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El movimiento obrero mundial convocó este 1 de mayo grandes marchas y protestas para exigir más protección laboral, mejores salarios y mayor igualdad, mientras el mundo padece el aumento de los costos de la energía y la disminución del poder adquisitivo a raíz de la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán.
En ese sentido, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) sostuvo este viernes que “otra crisis del coste de la vida no es inevitable”, por lo que exigió a los líderes comunitarios que tomen medidas para proteger el empleo y los salarios frente a la inflación. “Los trabajadores se niegan a pagar el precio de la guerra de (el presidente estadounidense) Donald Trump en Medio Oriente “, se lee en el documento.
En paralelo, la secretaria general del CES, Esther Lynch, abogó por “impulsar la economía inyectando dinero en los bolsillos de los trabajadores, gravar con impuestos extraordinarios los beneficios desorbitados de las grandes empresas energéticas e invertir en energías renovables para evitar que nos veamos inmersos en una crisis similar en el futuro”. Así lo subrayó en medio de la preocupación global por los efectos económicos y energéticos del cierre del estrecho de Ormuz por el conflicto en Medio Oriente.
Al menos 550 detenidos en Estambul
Cerca de 550 personas fueron detenidas este viernes por intentar conmemorar el Día de los Trabajadores en la Plaza Taksim de Estambul, un lugar prohibido por el Gobierno desde 2013 para rememorar la fecha, según reportó la Asociación de Abogados Contemporáneos (ÇHD), una entidad con experiencia en la defensa de los derechos humanos.
Un grupo de 37 militantes del HKP, un pequeño partido de izquierdas, fue arrestado cuando trataba de acercarse a Taksim reivindicando poder manifestarse en ese lugar, informó el diario ‘Cumhuriyet’. Otro grupo de 20 trabajadores que se dirigía a la plaza desde otro punto también fue detenido, afirmó la emisora ‘Halk TV’. La prensa nacional reportó más arrestos en otras zonas de la ciudad.
La Policía lanzó gases lacrimógenos durante varias cargas contras los asistentes. Algunos medios de comunicación locales reportan que entre los afectados se encuentran parlamentarios.
Un día antes, la Gobernación de Estambul, responsable de las fuerzas de seguridad, recordó sobre la prohibición de protestas, marchas y actos públicos por el 1 de mayo en cuatro distritos, entre ellos Beyoglu, donde se encuentra la céntrica plaza Taksim.
De hecho, las autoridades de la capital turca, punto de unión de dos continentes, restringieron el transporte marítimo entre la orilla europea, donde está ubicada Taksim, y la asiática, donde se encuentran las dos únicas zonas habilitadas para manifestaciones.
Taksim es un plaza simbólica para las celebraciones del Día del Trabajador desde 1977, año conocido como el ‘Primero de Mayo Sangriento’ por el asesinato de 34 personas, después de que pistoleros sin identificar comenzaron a disparar contra la multitud. Otros 130 asistentes resultaron heridos ese día. La mayoría de las víctimas murió aplastada o asfixiada en la avalancha humana causada por el pánico.
Tras el golpe militar de 1980, las marchas fueron prohibidas en ese lugar, un veto que durante décadas alimentó la reivindicación de la izquierda por recuperar ese espacio.
Entre 2010 y 2012 Taksim volvió a acoger multitudinarias celebraciones del 1 de mayo con la participación de cientos de miles de personas, pero un año mas tarde el gobierno turco volvió a vetar las concentraciones en la plaza, alegando motivos de seguridad.
La explicación no convenció a los sindicatos que cada año intentan marchar hacia Taksim, a pesar de los robustos despliegues policiales y las previsibles detenciones.
En 2023, el Tribunal Constitucional de Turquía falló que el derecho de reunión pacífica había sido vulnerado con la prohibición del Primero de Mayo.
