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Francia, el último destino

Bolivianos, colombianos y ecuatorianos que vivían en España comienzan a llegar a París con la esperanza de encontrar un trabajo. El idioma es el principal obstáculo.

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Ricardo Abdahllah/París
09 de junio de 2012 - 09:00 p. m.
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Son las cuatro de la tarde y como cada día después de su trabajo instalando ventanales, Cirilo entra a la Biblioteca Pública, en el segundo piso del Centro Nacional de Arte Moderno Georges Pompidou. Lleva un morral con sus herramientas, pide una ficha y se instala en una de las cabinas del espacio de autoaprendizaje. Luego de ponerse unos audífonos, repite unas pocas palabras en francés. De la biblioteca le habló un amigo, boliviano como él, y como él venido de España. “El trabajo allá me dio para comprarme un terrenito en Cochabamba. Hace tres años pedí la nacionalidad, que debe estar por salirme. Luego la cosa se puso difícil y me tocó venirme para acá”, dice. Cirilo vive en una casa de dos cuartos en los suburbios, con un amigo y una pareja. El hecho de que no habla el idioma le impide conseguir un mejor trabajo, “pero no me quejo; en España no podía más”.

Si quienes trabajan en la biblioteca están acostumbrados a recibir entre su público a inmigrantes africanos o de Asia Central, que aprovechan el espacio para aprender gratis el francés, en los últimos meses han sido testigos de la llegada de españoles y latinoamericanos que están emigrando hacia los países más industriales de Europa.

“Todas las semanas veo gente nueva”, dice una de las estudiantes que trabajan en la biblioteca. Para ella la llegada de los nuevos ha sido una especie de revelación. “Uno está acostumbrado a ver estudiantes que quieren aprender por razones académicas, pero para ellos la lengua es un arma de supervivencia, es lo que les permite comer”.

Otro de los visitantes recurrentes es Octavio. Originario de Santuario (Valle), donde aún están sus hijos, se fue para España “por aventurar, por ver qué salía”. Las cosas le salieron bien. Todero y bueno para la construcción (sus manos tienen aún restos de pintura del trabajo de la tarde), el boom inmobiliario español le permitió conseguir un trabajo bien pago como cortador en una productora de pisos de mármol. “Allá, si usted no le pone mármol a la casa está en nada; aquí no les gusta casi. No sé por qué. Yo lo que más sé es cortar mármol, pero aquí no he conseguido trabajo”.

También instaló mármol en su propio apartamento, un tercer piso que sacó junto a su mujer cuando, luego de construir casas para otros y con un trabajo que parecía estable, obtuvo un crédito hipotecario de 300.000 euros. Había comenzado a pagarlo cuando el crecimiento de la burbuja inmobiliaria se detuvo: había tantas casas que los precios cayeron. Enseguida llegó la crisis del resto del mundo. Como en Colombia no existe algo como un subsidio de desempleo, lo explica a la manera española: “Tuve dos años de paro, luego apenas un subsidio de 400 euros mensuales”.

Con una cuota de 700 euros, que no paga hace seis meses, Octavio escuchó lo mismo que Cirilo: que en Francia había trabajo. Estuvo un mes en una obra en Normandía, antes de llegar a París, “pero me pagaban mal. Un día el dueño estuvo allá, pasó a mirar cómo iba la cosa, yo le dije: ‘Lléveme a París’ y fue así como aquí llegué”.

Ahora vive con un grupo de 18 personas en el salón de una iglesia cristiana, 17 son latinoamericanos llegados de España, el otro un argentino aventurero. Por el derecho de poner su colchón en el piso, Octavio paga 150 euros más diez horas mensuales de trabajo. “Ahí me dejan estar hasta finales de este mes. También va siendo hora de traer a mi mujer. Está sola y deprimida, pero y si ella se viene, ¿quién se queda con el apartamento? Nadie”, dice.

Para continuar pagando las hipotecas, los propietarios de inmuebles en España se enfrentan a dos alternativas: arrendar a un inquilino que puede a su vez quedarse sin trabajo o vender por la mitad del precio que les costó. “Hay un conocido al que le propuse que cogiera el apartamento y siguiera pagando la deuda. No tendría que darme nada y pierdo lo que ya he pagado, pero al menos salgo de eso”, dice Octavio.

Otros latinoamericanos han tomado decisiones más radicales. Tras intentar sin éxito negociar con el banco, han comprado pasajes de regreso a su país y enviado al banco las llaves por correo.

Con papeles

“No crea, yo también he pensado en eso”, dice Max. Luego de estudiar una licenciatura en física y química y trabajar varios años como funcionario del gobierno peruano, este limeño convenció a su mujer de intentar la aventura europea. Juntos llegaron a París con una visa de turismo. Pasaron de inmediato a España. Consiguieron empleos estables en Barcelona y con el tiempo la nacionalidad. Lo siguiente fue el crédito inmobiliario: 900.000 euros, un apartamento. Luego el doble despido, los dos años de cobrar el paro, luego nada. “Cerramos el apartamento con doble llave, empacamos algunas cosas y nos vinimos por carretera. Lo que más me duele es que fui yo el que la convenció... y ella que también estudió para profesora, y ahora tiene que hacer oficio en casas...”.

