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La resaca electoral que dejó AfD en Alemania: ¿qué sigue ahora?

La victoria de la ultraderecha en Sajonia-Anhalt tiene matices. No causó euforia en las calles, pero sí dejó muchas preguntas sobre migración, seguridad y Ucrania en el país.

Bastian Mühling y Camilo Gómez Forero

07 de septiembre de 2026 - 07:32 p. m.
(De izquierda a derecha) Tino Chrupalla, copresidente del grupo parlamentario y del partido Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, copresidenta del grupo parlamentario y del partido AfD, y Ulrich Siegmund, principal candidato de la AfD en Sajonia-Anhalt, posan para los medios después de su victoria en las elecciones estatales de Sajonia-Anhalt.
Foto: EFE - CLEMENS BILAN
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Jasper Finkeldey, politólogo del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Martin Luther de Halle-Wittenberg, la más antigua del estado federado de Sajonia-Anhalt, se despertó el lunes como si tuviera una resaca terrible. El experto en movimientos sociales y estudios de organización política califica de “surrealista” el resultado electoral de Alternativa para Alemania (AfD) del domingo por la noche en su estado. Sí, esperaba que la AfD se fortaleciera, pero no que “todos los demás partidos fueran realmente tan débiles”. Ese fue el resumen de lo que ocurrió.

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El partido AfD logró una victoria histórica en Sajonia-Anhalt. Aunque no llegaron a la mayoría de los votos, con el 43,8 % de los votos según los resultados preliminares es lo más cerca que ha estado una colectividad de extrema derecha de gobernar un estado alemán desde la Segunda Guerra Mundial.

Esto ha generado una ola de reacciones en todo el continente, que ven con alarma el ascenso de la ultraderecha en el país que históricamente diseñó más mecanismos para contentarla. Pero aunque la victoria de AfD ha generado un terremoto político, Finkeldey le ha bajado la espuma al chocolate.

El experto destaca que lo más impresionante fue el ambiente de su ciudad. Pasó la noche electoral en la fiesta del partido de los Verdes, que quedaron con 8,9 % de los votos y ocho escaños, y luego recorrió el centro de Halle. No hubo fuegos artificiales de celebración de AfD, ni al día siguiente. La ciudad, pese a que todo el mundo hablaba del resultado puertas adentro, se mantuvo tranquila y sigue procesando lo que esto significa.

Se invirtió el guion

Lo primero que destaca Finkeldey es táctica. AfD, dice, logró algo que contradice buena parte de su propia trayectoria: se convirtió en “el partido de la esperanza”. Durante años se le conoció como el partido al que se recurría para advertir, para generar miedo. Esta vez construyó una narrativa positiva sobre lo que el estado y el país podían llegar a ser, y la ató a símbolos de orgullo regional del este alemán, como las motocicletas Simson que todavía circulan por las calles de Sajonia-Anhalt. Fue, en sus palabras, un giro bien ejecutado.

Pero Finkeldey se cuida de atribuirle todo el mérito a la estrategia de AfD. Al mismo tiempo, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) impulsó una reforma de pensiones profundamente impopular, que golpeó con particular fuerza a votantes de bajos ingresos, un grupo numeroso en Sajonia-Anhalt. El resultado de la CDU cayó cerca de 20 puntos porcentuales. Es su peor derrota en décadas, de acuerdo con el canciller alemán Friedrich Merz. El experto habla de una acumulación de crisis superpuestas: la pandemia, la inflación de los precios de la energía, el miedo a la guerra. Todas esas capas se fueron apilando sobre una población trabajadora con miedo al descenso social, para la cual AfD funcionó a la vez como válvula de escape.

¿Qué sigue?

Finkeldey ubica el resultado dentro de una tendencia que ya es visible en Francia y en Italia, y que le recuerda con fuerza al Brexit. Insiste, eso sí, en que Alemania llega tarde a este proceso comparado con países como Austria, donde el partido FPÖ lleva décadas siendo una fuerza consolidada. Su lectura es que el sistema necesita una renovación generacional, y no está seguro de que los partidos de centro tengan la capacidad de producirla.

Anticipa, además, nuevos realineamientos del sistema de partidos, similares a los que ya vivió Francia, donde formaciones nuevas —piensa en la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) y en la propia AfD— podrían terminar de desplazar a las estructuras tradicionales, como ocurrió con Giorgia Meloni en Italia. Pero incluso ahí matiza: ese desenlace, dice, todavía está por decidirse.

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Migración y seguridad: lo que puede cambiar y lo que no

Aquí es donde conviene ser más cuidadoso. Las promesas de AfD se han viralizado en redes sociales, pero cabe recordar que la migración, por ejemplo, es sobre todo competencia federal en Alemania, no regional. Un gobierno de AfD en Sajonia-Anhalt, si llega a formarse, tendría margen limitado para alterar por sí solo la política de asilo, las fronteras o los acuerdos europeos de reubicación. Lo que sí controlaría con más autonomía son áreas como la integración escolar, el financiamiento a programas de acogida local, la policía estatal y ciertas facultades administrativas sobre residencia y deportaciones dentro del estado.

Pero si hay un frente que despierta la ansiedad europea es la seguridad. AfD mantiene una posición mucho más favorable a Rusia que cualquier otra fuerza representada en el Bundestag: rechaza las sanciones económicas a Moscú salvo las dirigidas puntualmente contra responsables de la guerra, se opone al ingreso de Ucrania a la OTAN y a la Unión Europea, y varios de sus dirigentes han viajado a Rusia o aparecido en medios afines al Kremlin desde 2022. El partido ha pedido además reanudar las importaciones de gas ruso, suspendidas tras la invasión.

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Ese posicionamiento explica por qué Polonia, con Ucrania como frontera inmediata, reaccionó con particular alarma al resultado en Sajonia-Anhalt, y por qué la Alta Representante de la UE, Kaja Kallas, ha advertido sobre el avance de fuerzas políticas que, a su juicio, minimizan la amenaza rusa. Pero aquí aplica la misma cautela que en migración: un gobierno regional de AfD no determina la política exterior alemana, que sigue siendo competencia federal y hoy está en manos de una coalición que respalda la ayuda a Kiev.

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Por Bastian Mühling

Periodista y becario del International Journalists' Programmes (IJP) 2026. En El Espectador trabaja en la sección Internacional. En Alemania escribe sobre política digital e inteligencia artificial para el Süddeutsche Zeitung Dossier. bmuhling@elespectador.com
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