“La prohibición de las celebraciones del Día Internacional del Trabajador se basa en motivos totalmente espurios de seguridad y orden público y va en contra de la reciente decisión del Tribunal Constitucional. Debe levantarse urgentemente”, declaró en 2025 Dinushika Dissanayake, directora adjunta del Programa Regional para Europa de Amnistía Internacional.
La reforma laboral de Milei enciende Argentina
Los trabajadores argentinos protestaron desde el jueves en Buenos Aires para mostrar el descontento por la reciente reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei.
Convocados por la Confederación General del Trabajo (CGT), el mayor grupo sindical de Argentina, la marcha se encaminó hacia la sede del Gobierno en el centro de la ciudad bajo eslóganes como “defender el empleo digno”.
La nueva ley, cuyo objetivo es ayudar a las empresas a contratar y despedir a nuevos trabajadores con mayor facilidad, permite a las compañías aumentar la jornada laboral de ocho a doce horas, ampliar los períodos de prueba durante los cuales los empleados pueden ser despedidos sin prestaciones y sustituir las horas extras por tiempo libre en lugar de un pago adicional.
Además, restringe el derecho de los trabajadores a la huelga, disminuye el poder de los sindicatos nacionales para determinar los salarios en sectores enteros y limita la discreción de los tribunales en materia de indemnizaciones por despido.
El código laboral, vigente desde 1974, había garantizado generosas protecciones y derechos para los trabajadores argentinos, un esquema que, en consecuencia, también ha elevado los costos empresariales.
De poco sirvieron las semanas de protestas y la huelga nacional para disuadir a Milei de aprobar el paquete de reformas laborales en febrero, lo que representó una importante victoria para su agenda de libre mercado.
Durante décadas, presidentes anteriores intentaron liberalizar el mercado laboral, pero fracasaron ante la resistencia de los poderosos sindicatos argentinos
Los opositores al Gobierno se aferran a un proceso de apelación que cuestiona la constitucionalidad de la ley, mientras que los líderes sindicales planean presentar una nueva petición luego de que un tribunal revocara la semana pasada una orden judicial que había suspendido la implementación de la norma. Se espera que el caso llegue a la Corte Suprema.
Una conmemoración global
Las celebraciones de este viernes comenzaron en Corea del Sur, Australia, Indonesia e India.
En Manila, la capital filipina, los manifestantes quemaron una figura del presidente Donald Trump, después de que la Policía les cortara al paso hacia la embajada de Estados Unidos.
Después del inicio de las movilizaciones en Medio Oriente, comenzaron a marchar los sindicatos en Europa. En París, Francia, que alberga uno de los movimientos sindicales más importantes del planeta, las manifestaciones transcurrieron bajo el lema “pan, paz y libertad”, vinculando las preocupaciones diarias de los trabajadores con los conflictos en Ucrania y Medio Oriente.
En Italia, los sindicatos acusaron a la primera ministra, Giorgia Meloni, de inacción ante la precariedad y la fuga de talento, mientras que en Portugal las protestas se centraron en la reforma laboral del Gobierno que han negociado por meses sindicatos y empresarios sin alcanzar un acuerdo.
En España, miles de personas salieron a las calles para manifestarse por una vivienda “digna y asequible”, así como por subidas salariales en un país donde el costo de los alquileres conlleva la mayor parte de los sueldos y, en algunos casos, los supera.
En Rusia, militantes y simpatizantes del Partido Comunista de Rusia (KPRF) se reunieron este viernes junto a la estatua de Karl Marx, frente al Teatro Bolshói de Moscú y cerca del Kremlin.
El líder del KPRF, Guennadi Ziugánov, felicitó a todos los presentes, quienes portaban banderas soviéticas y ramos de claveles rojos en respeto a la tradición del Día de los Trabajadores, que fue la celebración más importante de la Unión Soviética (URSS) durante sus siete décadas de existencia, pero que en la actualidad se ha limitado a ser un día festivo.
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