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Las lecciones que aprendieron Italia y España gracias al coronavirus

Han pasado más de dos años desde que llegaron los primeros casos de Covid-19 a España e Italia, y parece que desde ya estos países saben en qué deben trabajar para prepararse ante una futura pandemia.

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15 de septiembre de 2022 - 05:00 p. m.
Una enfermera consoló a una de sus compañeras el 13 de marzo de 2020 en el hospital de Cremona, Italia. Este país fue uno de los más afectados por la pandemia por su alto conteo de muertos. Además, fue el primero en donde se evidenció que las Unidades de Cuidados Intensivos no daban abasto y que el bienestar del personal de salud de primera línea era vital para superar los picos de contagio.
Una enfermera consoló a una de sus compañeras el 13 de marzo de 2020 en el hospital de Cremona, Italia. Este país fue uno de los más afectados por la pandemia por su alto conteo de muertos. Además, fue el primero en donde se evidenció que las Unidades de Cuidados Intensivos no daban abasto y que el bienestar del personal de salud de primera línea era vital para superar los picos de contagio.
Foto: AFP - PAOLO MIRANDA
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Los encierros, las muertes, el distanciamiento social y las caras de los médicos exhaustos fueron imágenes usuales en el 2020. No importaba si era en América, Europa, Asia, África u Oceanía, cada esquina del planeta estaba padeciendo lo mismo. Desde Colombia veíamos lo que sucedía en otros lados del planeta como una premonición de lo que poco tiempo después podía ocurrir aquí. Ahora, que han pasado más de dos años desde que el mundo se apagó y se encerró, vemos que algunos países, como Italia y España, aprendieron algunas lecciones del coronavirus, mismas que parecen ser fundamentales para tener una mejor preparación ante otras posibles pandemias.

El miedo a que el contagio pueda cambiar todo o nada

Italia fue uno de los países más golpeados por la pandemia del coronavirus, y en ello tuvo una fuerte responsabilidad el modelo de atención que viene implementando desde hace años. Así lo dijo Walter Ricciardi, profesor universitario y asesor de la cartera, citado por France24: en este país “se diagnostica poco de forma temprana y se hace poca prevención. Esto también varía de región en región”.  A ello también le sumó la reducción en el gasto público, dadas las políticas de austeridad implementadas desde 2008. “Se estima que tan solo el sector de la salud sufrió recortes por 36.000 millones de euros, lo que significa menos médicos, menos estructuras, menos enfermeros, menos formación”, añadió.

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Algo similar se lee en el artículo “El sistema de salud italiano y el desafío del Covid-19″, publicado en el portal del Centro Nacional para Información de Biotecnología: “Durante el período 2010-2019, el Servicio Nacional de Salud sufrió recortes financieros de más de 37.000 millones de euros, una privatización progresiva de los servicios de atención médica. El gasto público en salud, como proporción del PIB, fue del 6,6 % para los años 2018– 2020 y se prevé que caiga al 6,4 % en 2022″. Además, debido a que el sistema de salud funciona a partir de una base regional, por lo que eran las autoridades locales las encargadas de organizar y prestar la asistencia en salud, se terminó reflejando la debilidad que tuvo el gobierno central en dicha área.

De ahí se entiende que unas de las principales lecciones que dejó la pandemia del coronavirus fue que la descentralización y la fragmentación del sistema de salud restringieron la posibilidad de tener una respuesta oportuna ante el avance del Covid-19, por lo cual “debería existir una coordinación nacional más sólida”, se lee en el artículo citado anteriormente. Además de que “la capacidad y el financiamiento de los sistemas de atención de la salud deben ser más flexibles para tener en cuenta las emergencias excepcionales”, incentivando la alianza entre el sector público y el sector privado para poder responder a las emergencias, también se necesita una planificación a largo plazo.

