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Un turbio asunto de Estado en Francia

Eric Woerth, ministro de Trabajo, renunció como tesorero del partido de Nicolás Sarkozy.

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Antonio Jiménez Barca / Especial de El País, París
13 de julio de 2010 - 11:00 p. m.
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Esta es la historia de la extraña semana en que una contable francesa desconocida de mediana edad desestabilizó al Elíseo y monopolizó ella sola, tal vez sin quererlo, toda la agenda política de un país ya de por sí convulso actualmente. Empezó el martes a las 5:15 a.m., cuando un periodista de radio despertaba al consejero de Comunicación de Nicolás Sarkozy para preguntarle sobre las sorprendentes declaraciones de Claire Thibout en el periódico digital Mediapart .

Poco después, el secretario general del Elíseo, Claude Guéant, ponía al presidente de la República sobre aviso de la inesperada bomba con la mecha encendida que acababa de rodar hacia su pie: la ex contable de la mujer más rica de Francia, Liliane Bettencourt, aseguraba en el citado periódico digital que la Unión por un Movimiento Popular (UMP), el partido de Sarkozy, se había beneficiado de 150.000 euros de la millonaria para su campaña electoral de 2007. Aportaba detalles que daban credibilidad al testimonio.

La entrevista añadía que Sarkozy, cuando era alcalde de Neuilly, desde 1983 a 2000, había acudido, como otros políticos de la derecha, a casa de los Bettencourt, situada en esa localidad de las afueras de París, a comer con ellos y a recibir después, en una salita contigua, sobres de tamaño mediano, engordados con billetes. “Aquello era un desfile”, describía la contable, según Mediapart.

El periódico digital se bloqueó de la cantidad de visitas. La radio, la televisión, las webs de los periódicos, todo Francia, en suma, volvió los ojos hacia el relato de la contable. La historia constituía el último capítulo del caso Bettencourt, esto es, el inacabable, complicado y algo surrealista folletín compuesto de dinero, herencias, y odios familiares transformado, gracias a las grabaciones furtivas del mayordomo que llevaba la bandejita del café y los bombones, en un incontrolable asunto de Estado. El caso ha hundido aún más a Sarkozy en las encuestas.

Las grabaciones del mayordomo sacaron a la luz hace dos semanas algunos de los secretos que se cocían en una familia algo más que rica con una hija que no se habla con la madre y una madre anciana y sorda con una mezcla peligrosa: 87 años y 17.000 millones de euros. Las conversaciones robadas revelaron, por ejemplo, que Florence Woerth, la mujer del hasta entonces intachable ministro de Trabajo, Eric Woerth, trabajaba para Bettencourt, quien, a su vez, regentaba una isla entera en las Seychelles y dos cuentas en Suiza sin declarar en ninguna parte.

Así, cuando Francia aún no había digerido lo del mayordomo y se hacían apuestas sobre cuándo dimitiría Woerth, llegaba la contable de la casa y señalaba al mismo Woerth, en su calidad ahora de tesorero de la UMP, como la persona que recibió los 150.000 euros para la campaña presidencial de Sarkozy.

Woerth, con una sonrisita de escayola como único gesto, aseguraba a una cámara que todo era falso antes de entrar a una reunión de trabajo. El Elíseo se apresuró a desmentir toda la información, pero no sabía cómo contener la tormenta política que amenazaba con ahogarlo.

Por eso lo que sucedió el martes no sorprendió a nadie. A la salida del consejo de ministros, el muy cuestionado ministro de Trabajo de Francia, Eric Woerth, anunció que va a dimitir de su cargo de tesorero de la Unión para un Movimiento Popular (UMP), el partido de Sarkozy. Pese al escándalo, el presidente francés reiteró su apoyo a Woerth, su mano derecha y mejor amigo.

Por Antonio Jiménez Barca / Especial de El País, París

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