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Olvídese de los políticos: ¿qué tan capacitado está usted para gobernar?


En lugar de recibir un mensaje para ser jurado de votación, piense que le llega una notificación que dice: “Usted ha sido seleccionado por sorteo cívico para regular la IA del país”. ¿Qué pasaría?

Camilo Gómez Forero

30 de mayo de 2026 - 06:00 p. m.
La gente siente que la democracia es algo que sucede lejos de ellos, administrado por una élite. Necesitamos entender que el voto es solo el piso, no el techo.
Foto: EFE - Carlos Ortega
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Imagínese que en lugar de recibir un mensaje para ser jurado de votación este domingo 31 de mayo a usted le llegó una notificación mucho más importante: “Usted ha sido seleccionado por sorteo cívico para codiseñar la política de inteligencia artificial del país”. Es decir, en sus manos, y en las de otros ciudadanos que recibieron el mismo mensaje de manera aleatoria, recaerá la dispendiosa tarea de regular la IA en Colombia, no solo en los políticos tradicionales, como estamos acostumbrados.


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Esta es la propuesta de entidades como el Fondo de Innovación de Finlandia (Sitra), una institución muy respetada que depende directamente del Parlamento finlandés y estudia cómo transformar la sociedad en algo más sostenible. Su tesis es que es imposible construir un futuro si el sistema donde se toman las decisiones —la democracia— está roto, bloqueado o polarizado. Por eso lo ha estudiado durante décadas.


La propuesta de entrada ataca dos problemas: la desinformación de la ciudadanía y la desconexión que les sigue a unas votaciones. Este domingo, millones de colombianos y de colombianas van a las urnas a votar por la nueva cabeza del gobierno, en muchos casos con poca información real sobre los programas y llenos de prejuicios sobre los candidatos.


“Yo no voy a votar por Paloma Valencia porque su vicepresidente es gay”, señaló una ciudadana. “Yo no votaré por ella porque es mujer”, respondió otra.


Este es un gran problema, pero lo peor viene luego: la desconexión. Luego de votar, millones de ciudadanos se desconectarán de la realidad política, creyendo erróneamente que solo con el voto es suficiente para que el sistema democrático esté bien. Sitra se fijó en esto.


Hannu-Pekka Ikäheimo, director de asuntos de Democracia y Participación en Sitra, habló con El Espectador sobre esto. El experto explica que lo que estamos viendo a nivel global es una profunda crisis de conexión. La gente siente que la democracia es algo que sucede lejos de ellos, administrado por una élite. Necesitamos entender que el voto es solo el piso, no el techo.

“Espero que la gente no se quede con la sensación de que la democracia termina por cuatro años después de las elecciones. (Espero) que participen en todo tipo de actividades donde puedan opinar y también aumentar su propia capacidad de participación”, señala.


Por un lado, que los mismos ciudadanos estén siendo los responsables de diseñar la regulación de la IA en el país implica que tengamos una ciudadanía más informada. ¿Qué pasa si se cita a alguien que no tiene la más mínima idea del tema? Como alguien que se dedica a ordeñar vacas, por ejemplo. Bueno, es la primera gran hipótesis de Sitra: todos podemos aportar tanto a las políticas como los más grandes expertos en el área.


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Ikäheimo señala que cuando se utiliza el sorteo cívico, no se buscan expertos técnicos: se busca experiencia humana y juicios de valor. Es posible que un campesino no sepa cómo programar un algoritmo de IA, pero comprende qué le pasa a su tierra, a su trabajo y a su comunidad. Involucrar a estas personas comunes implica brindarles conocimiento independiente y un espacio para aprender. Lo que han demostrado científicamente es que cuando a un ciudadano promedio se le da información neutral y confiable, su capacidad para comprender temas complejos se dispara y sus prejuicios personales comienzan a disolverse.


Además, una vez que la notificación llega a los ciudadanos seleccionados por sorteo, estos no entran a votar a ciegas ni a legislar de forma directa. Primero pasan por una fase de inmersión profunda donde reciben información técnica y balanceada de un panel de expertos independientes con diversas posturas sobre el tema en cuestión.


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“Hemos visto en Finlandia que, para aquellas personas que participan en cualquier tipo de actividad por primera vez, su barrera para formar parte de otra modalidad disminuye. Realmente confío en estas innovaciones democráticas, porque hemos visto que las personas que participan en asambleas ciudadanas u otras vías se quedan con la sensación de: ‘Yo puedo hacer esto. No soy peor que los demás que participan’. Quizá lo hagan de nuevo”, dice.

A la vez, la desconexión se reduce con la ciudadanía participando directamente en la toma de decisiones. Si solo le pides a la gente que participe una vez cada cuatro años, estás construyendo una sociedad pasiva. Pero cuando los ciudadanos entran a una sala de deliberación, algo cambia en su mentalidad. Se dan cuenta de que su voz realmente importa a mitad de periodo, infiere Ikäheimo.


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Tras jornadas de deliberación y debate cara a cara, el grupo emite una declaración ciudadana con recomendaciones de política pública. Al ser un proceso consultivo, su peso no radica en una imposición jurídica, sino en una inmensa legitimidad social. Es un insumo limpio de dinámicas electorales que amplía el alcance de los gobernantes y les proporciona un termómetro exacto de lo que su electorado realmente piensa cuando cuenta con el tiempo y los datos correctos para decidir.


Los hallazgos del centro también indican que es mucho más probable que ciudadanos comunes se pongan de acuerdo sobre temas complejos que los partidos políticos tradicionales. Por supuesto, hay críticas y reparos a la propuesta. Los primeros son los políticos tradicionales, quienes consideran que su legitimidad, dictada por el voto del pueblo, está siendo cuestionada. “Siempre hemos tratado de enfatizar el punto de que los paneles de ciudadanos suelen ser consultivos. Por lo tanto, no te están quitando el poder, solo están ampliando el alcance del cual, además, obtienes muy buena información. Y también, esta es una forma de generar confianza y comprender mejor lo que realmente piensan los electores. Hemos experimentado que los políticos en realidad se sorprenden bastante cuando ven a la gente trabajando en estos paneles de ciudadanos, al ver que no están gritando ni teniendo posturas realmente extremas sobre las cosas al debatir”.


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Aunque suena a utopía nórdica, Bogotá no es ajena a este diseño: entre 2020 y 2021, el IDPAC implementó en Usaquén la primera Asamblea Ciudadana de la región elegida por sorteo aleatorio para decidir sobre presupuestos locales. Sin embargo, la experiencia bogotana también desnudó nuestro mayor límite: a diferencia de Finlandia, donde estos procesos están blindados institucionalmente, en Colombia la iniciativa dependió de la voluntad política del gobierno de turno y quedó congelada como un valioso experimento aislado.


Colombia todavía está lejos de darle el verdadero protagonismo a la gente en la democracia. Por eso, el mensaje de Hannu para el país que define su rumbo este domingo en las urnas tiene un baño de realidad y pragmatismo.


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“Incluso si eres escéptico, creo que sigue siendo muy importante votar. Para hacerte escuchar... Como vimos en Hungría, donde la democracia ya estaba casi muriendo, la gente todavía tiene el poder de darle la vuelta en las elecciones. Si confías en que las elecciones todavía funcionan más o menos, ve y vota. Porque eso te da, al menos, algún tipo de voz en el proceso”.

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