
El expresidente de Estados Unidos, George W. Bush, junto a su vicepresidente, Dick Cheney.
Foto: AFP - MANDEL NGAN
Estados Unidos se resiste a aprender de sus errores. O al menos eso han demostrado todas sus intervenciones en el extranjero en lo que va del siglo cuando se propone “defender la democracia”. Los problemas siempre llegan con la declaración simbólica de “victoria”. En Afganistán, tras derrocar rápidamente al régimen talibán, George W. Bush declaró sus objetivos iniciales cumplidos. Lo que siguió fueron dos décadas de guerra, una reconstrucción fallida, corrupción, desgaste interno y, finalmente, el retorno de los talibanes al poder en 2021.
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