El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Torre de Tokio: Valentín chocolatero

Columna para acercar a los hispanohablantes a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

21 de febrero de 2026 - 09:00 p. m.
Chocolate colombiano con pureza del 82% y en paquete de 28 gramos que se vende en Japón por 800 yenes (unos 19.000 pesos).
Foto: Gonzalo Robledo
PUBLICIDAD

En una visita a Terni, ciudad italiana cercana a Roma donde se dice que reposan los restos de San Valentín, el periodista Arnaldo Casali me contó entusiasmado que las televisiones japonesas rodaban con frecuencia reportajes sobre su ciudad para emitirlos el 14 de febrero, cuando se celebra el onomástico del santo de los enamorados. (Lea acá más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Como estudioso de historia antigua y autor de una novela sobre el santo, Casali se maravillaba del incesante interés de los medios nipones por el mártir cristiano ejecutado en Roma en el siglo III y cuya fama de defensor del amor traspasa cada día más fronteras geográficas.

Le aclaré que Japón es un país sintoísta, donde la noche de Navidad es ahora una ocasión que muchas parejas jóvenes aprovechan para retirarse solas a un hotel y el día de San Valentín fue convertido en una celebración pagana dedicada al chocolate.

En la segunda mitad del siglo pasado, los fabricantes japoneses de alimentos iniciaron una campaña para que las mujeres regalaran chocolatinas al hombre de sus sueños cada 14 de febrero.

La campaña se convirtió en costumbre nacional cuando millones de muchachas oficinistas empezaron a regalar costosos chocolates al objeto de sus fantasías y, en un alarde de inclusión, o lástima, obsequiaron también chocolates baratos, comprados al por mayor, a los demás compañeros de trabajo.

No contentos con vender cada febrero un alto porcentaje de su producción anual, se inventaron el White Day (Día blanco, en inglés), para que el 14 de marzo los varones devolvieran chocolate blanco a las admiradoras o colegas que les habían regalado el mes anterior.

Casali me contó que entre las teorías más aceptadas de cómo el sacerdote Valentín se convirtió en el santo de los enamorados figura su desafío a la prohibición de casar soldados para disponer de más hombres para mandar a la guerra.

Por apoyar a los novios y oficiar bodas a escondidas, Valentín fue decapitado. Antes de ser el patrono de los enamorados, San Valentín era ya un santo multiusos cuyas funciones en Italia incluyen la de protector de los animales, de los cultivos de cítricos y de los epilépticos.

Read more!

Agradecí a Casali su saber y juntos comentamos la gran disposición de las culturas de todo el mundo a adoptar costumbres remotas cuando hay amor y previsión de beneficios.

Para las celebraciones de este año, una encuesta de los grandes almacenes Matsuya reveló que las ventas japonesas de chocolate seguirían en ascenso pese a la subida de precios.

No ad for you

También se encontró que el 65 por ciento de las compradoras le darán un giro literal al regalo, abrirán la boca y se lo comerán ellas mismas.

No es difícil imaginar qué pensaría San Valentín.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

Por Gonzalo Robledo * @RobledoEnJapon / Especial para El Espectador, Tokio

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.