Ni las alertas de Naciones Unidas ni los reportes de medios de comunicación han impedido que decenas de militares colombianos en retiro continúen respondiendo a convocatorias para enlistarse en la guerra que libra Rusia en Ucrania desde 2022. El Espectador conoció el testimonio de cuatro militares colombianos que han partido en los últimos seis meses para enlistarse en las filas rusas, además de acceder a pruebas documentales que exponen la forma en la que se vinculan con esas fuerzas.
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En marzo, el Grupo de Trabajo sobre Mercenarios de Naciones Unidas entregó en Bogotá la primera cifra conocida de exmilitares colombianos que han sido reclutados como mercenarios para combatir alrededor del mundo, estimándola en más de 10.000. Es el primer dato aproximado conocido sobre el reclutamiento de militares colombianos para las distintas guerras que se libran actualmente en todo el mundo y que, según los hallazgos preliminares del grupo, incluye la presencia de estos efectivos en la República Democrática del Congo, la Federación de Rusia, Somalia, Sudán, Ucrania y Yemen. Asimismo, “son contratados para participar en operaciones de crimen organizado, especialmente en México y Brasil, y ofrecen servicios de seguridad en Ecuador, Perú, Haití y otros países vecinos”, según reveló la presidenta del Grupo de Trabajo, Michelle Small.
Para la fecha del anuncio del Grupo de Trabajo, Javier (nombre cambiado para proteger su identidad) estaba a punto de cumplir un mes en Rusia, adonde había viajado el 18 de febrero bajo la promesa de trabajar en la custodia de una base militar. “Me encontraba en la ciudad de Bogotá, trabajando como guarda de seguridad. Por medio de la plataforma TikTok, fui contactado por el señor Daniel Galindos. Me ofreció una oportunidad laboral con un muy buen salario, por lo cual tomé la decisión de viajar. El trabajo consistía en brindar seguridad a bases militares. El día 23 nos pusieron a firmar un contrato, pero no sabíamos qué estábamos firmando porque estaba escrito en ruso. Finalmente, nos hicieron firmarlo. Ese mismo día nos trasladaron a bases militares, donde nos dieron dotación militar, uniforme y todo lo necesario”, explica Javier.
Este diario ha revelado en varias oportunidades fragmentos de estos contratos y, para este artículo, accedió a uno firmado el 9 de junio por un militar colombiano. El documento permite corroborar parte de la ruta descrita por Javier: la incorporación formal de ciudadanos extranjeros mediante contratos con el Ministerio de Defensa ruso. El colombiano que entregó el documento también aseguró que son presionados para firmar documentos en un idioma que desconocen.
Es un acuerdo de incorporación a las Fuerzas Armadas de Rusia por un año, suscrito directamente con el Ministerio de Defensa de ese país. No se trata de un contrato laboral civil o de seguridad privada: el documento establece que el ciudadano extranjero asume las obligaciones de un militar ruso, entre ellas cumplir las normas del servicio, acatar órdenes y participar en acciones de combate durante la movilización, el estado de guerra, el tiempo de guerra o conflictos armados.
A cambio, el Ministerio de Defensa establece prestaciones para el militar, entre ellas atención médica gratuita, seguro personal obligatorio, alojamiento o compensación por vivienda y otras garantías sociales. El expediente incluye, además, una solicitud de ingreso fechada el 9 de junio de 2026, en la que el colombiano declara conocer que el servicio puede implicar tareas en la llamada “operación militar especial”. El documento, por tanto, muestra que el mecanismo de incorporación de extranjeros al Ejército ruso continúa activo en 2026 y que los contratos contemplan expresamente su eventual participación en combate.
A pesar de que este y anteriores documentos a los que hemos tenido acceso confirman el vínculo directo con el Estado ruso, la embajada de ese país en Colombia emitió un comunicado apenas el 30 de julio, en el que afirmó que, como dependencia del Ministerio de Exteriores ruso, “no realiza ningún tipo de gestión relacionada con la contratación de los ciudadanos extranjeros para prestar servicio militar a las Fuerzas Armadas de Rusia”. Anteriormente, habían respondido a El Espectador que esos asuntos son únicamente competencia del Ministerio de Defensa de Rusia. Contactamos con la embajada para este artículo, pero, al cierre de esta edición, no recibimos respuesta.
Regresando al contrato, a pesar de que promete asistencia médica, los relatos de los militares cuentan que, aún en condiciones de convalecencia, son obligados a ir al campo de batalla. William (otro soldado cuya identidad fue cambiada por seguridad), quien permanece hospitalizado en Tambov, a unos mil kilómetros de la frontera con Ucrania, tras sufrir múltiples fracturas en una pierna y una trombosis, asegura que los militares heridos están siendo sacados del hospital y enviados a un sanatorio durante aproximadamente un mes antes de regresar al frente. “Así sea que no podamos caminar, que estemos en muletas, nos sacan de acá, nos mandan al sanatorio. Ahí, recuperarse por un mes y de ahí mandarlos a combatir así sea como estén”, relató.
William viajó el 5 de mayo y lleva varias semanas convaleciente. Este martes, la última vez que pudimos hablar con él, explicó que en el hospital en el que está internado dieron la orden de sacarlos “sea como sea. No importa si no podemos caminar o si estamos en muletas. Ahí el sanatorio, recuperarse por un mes y de ahí mandarlos a combatir así estén como estén. No les importa cómo esté la persona”. El relato de William no es aislado. Javier, el colombiano que llegó a Rusia en febrero, también resultó herido durante su despliegue y permanece hospitalizado. Según contó, los médicos le informaron que sería enviado nuevamente al frente pese a que no puede mover los dedos de la mano izquierda. “Tengo temor de regresar otra vez allá porque al uno regresar allá es otra vez que es casi seguro que lo maten”, dijo.
A William le ofrecieron COP 14 millones mensuales, más casi 145 millones en comisiones según sus resultados en combate. Explica que, si bien inicialmente cumplieron con los pagos, para la fecha recibe apenas unos 1,7 millones, lo que, cuenta, no es suficiente para sostener a su familia en Colombia. “Eso se lo hago llegar a usted para que se dé cuenta de cómo es esta gente acá y cómo nos tratan. Para nosotros no hay oportunidad de vivir. La oportunidad de vivir es para los de aquí mismo, los rusos; para nosotros, los latinos, no hay oportunidad de vida”, narra William.
El Grupo de Trabajo de Naciones Unidas llegó a Colombia en marzo por invitación del entonces presidente Gustavo Petro. Ahora, con un nuevo gobierno, son sus sucesores quienes reciben las solicitudes de auxilio de estos colombianos. Para el Grupo de Trabajo, más de 600 familias colombianas buscan respuestas sobre familiares vinculados a este conflicto. Según William, “la mayoría de mis compañeros están muertos. No les dan ninguna explicación a sus familiares. Y a los que quedan heridos y son atendidos por los médicos de acá, que tienen como un trato con aquellos comandantes que están allá en el campo, ellos mismos se encargan de matarnos; ellos mismos se encargan de torturarnos. Y si uno no va al campo de batalla, ellos amenazan con matarnos”.
Cierra su relato desde la cama del hospital enviando un pedido de auxilio al presidente Abelardo de la Espriella: “Le diría a mi comandante en jefe, el presidente, que se ponga la mano en el corazón y me saque pronto de este país. Y que saque también a mis compañeros, que estamos sufriendo y padeciendo. Por favor, que se acuerde de sus colombianos que estamos acá, hospitalizados. Si quiere y puede, yo sé que él puede sacarme pronto de este país. Quiero volver a abrazar a mis hijos y a mi familia”.
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