Malos consumidores de fotos sensacionalistas, los grandes medios japoneses rechazan la cascada de imágenes de niños palestinos ensangrentados o las de cadáveres de bebés envueltos en sudarios que genera la venganza israelí en Gaza. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Aunque los colegas japoneses me dicen que no hay una ley escrita, la prensa nipona evita publicar imágenes de muertos, locales o de cualquier nacionalidad.
Cuando el terremoto de 2011 hizo saltar las alarmas del tsunami, los helicópteros de la televisión pública japonesa sobrevolaron la costa y transmitieron en directo el espeluznante avance de la kilométrica ola engullendo puertos, barcos, casas, automóviles en marcha y peatones.
Las cámaras, sin embargo, se mantuvieron en un distante plano general y mostraron los devastadores efectos sin hacer zoom en el morboso detalle de cómo pasaban sus últimos momentos las víctimas del desastre.
Entre las razones para la actitud comedida de los medios japoneses a la hora de informar sobre tragedias letales, se cita a menudo el respeto por la dignidad de los difuntos y la deferencia hacia los familiares que los sobreviven.
También se habla de la tradición religiosa budista y sintoísta carente en sus respectivos templos de la iconografía mortuoria de crucifixiones, desolladuras, lapidaciones y otros sangrientos martirios normalizados en la educación visual de los países cristianos.
Estas generalizaciones, por supuesto, tienen sus excepciones. Después de la tragedia de 2011 se publicó un libro con los rostros de decenas de cadáveres devueltos por el mar que habían sido embellecidos por maquilladores voluntarios para que sus familias guardaran un buen recuerdo.
Para aprender sobre la normalización de la muerte a fuerza de verla todos los días, muchos japoneses buscan el documental Orozco el embalsamador (2001), dirigido por Kiyotaka Tsurisaki y dedicado a un exmilitar colombiano que a finales del siglo pasado aseguraba haber acicalado para el viaje postrero a más de 50.000 cadáveres en el barrio El Cartucho de Bogotá.
Al no saturar sus informaciones con imágenes de niños palestinos muertos, los medios japoneses se abstienen de empeorar la ya nefasta imagen de la operación israelí en Gaza. También excluyen a los menores muertos de la guerra de opinión, entre los que los utilizan para convencer a los indecisos de cuál bando es el más salvaje.
El lunes 20 de noviembre, en el Día Universal del Niño de las Naciones Unidas, Israel pidió la liberación de 40 infantes y bebés secuestrados por Hamás el 7 de octubre. Palestina, por su parte, dijo que casi la mitad de los 2,3 millones de habitantes de Gaza son niños y que los ataques israelíes se han cobrado la vida de al menos 5.500 niños, lo que equivale a una criatura cada 10 minutos.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.