Fue un “triste accidente”. El vicepresidente del partido gubernamental en Turquía, AKP, explicó de esta forma los hechos ocurridos en territorio iraquí, en la zona fronteriza con su país, que dejaron alrededor de 40 muertos civiles: “se hará lo que sea necesario, dentro del marco de la ley, si se ha cometido un error”.
Hacia la medianoche del miércoles, aviones no tripulados del ejército turco abrieron fuego contra un grupo de personas que se desplazaba en territorio iraquí, con base en información que indicaba que quienes se movilizaban eran una célula perteneciente a la guerrilla del Partido de Trabajadores del Kurdistán, considerado terrorista por Ankara. Los hechos ocurrieron entre los montes Sinat-Haftanin, a poca distancia de la provincia turca de Sirnak.
La información en tierra confirmada posteriormente indicó que los hombres que murieron por el fuego no pertenecían a ningún grupo armado. Eran contrabandistas de tabaco que ejercían operación sobre la zona, eran civiles y no podían ser un objetivo militar.
El Ejército se excusó asegurando en un comunicado que el área en la que tuvo lugar el operativo era una “zona habitualmente utilizada por los terroristas” y donde “no hay presencia de civiles”. Sin embargo, ya era muy poco lo que se podía hacer para enmendar el error, cuando la única salida que ahora se ve posible para las familias de las víctimas es la de una indemnización por parte del Estado turco. Miles de kurdos salieron a las calles de Estambul a protestar por el operativo, lo que generó algunos choques entre las población y la Policía.
Las raíces del accidente datan desde 1978, el año en el que el PKK fue fundado con claras intenciones independentistas frente a Turquía y una clara ideología marxista-leninista. Su líder, Abdullah Ocalan, hoy preso en una cárcel turca, soñó con un estado que integrara a la población del Kurdistán asiático. Hasta hace dos, el conflicto ya dejaba alrededor de 40.000 muertos, con aproximaciones esporádicas entre la guerrilla y el gobierno de Ankara que nunca derivaron en un acuerdo sustancial, al tiempo que la gran mayoría de los cerca de 15 millones de kurdos que viven en Turquía se comenzaba a identificar con las reivindicaciones del PKK.
El conflicto le ha valido a Turquía tensiones con el gobierno iraquí, hoy en día encabezado por Yalal Talabani, un hombre de origen kurdo, a quien se le ha acusado de apoyo tácito a la guerrilla. El último episodio ocurrió a finales de octubre pasado, cuando insurgentes del PKK emboscaron ocho puestos de seguridad fronteriza en territorio turco y dieron muerte a 24 soldados. El primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, respondió con el envío de tropas a la frontera y la autorización para abrir fuego contra los rebeldes sin importar que se encontraran en suelo iraquí.