Japón con sus robots, Italia con sus estatuas clásicas, España con su flamenco y Colombia con su Macondo: los países recurren a sus tópicos más queridos para competir por el número de visitantes en la Exposición Universal de Osaka 2025.
(Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

El evento quinquenal abrió sus puertas el 13 de abril en la segunda ciudad de Japón, en medio de la habitual polémica que acompaña a un acontecimiento que mueve significativas cantidades de dinero público para construir edificios espectaculares y, casi siempre, efímeros.


Conscientes del impacto medioambiental, muchos pabellones fueron construidos con madera y sus propietarios prometen reciclarla al máximo cuando terminen los seis meses del evento.


Como una muestra de la intransigencia nipona ante las normativas de seguridad para incendios y terremotos, algunos países no recibieron el permiso para abrir el primer día. Otros, como Nepal, no hicieron bien los cálculos y diseñaron pabellones inmensos que no pudieron pagar. En consecuencia, la firma constructora dejó las obras por la mitad y el pabellón nepalí yace inconcluso y salpica de tristeza la oleada optimista del evento, que espera atraer a casi 30 millones de visitantes.


Los países modestos se unen sin ningún criterio aparente y forman vecindarios improbables, como un pabellón multinacional donde conviven panameños, ucranianos, guatemaltecos y eslovacos.


Colombia se situó en una dirección privilegiada, al lado de Suiza y Austria, con un digno pabellón de diseño surcoreano, dedicado a la ecología y al universo de Cien años de soledad. El uso sabio de las mariposas amarillas, convertidas en lámparas colgantes, hace del techo oscuro de la exposición colombiana un espectáculo nocturno de luz que suscita suspiros admirados entre los visitantes japoneses que conocen o han leído la novela de García Márquez, cuya edición de bolsillo en japonés se exhibe en la entrada.


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España, donde me han asignado la tarea de atender a mis colegas de la prensa, tiene uno de los pabellones más fotogénicos de la Expo, pues semeja una puesta de sol en una ola inclinada en el ángulo perfecto para encuadrarla desde el aro elevado que circunda el recinto de Osaka 2025.


A los influencers, periodistas y fotógrafos que visitan el pabellón español les explico que está dedicado al Kuroshio, el movimiento de agua que durante más de dos siglos llevó galeones entre Manila y Acapulco, en una ruta comercial cuyo legado más vistoso es el mantón de Manila, que es hoy prenda infaltable del baile flamenco.


Cada tarde, Ofelia, una bailaora gaditana, sale a bailar en medio del sol del pabellón y rinde homenaje a su tierra, a su cultura y a los tópicos felices que comunican de inmediato un mensaje de pasión que no necesita traducción.


* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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