2 Dec 2020 - 3:31 p. m.

Boris Johnson enfrenta una rebelión política por su gestión de la crisis sanitaria

Alarmados por el impacto de estas medidas en una economía ya muy debilitada, varias docenas de parlamentarios del Partido Conservador de Johnson amenazan con votar en contra del nuevo sistema local que debe entrar en vigor tras el desconfinamiento.

Redacción Mundo

Internacional

El primer ministro británico, Boris Johnson, se enfrentó ayer a una rebelión de diputados de su propio campo conservador que se oponen a las nuevas restricciones locales previstas en Inglaterra contra el coronavirus cuando el país salga del confinamiento el miércoles.

En virtud de este sistema, casi el 99% de los 56 millones de habitantes de Inglaterra seguirá viviendo en niveles de alerta “alta o muy alta”, con estrictas restricciones como la prohibición de ver a familiares y amigos en lugares cerrados. Comercios, peluquerías, gimnasios abrirán en todo el país, pero los 23 millones de personas en el nivel de alerta más elevado verán bares, restaurantes, cines y teatros cerrados.

“Acepto que esto no es un retorno a la normalidad pero está mucho más cerca” de ella que la orden de solo salir de casa para trabajar, ir a la escuela, comprar comida o asistir a una cita médica, vigente durante el segundo confinamiento del 5 de noviembre al 2 de diciembre, defendió Johnson.

Gracias a este esfuerzo “se ha contenido el virus pero no se ha erradicado”, insistió frente a los diputados en la apertura de un debate que se anunciaba largo y acalorado. “Tenemos que ser realistas, todavía no hay una vacuna, pese a todas las señales positivas (...) y hasta entonces no podemos bajar la guardia”, subrayó.

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Abstención laborista

Pese a que esta rebelión socava su autoridad, el primer ministro parece tener garantizada la victoria en un voto por la noche en la Cámara de los Comunes gracias a la abstención anunciada del opositor Partido Laborista.

Primera fuerza de oposición, los laboristas, que hasta ahora siempre habían apoyado las restricciones contra el coronavirus, se abstendrán por primera vez desde el comienzo de la pandemia exigiendo mayores ayudas financieras a los negocios que deberán permanecer cerrados en las zonas de alerta muy alta. “Han estado sufriendo durante muchos meses”, afirmó el líder de la oposición, Keir Starmer, en referencia a la hostelería.

En un intento de apaciguar a los diputados conservadores descontentos, el ejecutivo publicó el lunes un estudio sobre el impacto de las nuevas medidas que no pareció convencer a muchos de ellos.

El estudio reconoce que las restricciones tendrá “costos significativos” para la economía, pero subraya que perder el control del virus sería mucho peor. “Todos conocemos demasiado bien” el impacto de la pandemia en la economía, afirmó el ministro de Estado Michael Gove a la BBC, tras la quiebra del grupo textil Arcadia, que emplea a 13.000 personas, por la caída de la demanda. “Pero, ¿cuál sería el efecto en la economía si el sistema de salud público se viera superado?”, agregó.

El Reino Unido es el país más castigado de Europa por el coronavirus, con casi 58.500 muertos confirmados. El gobierno británico y los ejecutivos regionales de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, que deciden sus propias políticas sanitarias, acordaron permitir una “tregua de Navidad” en que un máximo de tres hogares podrán reunirse entre el 23 y el 27 de diciembre.

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