El presidente estadounidense, Donald Trump, muestra un patrón de comportamiento claro en la política internacional: incluso los líderes que critica ya no se sorprenden por sus declaraciones. Trump, que mucho antes de llegar a la Casa Blanca, fue figura pública e incluso tuvo su propio “reality show”, sabe cómo mantener a la audiencia enganchada y entretenida, incluso durante su mandato.
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Esto ha sido patente en varias ocasiones, incluida la última cumbre de la OTAN, celebrada el 7 y 8 de julio en Turquía, cuando volvió a expresar su interés por adquirir Groenlandia como territorio estratégico para Estados Unidos. Se trata de una propuesta que reapareció en su segundo mandato y que se pensaba disipada tras recientes conversaciones entre Dinamarca y otros países. Sin embargo, el mandatario no solo reiteró su interés en la isla, sino que también cuestionó la soberanía danesa sobre Groenlandia, criticó el gasto militar de España y lamentó la falta de apoyo de algunos aliados en la confrontación con Irán.
Trump describió a Groenlandia como un asunto de gran relevancia para Estados Unidos, señalando que, aunque Washington ya mantiene una instalación militar en la isla, Dinamarca no le otorga la misma importancia. Según el mandatario, ese territorio es crucial para la defensa global y para la seguridad estadounidense, y su valor no favorecería a Dinamarca de la misma manera que a Estados Unidos.
En enero de este año, Trump intensificó su presión para que Estados Unidos asumiera el control de Groenlandia, lo que desató una tensión diplomática con Dinamarca. La primera ministra, Mette Frederiksen, respondió con firmeza al insistir en que la isla “no está en venta” y que su gobierno defendería su soberanía frente a cualquier intento de modificar su estatus.
Pese al tono confrontativo de las declaraciones públicas, las conversaciones privadas siguieron un camino distinto. Tras una reunión en Washington, ambas partes acordaron mantener el diálogo y buscar fórmulas para atender las preocupaciones de seguridad de Estados Unidos sin alterar la situación política del territorio. El ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, calificó el encuentro como “franco” y “positivo”, aunque reconoció que Washington no había renunciado a su interés por Groenlandia. Incluso muchos expertos han asegurado que esta es la estrategia de Trump: amenazar para luego negociar bajo sus términos.
“La palabra clave aquí es incertidumbre. No se sabe hasta qué punto Trump va a cumplir sus amenazas o si simplemente las utiliza como una técnica de negociación. Precisamente esa incertidumbre hace parte de su estrategia”, afirmó Alejandro Bohórquez-Keeny, docente de la Universidad Externado de Colombia.
El profesor explica que la estrategia de Trump se asemeja al llamado “juego de la gallina”, un concepto clásico de la teoría de juegos muy conocido en Estados Unidos. En este escenario, dos conductores avanzan de frente y pierde quien primero se aparta del camino. Según el académico, el mandatario utiliza esta lógica para llevar las negociaciones al límite, elevando la presión sobre sus interlocutores y obligándolos a decidir hasta dónde están dispuestos a resistir antes de ceder.
En la misma cumbre de Ankara, Trump volvió a arremeter contra España, un episodio que tampoco resulta novedoso. El mandatario estadounidense y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, mantienen profundas diferencias ideológicas y han protagonizado varios desencuentros públicos desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. En esta ocasión, el presidente fue especialmente tajante al referirse a España y llegó a calificarla como “una causa perdida”.
En la reunión de la OTAN celebrada en La Haya el año pasado, España fue el único socio que se apartó del consenso para elevar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB en 2035, una meta promovida por Washington. Desde entonces, Trump ha criticado de forma reiterada esa postura y ha amenazado con adoptar represalias comerciales, aunque en materia de intercambios con Estados Unidos las negociaciones corresponden a la Unión Europea, a través de la Comisión Europea.
A pesar de ello, la reacción del Gobierno español sugiere que este tipo de declaraciones ya forma parte de una dinámica conocida y que, por tanto, no amerita una respuesta confrontativa. Una fuente del Ejecutivo consultada por El Mundo aseguró que España mantiene una “magnífica relación” con Estados Unidos en los ámbitos social, cultural y económico, y recalcó que no existe intención de que ese vínculo cambie.
“Este tipo de amenazas se producen en relaciones muy asimétricas, como con Dinamarca por Groenlandia o con España. En cambio, con países como China no utiliza el mismo nivel de agresividad, y con socios que considera estratégicos, como India, tampoco adopta un tono tan confrontativo”, explicó Bohórquez-Keeny. Según el docente, Trump usa un tono desafiante para reforzar su imagen de líder fuerte ante su base electoral, mientras mantiene a otros gobiernos en la incertidumbre sobre si cumplirá sus amenazas, lo que los lleva a optar por negociar antes que escalar el conflicto.
Esta estrategia puede terminar teniendo un costo para Estados Unidos. Más allá de que Trump cumpla o no sus amenazas, el uso constante de la presión y la incertidumbre hace que otros gobiernos comiencen a anticipar ese comportamiento y busquen alternativas para reducir su dependencia de Washington. A largo plazo, advierte el profesor, esto puede erosionar la imagen de Estados Unidos como un socio predecible y confiable, un papel que durante décadas fue clave para su liderazgo internacional.
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