22 Jul 2021 - 2:54 p. m.

Diez años después de los ataques de Breivik, Noruega se une contra el odio

El 22 julio de 2011, el horror sacudió a la tranquila Noruega. Un atentado dejó ocho muertos y decenas de heridos. Por suerte, su autor se retrasó en un embotellamiento y muchos empleados ya se habían ido de sus oficinas. El error salvó vidas.

Agencia AFP

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Noruega se comprometió a luchar unida contra el odio este jueves, al cumplirse el décimo aniversario de los atentados perpetrados por el extremista de derecha Anders Behring Breivik, que dejaron 77 muertos en 2011.

“El odio no puede quedar sin respuesta”, declaró la primera ministra noruega Erna Solberg durante el primer homenaje de la jornada, que tuvo lugar cerca de la sede del gobierno en Oslo.

Fue aquí donde Breivik comenzó su matanza haciendo explotar una potente bomba de 950 kilos que dejó 8 muertos. Después, disfrazado de policía, abrió fuego en la pequeña isla de Utøya contra una reunión de la Liga Laborista Juvenil (AUF), dejando 69 víctimas, la mayoría adolescentes.

Solberg, que habló ante supervivientes y familiares de las víctimas, destacó los avances desde hace diez años de los servicios de seguridad en su lucha contra todas las formas de extremismo.

“El muro de contención más importante es el que tenemos que construir en cada uno de nosotros”, dijo la dirigente conservadora. “Para reforzar el muro contra la intolerancia y los discursos de odio”.

Al mediodía (10H00 GMT), las iglesias del país hicieron sonar sus campanas al unísono en homenaje a las víctimas del ataque más sangriento en la historia del país desde el final de la Segunda Guerra mundial.

Para muchos supervivientes, diez años después, Noruega no ha hecho todavía un proceso contra la ideología de extrema derecha que estuvo detrás de los ataques.

Racismo “todavía presente”

“El racismo y el extremismo mortífero de derechas siguen presentes entre nosotros”, destacó Astrid Eide Hoem, una superviviente que ahora dirige las AUF.

“Están en internet, en la mesa durante la comida, en muchas personas muy escuchadas”, añadió. “Es ahora, una vez por todas, que tenemos que afirmar que no aceptamos más el racimos, que no aceptamos el odio”.

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Primer ministro del partido laborista cuando ocurrieron los atentados, Jens Stoltenberg, actual jefe de la OTAN, marcó a una generación prometiendo responder a los atentados con “más democracia” y “más humanidad”.

Miembro de un partido que Breivik convirtió en su objetivo por considerar que era favorable al multiculturalismo, Stoltenberg afirmó durante hoy una misa en la catedral de Oslo: “Hace diez años, respondimos al odio con amor. Pero el odio sigue todavía ahí”.

Stoltenberg citó como ejemplos la degradación del memorial de homenaje a la primera víctima mortal en un acto racista en Noruega, en 2001, el intento de atentado contra una mezquita cerca de Oslo en 2019 por otro extremista o, incluso, las amenazas que hoy en día siguen recibiendo los supervivientes de Utøya.

Respetando la distancia social por las medidas contra el COVID-19, Stoltenberg confesó en la catedral de Oslo que cada día mira la fotografía de Utøya que tiene en su despacho en Bruselas.

El presidente del Consejo de Europa, el belga Charles Michel, envió un mensaje de apoyo por Twitter: “Recordemos a las víctimas del extremismo violento y tengamos un pensamiento por sus familiares”,

“Nuestra determinación en combatir el terrorismo está intacta”, añadió.

En la ceremonia religiosa celebrada en Oslo, representantes de diferentes credos encendieron cada uno una vela.

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Secuelas

El extremista fue condenado en 2012 a 21 años de prisión, una pena que puede prorrogarse indefinidamente, y pasará probablemente el resto de su vida entre rejas.

Pero ha tenido seguidores: su sombra se cierne sobre varios atentados, incluidos los dirigidos contra mezquitas, como el de Christchurch (Nueva Zelanda) que dejó 51 muertos.

“Las ideas de extrema derecha que inspiraron el ataque siguen siendo una fuerza motriz para los extremistas de derecha en el país y en el extranjero y han inspirado varios ataques terroristas en la última década”, advirtió esta semana el servicio de inteligencia noruego (PST).

A pesar del paso del tiempo, las heridas siguen abiertas. Según un estudio publicado recientemente por el Centro Nacional sobre el Estrés y la Violencia Traumática (NKVTS), un tercio de los supervivientes de Utøya seguían sufriendo el año pasado trastornos importantes como estrés postraumático, ansiedad, depresión o dolores de cabeza.

Para empeorar las cosas, muchos supervivientes siguen recibiendo amenazas y mensajes de odio.

“Sé que alguien intentó matarme por mis creencias”, dice una de la víctimas, Elin L’Estrange. “Así que si hoy alguien me dice que quiere verme muerta, me lo tomo muy en serio, aunque no lo sea necesariamente”.

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