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Torre de Tokio: pelotero legendario


Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

14 de junio de 2025 - 09:00 p. m.
Imagen tomada a una pantalla con un programa japonés en homenaje al gran beisbolero Shigeo Nagashima, aquí en compañía del legendario Joe DiMaggio.
Foto: Gonzalo Robledo
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Se acaba de morir en Japón a los 89 años Shigeo Nagashima, un beisbolista ejemplar que, como Pelé en el fútbol latinoamericano, definió el espíritu de un deporte y marcó la historia personal de millones de aficionados a la pelota chica que lucha desde hace años contra la fuerte arremetida del balón de fútbol. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Nagashima jugó toda su vida para los Yomiuri Giants. Sus numerosas victorias le valieron el mote de Mr. Béisbol y cuando se jubiló, en 1974, su equipo retiró en su honor el dorsal número 3.

Desde su muerte por neumonía el pasado 3 de junio, los diarios y las televisiones dedican numerosos especiales a sus logros deportivos, y también a su carismática y cercana personalidad.

Nagashima fue uno de los pioneros en demostrar la gran calidad del beisbol japonés y sentó las bases para la exportación a las grandes ligas americanas de talentosos jugadores que continúa hasta hoy. El actual lanzador y bateador de Los Angeles Dodgers, Shohei Ohtani, tiene uno de los contratos más altos del deporte americano: 700 millones de dólares por 10 años.

El béisbol japonés se juega con las mismas formas de su pariente norteamericano, pero se rige por las prácticas grupales de la sociedad nipona.

El mejor recuento de las frustraciones de jugadores estadounidenses que fueron invitados a jugar en las ligas niponas y se marcharon desconcertados con las costumbres gregarias lo hizo el periodista Robert Whiting en su libro “Tienes que tener WA” (You Gotta Have Wa). El WA hace referencia a la armonía del grupo ejemplificada en el dicho nipón “Todo clavo que sobresale deberá ser martillado”.

La corrupción también ha tocado a las puertas del béisbol japonés. Entre los años 1969 y 1971 tuvo lugar el llamado Escándalo de la Niebla Negra, una serie de amaños de partidos protagonizados por jugadores destacados que fueron convencidos, comprados o intimidados por la mafia japonesa para inclinar el marcador de partidos vinculados a masivas apuestas.

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El béisbol empezó a perder terreno con la fundación en 1993 de la Liga de Fútbol Japonesa (J1 League). El nuevo deporte, considerado por algunos jugadores demasiado individualista e imprevisible para un país que valora la armonía del grupo, resultó tener un gran atractivo para las nuevas generaciones. La participación sucesiva de la selección samurái en todas las copas mundiales demostró que, como el béisbol en su momento, cualquier deporte es apto para un país que se mueve sin prisa pero sin pausa a la hora de juntar organización minuciosa, infraestructura de primera y generosos presupuestos publicitarios.

Nagashima fue tal vez el último gran representante de la época dorada de un deporte que, al menos en Japón, ha dejado ya de ser rey.


* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

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