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Bajo el calor de Francia, los carteros acuden al rescate de los adultos mayores

Para ayudar a prevenir las muertes relacionadas con el calor, el gobierno francés ha pedido a los carteros que estén pendientes de las personas mayores.

Ségolène Le Stradic | The New York Times

04 de agosto de 2026 - 08:30 p. m.
Harmony Simon, una cartera, visitaba a Martine Combe en Aix-les-Bains en julio.
Foto: James Hill para The New York Times
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Cuando Harmony Simon, una cartera en Aix-les-Bains, un pueblo a orillas de un lago en el sureste de Francia, tocó el timbre del apartamento de una jubilada en una calurosa mañana reciente, no estaba allí para entregar el correo.

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Estaba allí para verificar que la mujer jubilada, Martine Combe, de 68 años, que padece diabetes y asma, no hubiera sucumbido a un golpe de calor.

Después de que Combe la dejó entrar, Simon, de 41 años, se apresuró a inspeccionar las ventanas, que su anfitriona había cubierto con trozos despegados de papel de aluminio. Era una solución improvisada y poco eficaz para repeler el sol, y Simon tenía una alternativa que sugerir.

“Sabes, en mi apartamento he puesto mantas de supervivencia” en las ventanas, le dijo a Combe, en referencia a las envolturas brillantes con las que los corredores se cubren después de los maratones. “La temperatura ha bajado cuatro grados”, agregó.

Era un consejo que Combe necesitaba. Sin aire acondicionado, la temperatura en este estrecho apartamento, que tiene grandes ventanales con vista al lago, había alcanzado recientemente los 36 grados Celsius, le dijo Combe a su visitante. “Quedarte encerrada ahí adentro toda la tarde es difícil”, agregó.

El intercambio no fue un hecho aislado. Simon estaba allí como parte de una política de emergencia a nivel nacional implementada en junio por el primer ministro Sébastien Lecornu, cuando una ola de calor brutal azotó Francia y rompió varios récords de temperatura. Ahora se alienta a todos los carteros no solo a entregar el correo, sino también a estar pendientes de las personas mayores.

“A través de sus recorridos diarios, los carteros suelen ser los únicos que tienen contacto regular con personas mayores o aisladas”, dijo Lecornu en una carta a los alcaldes donde enumeraba medidas y recomendaciones para enfrentar el calor.

Todas las ciudades francesas mantienen un registro de los residentes vulnerables que han pedido ser contactados durante los periodos de calor, pero esas listas son difíciles de mantener actualizadas, y las ciudades no siempre pueden asegurarse de que todas las partes interesadas se hayan inscrito. Con su red de 65.000 trabajadores integrados en sus comunidades locales, el servicio postal podría ayudar a encontrar a las personas no registradas ante las autoridades locales, dijo Lecornu.

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Al igual que el resto de Europa —el continente que se calienta más rápido y el que tiene la población promedio de mayor edad— Francia ha soportado una serie de olas de calor desde el comienzo del verano. Según una estimación provisional de Santé Publique France, la agencia nacional de salud pública, casi 6000 personas murieron como resultado de la ola más grave en junio, de las cuales dos tercios tenían 75 años o más.

Hubo un aumento particularmente pronunciado en las muertes en el hogar, lo que genera preocupación por las personas mayores y enfermas que viven solas.

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Es un segmento de la población que Simon, la cartera, conoce bien. “Algunos de ellos, bueno, por desgracia, solo nos ven a nosotros”, dijo mientras clasificaba el correo en la oficina postal antes del inicio de su recorrido.

“Sufro de soledad”

Durante años, Simon y sus colegas han visitado regularmente a las personas que se han registrado en los servicios sociales municipales. Con la nueva política, ahora se le exige que detecte a las personas en riesgo que podrían no estar registradas en los servicios de la ciudad.

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La primera mujer que visitó ese día fue Elvire Bertagnolio, de 95 años, quien vive sola en el quinto piso de un edificio moderno cerca de la estación de tren.

