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Alaguir donde el Ministerio de Catástrofes plantó el sábado las carpas de su hospital— se encuentra en Osetia del Norte (Rusia), a 35 kilómetros de Osetia del Sur, y al borde de la carretera que conduce al paso de Rok, una frontera controlada por los rusos y los surosetios. Hacia allí circulaban centenares de vehículos militares rusos, carros blindados, camiones cargados de equipo y cisternas de combustible. El tráfico bélico contrastaba con el más bien escaso en sentido contrario.
En Rok, un capitán del servicio de guardafronteras de Rusia reiteraba a un grupo de corresponsales que el paso a Osetia del Sur por este lugar sólo está permitido a ciudadanos de la comunidad de países pos-soviéticos. Sin embargo, el Kremlin está preocupado por el “éxito de la propaganda de Georgia” y se planteaba la necesidad de regular el acceso de la prensa extranjera a Osetia del Sur, lo que se traducirá en alguna expedición organizada a la zona. Las garantías de seguridad sobre el terreno han sido tan precarias que hasta el comandante del 58 Ejército, el general Anatoli Jrúlov, fue herido en una pierna.
Diferentes fuentes señalaban que los aviones georgianos habían lanzado sus bombas sobre Dzhava, una ciudad más cerca de Rusia que Tsjinvali, donde los separatistas habían trasladado su capital alternativa por considerarla más segura. En la clínica de urgencias de Vladikavkaz yacían el martes Tolik Kavysev, de 29 años, y Roma Tedeyev, de 30, dos voluntarios heridos el sábado en la región de Dzhava.
El primero tenía una venda ensangrentada en la mano derecha, además de una herida en la pierna y otra en el tórax. “Los georgianos dispararon primero desde aviones y luego con minas desde su infantería”, decía Kavysev, que daba detalles confusos sobre el suceso.
“Sólo teníamos fusiles. ¿Quién combate hoy con fusiles solamente?”, exclamaba Tedeiev, retorciéndose del dolor que le causaba su pie ensangrentado. De los cinco miembros del grupo de Tolik y Roma, uno había muerto en el enfrentamiento y los otros dos estaban, junto con otros 27 heridos, en cuidados intensivos, según Kazbek Gúsol, el médico jefe.