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En las primeras horas de la noche del martes algunos vehículos fueron incendiados y hubo siete arrestos en Villiers-le-Bel y localidades colindantes del departamento de Val d'Oise, al norte de París. El dispositivo de seguridad fue reforzado "de forma importante", según precisaron las autoridades, sin querer revelar el número de efectivos antidisturbios desplegados.
Durante una visita a Villiers-le-Bel, donde comenzaron los disturbios el domingo tras la muerte de dos adolescentes que circulaban sin casco en moto y colisionaron con un vehículo de la policía, el primer ministro francés, François Fillon, había anunciado el reforzamiento de la seguridad para la noche del martes. Un estado mayor de crisis, dirigido por un alto cargo policial, fue instalado en la localidad.
Para este miércoles, a su regreso de un viaje oficial a China, el presidente, Nicolás Sarkozy, ha programado una reunión sobre la seguridad, con la participación de Fillon y las titulares de Interior y Justicia, entre otros. La ministra de Interior, Michele Alliot-Marie, dijo que había dado nuevas consignas a las fuerzas del orden: "tomamos medidas de prevención con una presencia policial fuerte", aseveró.
La jefe de esa cartera precisó que iba a acudir a Villiers-le-Bel para aportar su "apoyo a los bomberos y los policías que hacen un trabajo difícil y arriesgado". En los disturbios en Villiers-le-Bel y localidades vecinas 82 policías resultaron heridos.
El uso de armas de fuego por los jóvenes en los enfrentamientos con las fuerzas del orden ha sembrado la alarma entre las autoridades y la policía. Varios sindicatos de policía advirtieron que, por ello, la situación era "peor" que en la ola de violencias que asoló cientos de barrios conflictivos de París y otras ciudades de Francia durante tres semanas, en el otoño de 2005, y que llevó al Gobierno a decretar el estado de emergencia.
Con información de Efe