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Torre de Tokio: la soltería castigada

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

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Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio
18 de agosto de 2025 - 04:52 p. m.
Bebé descansando con su familia en la Expo Osaka 2025.
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Foto: Gonzalo Robledo
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En el bazar digital de TikTok circula una baratija informativa según la cual, para solucionar su grave crisis demográfica, Japón instituirá a partir de 2026 un impuesto a las personas solteras y a las casadas que no tengan hijos. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

El dinero recolectado con la imposición a los solitarios se destinará a ayudas sociales a las familias con hijos. Se incentivará así la reproducción y se remediará la despoblación.

El llamado “impuesto a los solteros” es en realidad una polémica ley denominada “Fondo de la infancia para el apoyo y cuidado de los niños” que recolectará, a través del seguro de salud público, miles de millones de yenes entre todos los adultos trabajadores, independientemente de su estado civil.

Jóvenes en situación laboral precaria reclaman en TikTok y otras redes sociales “¿Por qué tengo que pagar yo la crianza de los hijos de otros?”

Añaden que son ellos los que necesitan ayuda para animarse a repoblar el país. “El encarecimiento de la vida es la principal razón de que no queramos casarnos y formar familia”, anotan.

Regir la vida íntima de los ciudadanos de un país y limitar sus elecciones personales para bien de la economía nacional tiene un precedente importante en China.

Antes de convertirse en la primera potencia capitalista de Asia, el país comunista concluyó que reducir la natalidad era una medida perentoria para evitar una gran explosión demográfica.

Calificada de draconiana, por su excesiva severidad, la regulación china de prohibir tener más de un hijo por cada familia fomentó el aborto, el infanticidio, la esterilización forzada y, según cálculos oficiales, previno el nacimiento de 400 millones de bebés entre 1980 y 2015.

El miedo a la decadencia por la falta de población tiene un precedente europeo en la antigua Roma, donde una “legislación contra el celibato” tenía por objeto fortalecer la élite romana del siglo IX.

Además de imponer sanciones severas contra los que optaban por no casarse o se negaban a tener herederos, la ley romana negaba a los solteros el derecho a recibir herencias o legados.

También les exigía contribuir al erario público con una cantidad calculada por una recién inventada operación matemática que perdura hasta hoy con el nombre de porcentaje. Los sin hijos tenían que aportar el 1° por ciento de riqueza anual.

Quienes se oponen a la medida japonesa advierten que pese a su objetivo altruista de generar el bien colectivo, puede ser interpretada como un método coercitivo.

Podría agravar los problemas sociales, ahondar la desigualdad y resultar en nacimientos no planificados. Finalmente, generará estigma y penalizará socialmente a los solteros sin hijos haciéndoles sentir que su estilo de vida es menos valioso que otros.

*Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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