Desde que llegó a Francia, Max trabaja cargando camiones en una empresa de transporte. Como viven donde unos amigos, él y su esposa han podido mantenerse al día con las cuotas, pero saben que no terminarán de pagar su deuda. “Tengo 49 años, y de tanto andar levantando cajas de 40 kilos, ya por la noche no puedo con el dolor de espalda. Seguiré hasta donde pueda, porque no quiero volver a Perú, tras de pobre y viejo, inválido”. Su idea es rebajar la deuda, esperar que las cosas mejoren y abrir un negocio en Lima.

No sólo en el centro de autoformación de la biblioteca Pompidou está volviéndose común la llegada de inmigrantes que provienen de España y buscan aprender francés para encontrar trabajo. Los mismos casos se encuentran en una de las sedes de la Cruz Roja que ofrece clases gratuitas. “Es algo que no veíamos antes”, dice uno de los voluntarios que trabajan allí, “porque legalmente estos nuevos inmigrantes son europeos, pero no por eso tienen las cosas más fáciles. Muchas veces son contratados por debajo del salario mínimo o discriminados, como sucede con los inmigrantes indocumentados”.

Sin embargo, la situación no sólo afecta a los latinoamericanos nacionalizados. Fumando en un balcón de la biblioteca está Alberto, originario de Rianxo, en plena Galicia. “He sido de todo en la vida: cocinero en un buque del ejército, panadero con un hermano que tenía un negocio y conductor de camiones, pero como no hay trabajo todo mundo termina pagándote lo que quiere. Aquí, si te prometen un mínimo o debes hacer horas extras, te las pagan”.

Para eso, por supuesto, hay que encontrar trabajo: “Hay alguien que me está ayudando a encontrar algo, haciendo limpieza”. Dice que con el idioma ya empieza a defenderse, que entiende la diferencia entre cuando le piden un cigarrillo o un encendedor.

“Me vine para Francia porque vivo en un pueblo pequeño y ya me daba pena que me vieran por ahí desempleado. Y es que ya tengo 31 años, va siendo hora de organizarme, buscar mujer y eso, ¿no?”, explica. “Si consigo y ahorro algo, a lo me mejor busque algo en España. Me dicen que allá la vivienda está barata”.

Tres opciones latinas para buscar futuro

El fuerte ascenso de Brasil

Los excelentes patrones económicos que registra la economía brasileña y su presencia en el llamado grupo BRIC (las iniciales de las cuatro potencias emergentes de la actualidad: Brasil, Rusia, India y China) convierten a este país en atractivo destino para la búsqueda de nuevas oportunidades. En la víspera del Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro (2016), está teniendo lugar un auge de inversión para el sector turismo. Brasil aspira a recibir 600.000 visitantes durante la copa mundo y 7,4 millones durante 2014.

La estabilidad chilena

La presencia de europeos en el país austral se incrementó en 20% durante el último año. Actualmente, 40.492 españoles residen en Chile, una nación que ostenta uno de los índices de desempleo más bajos de todo el hemisferio: 6,5%. Del mismo modo, el país presenta uno de los niveles de vida más altos de la región, que a la vez se complementa con los escasos índices de criminalidad. Por la calidad de sus recursos, esta nación brinda buenas opciones laborales en el sector minero y en labores como la geología.

El auge peruano

La colonia europea en Perú, conformada principalmente por españoles, ya supera las 10.000 personas y desde 2008 ha aumentado cerca del 54%. La economía ha crecido también a un ritmo por encima del 5,5% en el último lustro. El buen momento de la economía está apoyado por una fuerte industria turística que ofrece opciones de inversión y trabajo, así como por la enorme riqueza que posee el país en materia de recursos mineros.

Argentina, el gran receptor

La falta de trabajo y la eminente crisis económica que viven sus países han hecho que miles de europeos migren hacia Argentina. El número crece, casi exponencialmente, año tras año. Son por lo general jóvenes profesionales, entre 28 y 35 años.

La Dirección Nacional de Migraciones en Argentina señala que las cifras de permisos de residencia oficial para los europeos son alrededor del doble que en los últimos cinco años y que se espera que en 2012 se radiquen más de 3.000. Sin embargo, explican, el número real de nuevos residentes es mayor, pues hay algunos que no tramitan la residencia legalmente.

Según Migraciones, llegan constantemente italianos, franceses y alemanes. Pero son los españoles el grupo poblacional más grande que Argentina haya recibido en los últimos años, constituyéndose en la colonia española más grande fuera de Europa.

Por Ricardo Abdahllah/París

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