Ahora bien, el estudio “La pandemia de Covid-19 en Italia: impacto de las políticas y la tecnología en los resultados sanitarios y no sanitarios”, publicado en el mismo portal, menciona un par de aspectos más, teniendo en cuenta la amenaza de futuras pandemias: se deben impulsar las inversiones y recursos del gobierno para promover y prevenir la salud pública, “fortaleciendo los servicios comunitarios y territoriales”. Además, se debe legislar para elaborar un marco de promoción, prevención e intervención temprana para prevenir el suicidio y reducir el impacto a largo plazo en la salud mental del aislamiento, el distanciamiento social y los altos niveles de estrés.

No en vano, el italiano Paolo Giordano, en su ensayo “En tiempos de contagio”, escribió: “No tengo miedo de caer enfermo. ¿Y de qué tengo miedo? De todo lo que el contagio puede cambiar. De descubrir que el andamiaje de la civilización que conozco es un castillo de naipes. De que todo se derrumbe, pero también de lo contrario: de que el miedo pase en vano, sin dejar ningún cambio tras de sí”.

Una cuestión de “coordinación” y “equidad”

España también recibió el coronavirus con serios problemas en su sistema de salud. Según lo reportó Amnistía Internacional, el país venía cargando una crisis de austeridad y de recortes en la sanidad pública desde varios años atrás, especialmente en la atención primaria. “Cuando surgió la pandemia, la situación era casi cercana al colapso, con ratios de personal médico y de enfermería en atención primaria por 1.000 habitantes de 0.77 y 0.66, respectivamente, estancados en la última década y bastante inferiores a la mayoría de los países de nuestro entorno”, según se lee en el texto “El derecho a la salud y la atención primeria en España”.

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Si ya existía escasez de personal, sobrecarga asistencial y listas de espera en la asistencia primaria, la pandemia llegó para agravarlo todo, advirtió la organización de derechos humanos. Y es que, según se lee en el informe, la sobrecarga asistencial venía en aumento desde hacía años: por ejemplo, el Ministerio de Sanidad reconoció en 2018 que más del 41 % de los médicos de familia superaban el máximo deseable de 1.500 pacientes por profesional y que en muchos centros de salud eran frecuentes consultas con 40, 50 o más pacientes al día. Durante la pandemia, en algunos centros se llegó a 100″.

Teniendo este contexto de base, se entiende por qué el Ministerio de Sanidad elaboró el documento “Plan de acción para la transformación del Sistema Nacional de Salud en la era post Covid-19″. A través de él, la entidad se plantea varios retos, como potenciar la participación activa de la ciudadanía en el cuidado de la salud y en las políticas públicas, modificar el paradigma asistencial por uno de atención integral y desarrollar modelos de gestión de cuidados para pacientes con fragilidad, comorbilidad, enfermedades crónicas o necesidades de atención complejas. También se incluye la idea de desarrollar una estrategia de seguridad nacional frente a las catástrofes y las pandemias, así como la de potenciar el desarrollo de medidas para disminuir las desigualdades sociales en salud, entre otras medidas más.

Ahora bien, en la columna titulada “Cómo evitar la próxima pandemia”, el médico epidemiólogo Alberto García-Basteiro escribió en el diario La Vanguardia que “el SARS, la gripe aviar, el zika, el ébola, han sido amenazas sanitarias de este siglo XXI que apenas consiguieron realizar cambios estructurales en materia de preparación frente a las pandemias. El informe de calado internacional viene a decir que no nos podemos permitir prolongar esta miopía si queremos evitar nuevas crisis sanitarias como la del Covid-19″.

Remitiéndose al Informe del Panel Independiente sobre la Respuesta Sanitaria Internacional a la Crisis del COVID-19, afirmando que el documento es “una propuesta interesante para la transformación del sistema internacional de preparación y respuesta pandémica”, García-Basteiro comentó que se le quedaron grabadas dos palabras en su cabeza: coordinación y equidad. La primera de ellas porque se requiere un alineamiento internacional para dar una respuesta equitativa y eficaz. La segunda, porque cree que los países ricos tienen la responsabilidad de ayudar a aquellos con menos recursos, de lo contrario, “ningún país estará protegido totalmente”. Así, en mayo de 2021, fecha en la que publicó su columna, advirtió: “El momento de actuar frente a futuras pandemias es ahora”.

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