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Torre de Tokio: Mishima taxista

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

06 de diciembre de 2025 - 09:00 p. m.
El actor Ken Ogata como Yukio Mishima en la película de Paul Schrader.
Foto: Archivo-The M Film Company
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“Mishima (Yukio) no quería hacer ninguna revolución” y “su forma retorcida de pensar era la misma del taxista de Taxi Driver (la película de Martin Scorsese)”, dijo el cineasta Paul Schrader tras el reciente estreno japonés de su película biográfica sobre el novelista nipón rodada hace cuarenta años.
(Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

El largometraje se proyectó oficialmente por primera vez en Japón en el 38 Festival de Cine de Tokio de octubre pasado.

Al explicar el retraso en mostrar el largometraje sobre el escritor japonés más leído en occidente hasta la aparición de Haruki Murakami, Schrader dijo al diario local Asahi: “Mishima era tabú en Japón”.

Cuando empezó a rodar su película en Tokio, en 1984 solo habían pasado 14 años desde que el autor de Confesiones de una máscara había puesto fin a su vida en un sangriento ritual oficiado en nombre del emperador de Japón y contra la Constitución pacifista impuesta por Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial.

Schrader considera a Mishima un personaje similar al taxista que había escrito para Scorsese, alguien “con una manera retorcida y peligrosa de pensar, que cree que su sufrimiento lo hace especial”.


La viuda de Mishima le autorizó usar en su película todos los libros de su marido menos Colores prohibidos, protagonizado por un apuesto joven homosexual casado con una mujer que no le atrae y terreno fértil para encontrar coincidencias con la vida personal de Mishima.


Gracias a su cuñada japonesa, que leyó toda la obra de Mishima en versión original, Schrader encontró en otra novela, titulada La casa de Kyoko, un boxeador sadomasoquista que le permitiría contar el culto personal del polémico autor al cuerpo masculino.


Contrariada con el giro, la viuda se opuso sin éxito. Contactó entonces con los grupos de ultraderecha, defensores a ultranza de la imagen nacionalista de Mishima y reacios a tocar su homosexualidad.


En previsión de algún boicot Schrader empezó a dirigir ataviado con un chaleco especial a prueba de puñaladas hasta que un productor le dijo —el cuarto día y sin dar explicaciones—, que ya no era necesario.


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Casi toda la película, titulada en inglés “Mishima, una vida en cuatro capítulos”, transcurre en interiores teatrales de color pastel creados por Eiko Ishioka, la misma diseñadora que en 1993 ganaría un Oscar por el vestuario de Drácula, de Francis F. Coppola.


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Antes del estreno en Tokio, Schrader contó que para dejar en paz el rodaje, la ultraderecha nipona había puesto como condición a la productora local Toho nunca mostrarla la cinta en Japón “Fue una promesa verbal y los que pactaron están todos muertos”, dijo el director que a los 79 años aseguró tener más proyectos en su bandeja.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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