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Por su parte, el director general de la FAO, José Graziano da Silva, señaló “que el enfoque de Amartya Sen ha desplazado el debate sobre el hambre de la producción de alimentos al acceso a los mismos y de la caridad a un enfoque basado en los derechos, y ha transformado nuestra forma de combatir el hambre y la pobreza”.
En este escenario, varios países han sido reconocidos por su lucha en contra del hambre, entre ellos Armenia, Azerbayán, Chile, Brasil, Georgia, Gana, Guyana, Cuba, Venezuela y Nicaragua, debido a que cumplieron por adelantado una de las Metas del Milenio establecidas para 2015. Su gran logro fue reducir en 50% el número de personas con desnutrición. No obstante, algunos representantes de la FAO reiteraron que el reto de erradicar las desigualdades entre los grupos vulnerables y los grupos más poderosos debe continuar.
Nunca se ha producido tanto alimento como ahora y en la última década hubo una importante reducción del hambre, pero 870 millones de personas aún están desnutridas. Uno de los motivos es el desperdicio, ya que después de las cosechas 35% de los alimentos se pierden. Otro es la alta concentración de la propiedad sobre la tierra.
Los problemas subyacentes son subnutrición global, los mercados agrícolas, la seguridad alimentaria global, los altos precios de los alimentos y la necesidad de fomentar el crecimiento sostenible en la agricultura y el apoyo a los pequeños agricultores olvidados por la euforia de los agronegocios.
Los recursos presupuestados por la FAO con el objetivo de disminuir el hambre en el mundo son de aproximadamente US$30.000 millones para el período 2014-2015. Sin embargo, el nobel de Economía alternativo Manfred Max-Neef señala que en 2012 “seis bancos centrales de Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza aportaron US$180.000 millones a los mercados financieros para salvar a los bancos privados”.
Por otra parte, el GIP (Índice de Paz Mundial) divulgado recientemente indicó que el mundo actual es menos pacífico y que el presupuesto de defensa y seguridad internacional alcanzó la cifra de US$9,5 billones, a pesar de que, después de una década, las cifras muestran una baja en el presupuesto militar debido a la política de austeridad en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, el gasto militar global actual todavía supera el de los años de la Guerra Fría.
En este escenario de salvamiento de los bancos, grandes responsables por la especulación financiera y el incremento de la pobreza y la exclusión en el mundo y de una inversión sobredimensionada en las áreas de seguridad y defensa, ¿el hambre realmente importa?
Sería más productivo que, en términos de seguridad humana, parte de esos billones de dólares concedidos al área militar y utilizados para salvaguardar el sistema financiero fueran destinados a lograr la meta Hambre Cero en el Mundo.
En este contexto, en la última Conferencia Regional de la FAO, realizada en Chile, se ha propuesto una estrategia pragmática: fortalecer la cooperación Sur-Sur para lograr una mejor producción y distribución de alimentos.
Quizás esta estrategia pueda convertirse en un camino importante, ya que el hambre en el mundo no es un problema de producción de alimentos, sino un problema de voluntad política de los gobiernos y de las sociedades.