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Torre de Tokio: malicia traducida

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

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Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio
12 de julio de 2026 - 02:00 a. m.
FOTODELDÍA GR7005. FILADELFIA (ESTADOS UNIDOS), 04/07/2026.- Matías Galarza (d) de Paraguay disputa el balón con Michael Olise de Francia este sábado, en un partido por los octavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre Paraguay y Francia en el estadio de Filadelfia (Estados Unidos).
FOTODELDÍA GR7005. FILADELFIA (ESTADOS UNIDOS), 04/07/2026.- Matías Galarza (d) de Paraguay disputa el balón con Michael Olise de Francia este sábado, en un partido por los octavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre Paraguay y Francia en el estadio de Filadelfia (Estados Unidos).
Foto: EFE - Angel Colmenares
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La palabra “malicia”, usada sin traducir desde hace décadas por los comentaristas japoneses de fútbol, ha vuelto a circular a raíz del juego agresivo y marrullero de la selección de Paraguay frente a Francia en la actual Copa Mundial 2026. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).


Al terminar de narrar la derrota paraguaya (1-0)—un encuentro repleto de codazos furtivos, estiradas de camiseta, abrazos pegajosos a los jugadores clave del equipo opositor y patadas en el momento de levantarse de una caída—, un locutor de la cadena Nippon TV explicó que la malicia es intrínseca al fútbol sudamericano.

Importada a Japón desde Brasil, donde se escribe malícia, la palabra portuguesa es gemela de la malicia hispana pues comparte su origen del latín malitia con el significado de maldad o mala fe.

Aunque el sentido original ha sido ampliado para significar astucia y viveza táctica, el japonés promedio considera malicia un sinónimo de “juego sucio”, según recoge la Wikipedia nipona.

Hace años, tras entender que el deseo de victoria incentiva las estratagemas, el vicepresidente de la Asociación Japonesa del Espíritu Deportivo, Masaki Takahashi, pidió proteger a los menores de las tácticas de máxima presión competitiva, incluida la malicia.

Los memes del accidentado partido del 4 de julio mostraron una serie de combates de boxeo entre jugadores y batallas campales que tenían lugar en la cancha mientras los árbitros hacían la siesta, se abanicaban o se distraían armando rompecabezas.

Justo una semana antes del encuentro, el especialista en fútbol español Ichiro Ozawa habló del efecto de las nuevas tecnologías audiovisuales en la vigilancia de los estadios y vaticinó un futuro difícil para las selecciones sudamericanas.

“Como el mundo del fútbol se está volviendo cada vez más transparente y regulado, creo que la malicia, tanto en el buen como en el mal sentido, terminará por desaparecer”, afirmó el periodista.

Su vaticinio quedó en evidencia en un partido arbitrado por un indulgente juez uzbeko más interesado en mantener la pelota rodando que en permitir que la estrategia paraguaya ralentizara el partido con infracciones deliberadas y desestabilizara a los jugadores franceses con su insistente provocación.

Las faltas flagrantes y el cinismo de los jugadores paraguayos delante de las cámaras produjeron desconcierto en un país habituado al cumplimiento irrestricto de las reglas y cuya selección nacional ha sido alabada por su juego limpio y, para muchos, carente de malicia.

Pero cuando la discusión derivaba en interpretaciones éticas, tecnológicas o estéticas, del otro lado surgió una mirada pragmática y terrenal.

Acostumbrado a defender la cuestionada conducta de sus muchachos, el entrenador paraguayo Gustavo Alfaro declaró al final del encuentro frente a los galos: “Ellos pelean por el Balón de Oro; nosotros peleamos por el sustento diario”.

*Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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