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Predecir terremotos es imposible y los sismólogos deben abandonar la costumbre de pedir subvenciones para financiar investigaciones que solo producen miedo, afirma Robert Geller, profesor emérito del Departamento de Geofísica de la Universidad de Tokio. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Como preparativo para una entrevista, Geller —docente en Tokio entre 1984 y 2017—, me envía un paquete de archivos digitales que documentan su larga lucha contra la práctica de pronosticar movimientos telúricos.
“Los terremotos son un fenómeno demasiado complejo y no lineal como para que alguna vez sean predecibles con la precisión y fiabilidad suficientes para emitir alarmas”, dice uno de los textos.
Desde mediados del siglo pasado los residentes del archipiélago japonés han vivido bajo previsiones de terremotos de gran magnitud que aún están por ocurrir.
La previsión más reciente, anunciada en 2012 y actualizada en 2025, prevé que en los próximos treinta años ocurrirá un seísmo de gran magnitud en la fosa de Nankai, una zona frente al océano Pacífico que abarca una docena de prefecturas.
El potente temblor provocará un tsunami y causará casi 300.000 muertes, según la última proyección revisada.
El profesor Geller advierte que este tipo de previsiones centra la atención en zonas específicas y hace que se descuiden otros territorios donde pueden ocurrir terremotos de gran intensidad.
Un ejemplo citado por Geller es el Gran Terremoto del Este de Japón de marzo de 2011, que fue calificado por los modelos oficiales de “imprevisto”.
El mismo año de aquella triple tragedia (terremoto, tsunami y accidente nuclear), Geller pidió al gobierno japonés admitir ante el público que con la ciencia actual “los terremotos no se pueden predecir de manera confiable en términos de tiempo, lugar y magnitud”. Su petición fue publicada en un artículo de la revista científica Nature.
Desde 1979, casi todos los terremotos con más de 10 víctimas mortales en Japón han ocurrido en zonas que los mapas nacionales de riesgo sísmico clasificaban como de “baja probabilidad”.
Geller pide educar a la población bajo el lema de “prepararse para lo inesperado” y, a los países que aplican rigurosos códigos de construcción, continuar con esas prácticas, también exhorta a abandonar los llamados “mapas calientes” (Seismic Hazard Maps, en inglés) que marcan supuestas zonas alto riesgo.
A sus colegas sismólogos les pide “sinceridad científica”.
Mantener la ilusión de que la predicción es posible, solo para obtener fondos gubernamentales, no es ético y pone en riesgo la seguridad civil, afirma. No encuentro a Esopo en ninguno de los textos recibidos pero la advertencia de Geller a sus colegas nipones hace pensar en la fábula del pastorcito mentiroso donde un lobo se comió las ovejas porque, cuando el protagonista dijo la verdad, nadie le creyó.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.