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Días antes de que la crisis sanitaria se instalara en Europa, los miles de migrantes represados entre Turquía y Grecia tenían la atención de los organismos internacionales y de los gobiernos de todo el mundo. Sin embargo, ahora no solo quedaron en el olvido, sino que su situación empeoró debido a las medidas de los gobiernos para protegerse del cronavirus.
Hoy mismo, el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, dijo que los migrantes se han retirado de la frontera con Turquía, debido, según otras fuentes, al miedo a contagiarse. "Aparentemente, el campo improvisado creado después del 1 de marzo se ha desmantelado y la gente que estaba en la frontera de Evros se ha ido", dijo el mandatario en una reunión del ejecutivo vía teleconferencia.
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El ministro del Interior turco, Suleyman Soylu, dijo por su parte que hay todavía 4.600 migrantes esperando en la frontera de Kastanies, conocida como Pazarkule en Turquía. El jueves por la noche, los solicitantes de asilo fueron evacuados en buses a otros lugares donde permanecerán en cuarentena durante dos semanas para asegurarse de que no han sido contagiados con el coronavirus, informó la agencia turca de noticias DHA.
Las autoridades turcas desmantelaron el campo improvisado de Pazarkule después de que se fueron los migrantes, informó DHA, que aseguró que la evacuación se realizó a "pedido de los migrantes".
Además, Mitsotakis dijo el viernes que estos cambios no alterarán los planes de Grecia de reforzar la valla fronteriza. "Podemos haber concluido un capítulo, pero sin duda esta batalla sigue", dijo el primer ministro a su gabinete, según su oficina, por lo que se necesita "reforzar la valla y reorganizar las fuerzas sin contemplaciones".
Decenas de miles de migrantes trataron de llegar, a menudo por la fuerza y pese a la represión de las fuerzas de seguridad griegas, a Europa, después de que las autoridades de Ankara anunciaran a finales de febrero que no impedirían a la gente intentar el cruce.
Cientos de solicitantes de asilo llegaron a las cinco islas griegas cercanas a Turquía donde ya esperan 36.000 migrantes y refugiados en campos hacinados y en condiciones infrahumanas, según diferentes organizaciones de derechos humanos.
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Los testimonios de los solicitantes de asilo son estremecedores y reflejan las pocas opciones que tienen en este momento.“Vivíamos en Ünye, una localidad de la costa del mar Negro a 1.000 kilómetros de Pazarkule, y nos fuimos a la frontera. Pero después de 25 días allí, se nos terminó el poco dinero que teníamos. Nos ayudaron a regresar a Ünye unos chicos que nos dieron un abrigo y el billete de autobús. Pero aquí ya no tenemos casa ni amigos ni familia. Hemos pasado una noche en la calle y luego un señor nos dejó pasar unos días en una sala de la mezquita”, cuenta por teléfono: “¿Por qué fuimos a la frontera? Porque iba todo el mundo y decían que estaba abierta, pero no lo estaba. Ahora nos hemos quedado en la miseria", afirma Ali, un refugiado afgano.