Bertagnolio estaba agradecida por la compañía. “Me hace bien ver a gente joven, a mi edad”, dijo.

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No había salido de su apartamento en meses, dijo, y rara vez recibe visitas, excepto por su hijo, Charles, que vive a cientos de kilómetros de distancia. “Sufro de soledad”, dijo.

El calor, también, ha sido difícil de soportar. “A los 95 años, no te sientes igual que cuando tienes 50″, dijo desde su sofá, sentada junto a las ventanas abiertas y el ventilador en funcionamiento.

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Su gato, dijo, ha sido un consuelo y un termómetro confiable. “Cuando no se mueve de debajo de la cama, es una señal de que hace mucho calor”, dijo, ente risas.

Bertagnolio visitó la región por primera vez hace una década para una cirugía y se enamoró de su entorno montañoso. Como muchos jubilados, pronto decidió mudarse a Aix-les-Bains, una ciudad balneario conocida por su lago pacífico y sus baños termales.

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Esa afluencia ha convertido a este lugar en el que envejece más rápido en la región, según el alcalde del pueblo, Renaud Beretti, quien dijo que al menos el 13 por ciento de los 30.000 residentes del pueblo tenían más de 75 años.

“Así que necesitamos estar especialmente atentos”, dijo Beretti.

Este año, el pueblo ha abierto el vestíbulo con aire acondicionado de un centro cultural por las tardes, el cual ofrece a los residentes un lugar para refrescarse con bebidas frías, juegos y conciertos.

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Los carteros ayudan a identificar a aquellos que no pueden asistir.

“Sabemos que hay personas que viven aisladas”, dijo el alcalde. “Y ahí es donde ‘La Poste’ tiene una ventaja, al poder cruzar la puerta y obtener información que de otra manera no podríamos tener”.

“Un poco como nuestros psicólogos”

Con la disminución del correo en papel, el servicio postal ha tenido que reinventarse con nuevos servicios, incluyendo la entrega de alimentos a domicilio por una tarifa. Revisar el estado de las personas mayores es una derivación lógica de ese servicio y ha convertido a algunos carteros en paramédicos de facto. Fares Seffari, de 32 años, un cartero en Vénissieux, un suburbio de Lyon, dijo que recientemente tuvo que atender a una residente que parecía estar a punto de desmayarse.

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“Estaba en muy mal estado”, dijo. “Me quedé allí hasta que llegó su hijo”.

Durante los periodos de calor intenso, dijo Seffari, se aseguraba de que sus clientes estuvieran comiendo bien. También les daba consejos adicionales, dijo: “Ten una botella de agua justo a tu lado, hidrátate constantemente”.

A pesar del calor, Simon dijo que no dejará de recorrer en bicicleta las calles de la ciudad. “Es parte del trabajo”, dijo antes de acercarse a su última visita de la mañana.

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“Es muy bonito”, dijo, después de entrar a un edificio de apartamentos con una llave maestra que le da acceso a la mayoría de los edificios del pueblo. Este era uno de los pocos en el pueblo que nunca había visitado, dijo.

Estaba aquí para ver a Gilberte Milano, de 88 años, quien la hizo pasar a un pequeño apartamento con las persianas cerradas.

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“Mientras Dios no me llame, me quedaré”, dijo Milano, señalando con el dedo al cielo. Se las arregla bastante bien por su cuenta, dijo, y sale a dar largas caminatas matutinas y a mirar el Tour de Francia por la tarde.

Pero a veces también se siente abrumada por una profunda ansiedad y aprecia las visitas de los carteros, le confesó a Simon. Los carteros, dijo, son “un poco como nuestros psicólogos”.

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Aun así, se aseguró de que Simon también estuviera bien.

“¿Quizá quieras algo de beber?”, le preguntó a Simon con una sonrisa. “¡Debes tener sed!”.

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Por Ségolène Le Stradic | The New York Times

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