Por eso el asesinato de dos efectivos del ejército inglés, apostados en una base militar al oeste de Belfast, capital de este país, por parte de un grupo de desconocidos, perturbó los ánimos de irlandeses e ingleses, cuyos líderes políticos afirmaron que de ninguna manera puede este hecho amenazar el proceso de paz adelantado en el país.
“Todo el país se siente estremecido... ante este ataque cobarde y malévolo”, dijo en Londres el primer ministro británico, Gordon Brown. “Les puedo asegurar que llevaremos a esos asesinos ante la justicia. Ningún asesinato podrá desbaratar un proceso de paz que tiene el respaldo del pueblo de Irlanda del Norte”.
El Sinn Fein, brazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA), condenó los atentados. Gerry Adams afirmó que el Ira Auténtico, organización disidente que se atribuyó el atentado, “no tiene ni apoyo ni estrategia para lograr la unificación de Irlanda”.