Una nueva esperanza dentro de un contexto pesimista y débil, así ven muchos al nuevo primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham. El político británico se posesionó como el reemplazo de Keir Starmer en Downing Street este lunes 20 de julio y, con esa sucesión, también hereda los problemas de inestabilidad política que enfrenta el Reino Unido, tras haber tenido seis primeros ministros en diez años.
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Con la frase “Ahora las cosas son diferentes. Seremos mejores”, Burnham prometió hacer el mayor número de cambios en los últimos 40 años, desde resolver los problemas de accesibilidad a la vivienda y los altos costos, hasta asegurar que buscará todas las maneras para que en el país ya no haya personas sin hogar.
Según la escritora y columnista Polly Toynbee, en The Guardian, Andy Burnham asume el cargo consciente de la magnitud de los retos que enfrenta y con una experiencia poco común entre los primeros ministros recientes. Destaca que conoce el funcionamiento del Tesoro, el Servicio Nacional de Salud (NHS), Whitehall y Westminster, además de comprender el descontento de una población afectada por años de estancamiento económico.
Esto es la última clave: el descontento por la inestabilidad ha marcado la última década de la política británica. Según explicó el escritor colombiano y profesor de Política y Derechos Humanos en la Universidad de Londres Óscar Guardiola-Rivera, el mayor desafío del Reino Unido es reactivar una economía debilitada tras décadas de desindustrialización, reducción del papel del Estado y desregulación financiera.
A su juicio, el país enfrenta el difícil reto de equilibrar el bienestar de la población —en áreas como salud, educación y vivienda— con la disciplina fiscal que exigen los mercados. El académico sostiene que los gobiernos han priorizado las demandas del sector financiero a costa del bienestar ciudadano, una estrategia que, afirma, ha alimentado el descontento de una población cada vez más cansada de las políticas de austeridad.
Consciente de la situación que atraviesa el Reino Unido, Burnham anunció que presentará un plan de transformación a 10 años, con el que busca ofrecer una visión de largo plazo, a diferencia de sus predecesores recientes. Según explicó, su objetivo es “ayudar a la gente a vivir bien, construyendo un Estado más preventivo”.
“Es un mucho mejor comunicador político. Basta ver el estilo de su primer discurso: sin atril y sin notas. Ese sello ha marcado la trayectoria del llamado ‘Rey del Norte’ y lo distingue de sus predecesores. Sin embargo, deberá mostrar resultados muy pronto, especialmente en problemas concretos y locales. Él lo sabe; por eso se ha comprometido a acabar con el rudo durmiendo, es decir, con la situación de las personas que no tienen dónde vivir y se ven obligadas a dormir en la calle. Ese estilo y esa orientación han definido su trayectoria”, apuntó Guardiola-Rivera.
Burnham llega a Downing Street con el mayor nivel de popularidad de un primer ministro británico en los últimos años, por encima del respaldo con el que iniciaron sus mandatos Keir Starmer, Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak. Sin embargo, ese apoyo podría desvanecerse rápidamente si no logra mostrar resultados. Por ello, sus primeros 100 días estarán marcados por el anuncio de reformas clave y, según sostiene Toynbee en The Guardian, la composición de su gabinete será determinante para el éxito de su proyecto, Con figuras como John Healey (Canciller de Hacienda), Ed Miliband (ministro de Energía y Cambio Climático) y Shabana Mahmood (ministra del Interior) al frente de carteras estratégicas.
La presión sobre Burnham también responde al contexto que hereda. Su antecesor, Keir Starmer, renunció como primer ministro el 22 de junio de 2026, apenas dos años después de su histórica victoria electoral de 2024, debilitado por una economía estancada, el aumento del costo de vida y el incumplimiento de varias de sus promesas de cambio. A ello se sumó el escándalo por el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington, quien fue destituido meses después de revelarse sus vínculos con Jeffrey Epstein. Sin el respaldo de su propio partido, Starmer presentó su dimisión ante el rey Carlos III, allanando el camino para la llegada de Burnham.
“Pondré el bienestar de las personas en el centro de todo lo que haga… Hagamos de este el momento en que Gran Bretaña vuelva a creer, el momento en que recuperamos la esperanza”, afirmó Burnham al asumir el cargo, en un intento por conectar con una ciudadanía desencantada tras años de inestabilidad política y dificultades económicas.
Para Óscar Guardiola-Rivera, ese mensaje refleja que el nuevo primer ministro entiende que no puede repetir las políticas de austeridad que han marcado a gobiernos anteriores. El académico sostiene que insistir en sacrificar el bienestar de la población solo alimentaría el descontento y fortalecería a la ultraderecha. Sin embargo, advierte que Burnham enfrentará importantes limitaciones institucionales y fiscales para reactivar la economía, por lo que considera clave fortalecer el poder local, aumentar los ingresos del Estado y equilibrar una compleja agenda de política exterior, especialmente en la relación con Estados Unidos e Israel.
“Entre los mayores retos están, en política interna, el costo de vida y la necesidad de garantizar el acceso a servicios básicos como la salud pública y la vivienda, especialmente para los jóvenes y los sectores más vulnerables. En política exterior, la prueba principal será Gaza. Por eso nombró como ministro de Relaciones Exteriores a Ed Miliband, considerada una figura más progresista y menos dispuesta a ignorar las acciones del gobierno de Benjamín Netanyahu y el respaldo que recibe de Donald Trump”, afirmó Guardiola-Rivera.
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