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Rusia y EE. UU. se mueven centímetros: qué hay detrás de visita del jefe de la CIA a Moscú

En una guerra que parece atrapada en un punto muerto, Rusia y Estados Unidos comienzan a moverse centímetros alrededor del conflicto: Moscú tantea los límites de la OTAN y Washington busca evitar una escalada sin proyectar debilidad.

Hugo Santiago Caro

31 de agosto de 2026 - 06:00 p. m.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (derecha), junto al director de la CIA, John Ratcliffe (izquierda).
Foto: EFE - WHITE HOUSE PRESS OFFICE HANDOUT
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Más de cuatro años después, y en medio del hermetismo que rodea algunas de las decisiones sobre la guerra en Ucrania, Rusia y Estados Unidos se mueven centímetros en su estrategia, mientras toda la alianza de la OTAN observa con atención un conflicto que hace mucho tiempo parece encerrado en un cuello de botella. Todo emergió con la visita de John Ratcliffe, director de la CIA, a Moscú, para una reunión de casi diez horas con Sergei Naryshkin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR), y Alexander Bortnikov, director del Servicio Federal de Seguridad (FSB).

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Y es que, aunque Donald Trump lo presente como una reunión de rutina, una reunión de “standard business”, como la llamó, lo cierto es que los medios estadounidenses han dejado ver detalles que apuntan a posibles movimientos rusos en otros frentes para desgastar a la alianza. Según The Wall Street Journal, la inteligencia estadounidense había detectado indicios de que Putin podría intentar “poner a prueba” el compromiso de la OTAN mediante una acción limitada, posiblemente en un país báltico. No se trataría de una invasión convencional de Europa, sino, potencialmente, de una acción mucho más pequeña: una incursión, una operación híbrida, un sabotaje o una provocación calculada.

Vale la pena recordar que aún no se terminan de resolver episodios aislados en diferentes aeropuertos de Europa que, si bien no se han comprobado, sí son investigados ante una posible responsabilidad rusa. En septiembre de 2025, varios vuelos fueron suspendidos durante horas por avistamientos de drones en los aeropuertos de Copenhague y Oslo, mientras que en Alemania se registraron episodios similares en Múnich. En mayo de 2026, una nueva alerta por un supuesto dron obligó a cerrar temporalmente el aeropuerto de esa ciudad y desvió más de 20 vuelos. Más recientemente, el 4 de agosto de 2026, un dron cargado con explosivos fue encontrado cerca de un avión de carga ucraniano en el aeropuerto de Leipzig, un caso que las autoridades alemanas investigan como un posible ataque híbrido y cuya autoría Berlín todavía no ha atribuido oficialmente, aunque medios alemanes han reportado que las investigaciones apuntan a una posible participación rusa.

Para Vladimir Rouvinski, analista y docente de la Universidad ICESI de Cali, claramente las señales hablan de la preparación, por parte del Kremlin, de una posible demostración de poderío, como la concentración de armamento y una eventual movilización de tropas, pero aún no hay suficiente evidencia para concluir que se prepara una gran ofensiva. “Lo que está buscando el Gobierno de Rusia en este momento es poder, por lo menos, mostrarle al público ruso que Rusia puede responder a los ataques que continúan por parte de Ucrania, porque hay una creciente percepción que no le conviene: que Ucrania vaya, no necesariamente ganando la guerra, pero sí estando igualmente poderosa en términos de poder hacer esta guerra asimétrica contra Rusia”, afirma.

Ante todos los rumores, un funcionario de la OTAN afirmó a la agencia Reuters que no ven todavía una amenaza inminente por parte de Rusia, aunque la alarma ya está encendida. “Como siempre, la OTAN permanece vigilante y alerta ante las diversas amenazas a las que nos enfrentamos. En este momento, no vemos ninguna amenaza inminente de ataque. Seguimos apoyando a Ucrania. Y la OTAN continúa trabajando sin descanso para mantener a salvo a nuestros mil millones de habitantes”, afirmó el funcionario citado. En esa línea, Rouvinski plantea que el salto a un ataque contra la alianza sería mucho mayor y que no hay que asumir que Putin quiera una confrontación directa en este momento.

Según el analista, una de las principales señales de una posible ofensiva rusa de mayor escala en Ucrania sería la concentración creciente de armamento y tropas, acompañada de campañas de reclutamiento más amplias. A su juicio, este tipo de preparativos coincide con la forma en que Rusia ha adelantado otras ofensivas: con grandes volúmenes de tropas y con un margen de bajas importante en el proceso. En cuanto a un eventual enfrentamiento con el resto de Europa, considera que es clave observar la evolución de las narrativas oficiales del Kremlin, especialmente si aumentan los discursos destinados a justificar una ampliación del conflicto. Advierte también que cualquier evaluación debe hacerse a la luz de las respuestas de los países europeos, que han reforzado su atención y preparación frente a posibles riesgos de seguridad.

¿Y qué pasa con Ratcliffe?

Según Axios, Ratcliffe habría llevado a Moscú otra propuesta: reactivar las negociaciones y eventualmente organizar una cumbre Trump-Putin-Zelenski. Según dos fuentes familiarizadas con las conversaciones, esa habría sido una parte importante de su misión. Sin embargo, el WSJ también menciona que durante la conversación estuvo sobre la mesa la posibilidad de un ataque en los países bálticos, pero lo único que se puede concluir con base en estas filtraciones es que hubo negociaciones.

Para Alejandro Bohórquez-Keeney, analista y docente de la Universidad del Externado, la jugada de Washington puede leerse como un intento de negociar y contener al Kremlin, pues una falta de respuesta frente a una eventual provocación rusa podría proyectar una imagen de debilidad que Trump busca evitar. A la larga, la única certeza es que tanto Estados Unidos como Rusia buscan demostrar que se siguen moviendo y luchando por la percepción pública. En el frente de batalla, tanto Ucrania como Rusia siguen con ataques de drones y movimientos de tropas, pero ya se ha convertido en una dinámica que difícilmente logre destrabar este conflicto, por lo que es apenas lógico que busquen otros frentes que consigan cambiar el equilibrio de fuerzas, aumentar la presión sobre el adversario y mejorar su posición de cara a una eventual negociación.

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Por Hugo Santiago Caro

Periodista de la sección Mundo de El Espectador. Actualmente cubre temas internacionales, con especial atención a derechos humanos, migración y política exterior.@HugoCaroJhcaro@elespectador.com
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