Durante siglos de su larga historia y hasta la formación de la URSS, Osetia nunca hizo parte de Georgia. Más aún, las etnias que poblaban el territorio de Georgia y Osetia y estaban en disputas periódicas buscaron protección y paz en la Rusia zarista. A finales del siglo XVIII, Osetia y luego Georgia formaron parte de Rusia por su propia voluntad.
En 1922 Georgia se unió a la URSS y la parte sur de Osetia se le agregó con carácter de república autónoma y por orden expresa de José Stalin, en aquel entonces Comisario de Nacionalidades.
Después de 1991, tras la desintegración de la URSS, Georgia se negó a heredar las responsabilidades de aquel Estado, pero sí quedó con la pretensión territorial sobre Osetia del Sur.
Con tales fines, Tbilisi resolvió abolir la autonomía de Osetia del Sur, hecho que condujo a enfrentamientos armados y derramamiento de sangre.
Para restablecer la paz en la región, en 1992 se firmó entre Georgia y Osetia del Sur el Convenio de Dagomis, aprobado por la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Según el mandato establecido por los jefes de Estado de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) se crearon las Fuerzas Colectivas de Mantenimiento de la Paz (FCMP) constituidas por estamentos militares de Rusia, Georgia y Osetia del Sur.
A lo largo de los años 90 y después de 2000, Rusia desempeñó el papel principal en la tarea de impedir nuevas confrontaciones entre los georgianos y surosetos. Moscú se pronunciaba por la preservación de la integridad territorial de Georgia siempre y cuando el tema del estatus de la Osetia del Sur se definiera por la vía pacífica.
Desde 2003, el Gobierno georgiano de M. Saakashvili empezó la política de reintegración forzosa del país, sometiendo a Adzharia y aplastando a los separatismos en Abjasia y Osetia del Sur. Sus políticas de coerción se acompañaban de un crecimiento récord del presupuesto militar del país, aumentado 30 veces tan sólo en los dos últimos años (2006-2008). En poco tiempo Georgia se convirtió en el país con el presupuesto más militarizado del mundo. Estados Unidos dirigió y asesoró la reforma, el adiestramiento del ejército georgiano y su modernización.
En julio del año en curso los norteamericanos y los georgianos realizaron maniobras militares conjuntas en la región. Tbilisi y Washington apoyan el ingreso de Georgia a la OTAN, pero en la última cumbre de la Organización en Bucarest (pasado mes de abril), el tema del ingreso se puso en tela de juicio por problemas territoriales irresueltos del país.
El 8 de agosto de 2008, en flagrante violación de las aseveraciones hechas antes por M. Saakashvili sobre su intención de resolver el problema de Osetia del Sur por medios pacíficos, las tropas georgianas emprendieron un ataque sobre la capital oseta Tsjinvali y sobre el contingente de mantenimiento de la paz. Producto del bombardeo indiscriminado murieron 2.000 ciudadanos pacíficos de Osetia del Sur y 15 cascos de paz rusos. Las tropas invasoras de Georgia, al ocupar la ciudad, perpetraron actos masivos de asesinato y vejación. Diez poblaciones campesinas fueron borradas de la faz de la tierra. La capital Tsjinvali quedó demolida.
El ataque practicado por Georgia constituyó, según el Derecho Internacional, un acto de agresión contra la Federación de Rusia. En cumplimiento de su legítimo derecho de autodefensa y con fines de proteger a sus ciudadanos, la parte Rusa se vio obligada a contraatacar. Durante cuatro días Georgia continuó los bombardeos de Osetia del Sur, recibiendo apoyo logístico norteamericano, nuevas armas y pertrechos, así como la ayuda de 800 militares georgianos con experiencia de combate trasladados de Irak.
Las demandas de Rusia sobre el cese del fuego contra Osetia del Sur, la retirada de las tropas a la línea establecida por el Convenio de 1992 y la firma por Georgia del compromiso de no uso de fuerza han sido ignoradas. Sólo hasta el 12 de agosto se logró estabilizar parcialmente la situación.
En la Federación de Rusia crece la demanda de que las instancias internacionales competentes reconozcan el genocidio perpetrado contra el pueblo oseto y condenen a los dirigentes de Georgia culpables de éste.
La opinión pública a menudo ni se entera de las proporciones de asesinatos, destrucciones y otros actos de barbarie que produjo la invasión de Georgia. Incluso hay intentos de culpar a Rusia por la tragedia ocurrida.
Ante la catástrofe humanitaria que sufre el pueblo oseto, la comunidad internacional debería buscar una solución al problema de Osetia del Sur.
Encargado de negocios a.i. de Rusia en Colombia.