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Y cuando creían haber entrado al siglo XXI, los habitantes de Sark, una pequeña isla en el Canal de la Mancha, regresaron al pasado que querían olvidar. Después de votar activamente en las primeras elecciones populares de toda su historia, 140 de ellos perdieron sus empleos por marcar el candidato equivocado.
Los hermanos Barclay, encopetados dueños del diario Daily Telegraph y del Hotel Ritz de Londres, rechazaron tajantemente la voluntad del pueblo. Tras conocerse el resultado en el que salió derrotado Kevin Delaney, administrador de sus bienes en la isla, cerraron dos hoteles, un restaurante y varias tiendas en la calle principal. Todos ellos componen la columna vertebral de la economía de Sark, cuyo eje principal es el turismo.
Es la historia de una estrategia con resultado adverso. Sir Frederic y David Barclay establecieron en 1993 su residencia en el islote vecino de Brecqhou, donde construyeron un castillo y planearon invertir en Sark más de 7,5 millones de dólares para los siguientes 15 años.
Pero algo les estorbaba: las tradiciones feudales de Sark, que por conexidad aplican en su diminuto reino. La más molesta es el primogenato, o traspaso de cualquier propiedad a los descendientes masculinos; si no existen, pasan a manos del señor feudal, que desde 1974 es John Michael Beumont, descendiente directo de los fundadores de la isla. En la línea de sucesión de los Barclay no hay ningún varón: sólo una hermana y su hija.
Desde entonces, buscaron acabar con esa ‘injusta’ costumbre. Se quejaron en Londres y promovieron una campaña en pro de la democracia, algo para nada fácil. Desde su fundación en 1563 amparada por la reina Isabel I, la isla ha sido una posesión en ultramar: le es fiel a la Corona británica sin seguir sus leyes. La presión hizo que los pobladores acudieran hace dos semanas a las urnas.
Y allí rechazaron los planes de ambos hermanos para cambiar sus costumbres: entre los 57 postulados que se presentaron al consejo local, sólo dos de los candidatos con el aval Barclay salieron elegidos. Ahora pagan las consecuencias.
En el diccionario democrático de la isla, sus ocupantes acaban de acuñar un nuevo término: plutocracia, o el gobierno de los ricos.