Un Tribunal de París intenta esclarecer una siniestra trama de odio, corrupción, espías, falsificación y manipulación por parte de los más altos responsables de la diplomacia, la industria de armamentos y el espionaje francés, cuyos protagonistas son el presidente Nicolás Sarkozy y su enconado rival político, Dominique de Villepin, ex primer ministro de Jacques Chirac.
El escándalo, el mayor de los últimos tiempos en Francia, estalló en 2004, cuando un juez que investigaba un caso de corrupción en una venta de armas a Taiwán recibió unos documentos —entre ellos varias cuentas de un banco con sede en Luxemburgo Clearstream— que implicaban a varios políticos, entre ellos a Sarkozy.
Los papeles sugerían que dichos personajes estaban vinculados con Taiwán, así como con la mafia rusa. Pero los investigadores pronto descubrieron que todo era falso y se inició una nueva investigación que tiene como principal sospechoso a De Villepin. Sarkozy prometió llevarlo a los estrados judiciales y luego de cuatro años su venganza se cumplió. “No descansaré hasta castigar a quien manchó mi carrera política”, sentenció Sarkozy. “Soy inocente”, aseguró De Villepin.