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Torre de Tokio: maquillaje maleducado

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

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Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio
01 de marzo de 2026 - 02:00 a. m.
Cartel pidiendo maquillarse en su casa.
Cartel pidiendo maquillarse en su casa.
Foto: Cortesía de Tokyo Metro
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Existe un tipo de mujer japonesa que aprovecha el trayecto matinal en el atestado metro de Tokio para darse un masaje facial con crema hidratante, empolvarse la cara y, después de suavizar sus facciones, dotar su mirada y la expresión de su boca de un aspecto corporativo que lucirá el resto del día.
(Lea acá más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

A su destreza para delinear el contorno de los ojos con un afilado lápiz negro mientras los vagones se zarandean en las curvas, se añade su portentosa capacidad para ignorar la madrugadora multitud que la rodea.


En una sociedad que separa con precisión quirúrgica la esfera pública de la íntima, las mujeres que se maquillan en el metro suscitan debates desde su aparición en la segunda mitad del siglo pasado.


Entre los argumentos esgrimidos para cuestionar un acto cuyas practicantes citan la falta de tiempo figuran las partículas de polvos de base para la cara o el olor penetrante de la cosmética.


A principios del siglo se les comparó con las parejas que se besaban en público (otro tabú local), o con aquellos que conversaban en el metro por su teléfono móvil.


En un artículo de 2024 en la revista económica Diamond Online, el profesor Daisuke Tanaka de la Universidad Femenina de Tokio, señaló la ausencia de una autoridad moral o cultural capaz de dictar qué está bien o mal en el espacio público.


“El individuo está a merced de las encuestas de opinión y sufre incertidumbre constante por no saber cómo comportarse”, concluyó el académico.


Para orientar a sus usuarias, una empresa llamada Dts Creation, que fleta buses nocturnos entre las prefecturas japonesas y la capital, subió a su web un manual para maquillarse en el asiento que inicia con la advertencia: “No existe una respuesta clara sobre si el maquillaje en el autobús es o no una infracción de las normas”.


A continuación, recomienda evitar los cosméticos perfumados en aerosol o aquellos con tapas herméticas cuyo sonido seco puede desvelar a los demás pasajeros.


Con gran tacto separa lo que está “socialmente tolerado” de lo que “genera incomodidad”.


Intenta, y seguramente lo logra, que las usuarias interioricen las prohibiciones como ideas propias y tomen decisiones con el sentido común de las que han sido educadas en una sociedad que promueve como valor supremo el respeto a los demás.


Pregunté su opinión a una vecina de mi barrio de Shibuya que debe rondar los cincuenta años y me contestó que en su juventud consideraba a las que se maquillaban en público “unas maleducadas”.


Se apresuró a añadir que estaba eternamente agradecida con ellas pues, en la prehistoria de YouTube, fueron sus invaluables tutoras en los secretos ocultos del maquillaje.


* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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