Sin que afecte su reputación de trabajadores incansables, los japoneses practican un tipo original de siesta que, a diferencia del reparador e íntimo reposo hispanohablante, requiere atención y tiene lugar en oficinas, auditorios, salas de reuniones y todo tipo de transporte público. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Lo llaman inemuri, un vocablo que aúna los conceptos de “estar presente” y “dormir”.
Consiste en relajar el cuerpo, cerrar los ojos y ausentarse manteniendo un nivel de alerta latente similar al de un centinela militar nocturno que se permite una cabezada pero puede empuñar el arma y entrar en combate en fracciones de segundo.
Pude confirmar el grado de control de un practicante de inemuri en una rueda de prensa donde un periodista de un diario tokiota que parecía noqueado tras el monótono discurso económico de un funcionario, abrió de repente los ojos, levantó la mano e hizo una lúcida pregunta que nos ayudó a todos a entender mejor lo explicado.
Dormirse sentado en una reunión corporativa es un acto habitual y totalmente lícito. Suele ser prerrogativa de los ejecutivos de mayor rango que adoptan la actitud de un santo zen en el momento de recibir la iluminación y, justo antes del final del encuentro, se levantan como un resorte para ofrecer con elegancia las reverencias de la despedida.
El turista extranjero conoce la inusual siesta nipona en el metro matinal donde decenas de empleados y empleadas exhaustos completan sus horas de sueño y, al llegar a la estación de su empresa, abren los ojos y desaparecen de un salto por la puerta.
Una explicación de la facilidad japonesa para dormirse en público figura en un estudio de la Universidad de Cambridge publicado en 2016 y titulado “El arte japonés de (no) dormir”.
Según el texto, firmado por la doctora Brigitte Steger, la siesta japonesa es un signo del cansancio resultante del esfuerzo y la diligencia previos a un examen o a un trabajo. Eso explicaría la tolerancia social, y hasta respeto, hacia los que se quedan dormidos en clase o en la oficina.
La académica concluye que la costumbre japonesa de dormir con los hijos hasta que llegan a la edad escolar, con el propósito de brindarles seguridad y fomentar su independencia emocional cuando sean adultos, prepara a los japoneses para dormir en presencia de otros.
Aunque no existe un estudio que compare a fondo el inemuri y la siesta latina, es posible deducir, sin haber asistido a Cambridge, que dormirse a la japonesa en una capital hispanohablante es regalarse, ponerse a huevo, ponerse de pechito, dar papaya o cualquier otra de las coloridas expresiones que se patentaron en nuestros países para mofarse de quienes bajan la guardia.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.