Es la primera gira de Vladimir Putin por Oriente Medio desde que se posesionó como presidente de Rusia en mayo pasado. Su primer destino es Israel, donde será recibido con los debidos honores, pero también es de esperarse que sea cuestionado por su apoyo militar al régimen sirio, que se alza como una amenaza para la estabilidad regional, y presionado para que apruebe nuevas sanciones al programa nuclear de Irán.
Putin, con una delegación de 300 personas repartidas en cuatro aviones, llegó hacia el mediodía de Israel al aeropuerto de Ben Gurion, cerca de Tel Aviv, donde fue recibido por el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, con quien se trasladaró a la ciudad costera de Netania para participar junto al presidente, Simon Peres, en la inauguración de un monumento en recuerdo de los soldados del Ejército Rojo. Luego se desplazará a Jerusalén, donde mantendrá un encuentro con el primer ministro, Benjamín Netanyahu, y otros miembros del gobierno israelí. La visita culminará con una cena de Estado ofrecida por Peres.
La visita de Putin a Israel es importante por ser este un país clave en la tensa geopolítica de la región. Rodeada por convulsos países árabes, la nación judía enfrenta un aislamiento regional y teme que la primavera árabe le llegue hasta la puerta. De hecho, con la reciente victoria de Mohamed Mursi, el candidato de los Hermanos Musulmanes en Egipto –país que toca las fronteras del sur de Israel-, ya los habitantes de la Franja de Gaza (gobernados por Hamás, un brazo de la hermandad musulmana) hicieron sentir su euforia islamista. Esto preocupa al gobierno de Netanyahu, pues los acuerdos de paz que había logrado con el Egipto de Hosni Mubarak podrán entrar en revisión. Israel busca una tregua con Hamás, donde no se incluya el fin del bloqueo económico y marítimo a la Franja de Gaza, pero sí se garantice la neutralización de los ataques de colectividades como la Yihad Islámica hacia sus enemigos judíos.
Israel también colinda con Siria en el nororiente. Y una victoria revolucionaria contra Al Assad podría convertirse en una seria amenaza para Tel Aviv –hay que recordar que una parte del norte de lo que hoy es Israel antes pertenecía a Siria y fue invadida por la fuerza-. Es previsible que el gobierno de Netanyahu pida a Putin que garantice que las bases rusas de cohetes no convencionales no caigan en manos de los rebeldes o de organizaciones terroristas que puedan atacar a Israel, y que cuestione su ayuda al régimen de Damasco. El Kremlin ha proporcionado helicópteros, misiles de crucero y otras armas a las fuerzas de Al Assad. Además, dicho armamento también ha llegado a Hezbolá, la milicia y fuerza política del Líbano –país que comparte la frontera noroccidental con Israel y con el que ya estuvo en guerra en 2006-.
Irán es el más fuerte contradictor de Israel en la región. Desde que estalló el escándalo por los supuestos fines militares del país persa, no dejan de ir y venir amenazas entre Netanyahu, quien dice que buscará mediante ataques preventivos neutralizar los alcances de las plantas nucleares iraníes, y Mahmúd Ahmadineyad, el presidente de los persas que asegura que defenderá su soberanía con mano de hierro. Rusia, que mantiene una amistad histórica con los judíos –por su impulso a la caída del nazismo y por los miles de judíos rusos que viven en Israel-, también se ha negado, junto a China, a participar en la ronda de sanciones contra el programa de enriquecimiento de uranio de Irán. De hecho, Putin le vendió a su aliado regional un reactor vital para el enriquecimiento de uranio, el de Bushehr, situado cerca del golfo Pérsico. Irán, además, es un corredor a través del cual Rusia envía armamento a Siria.
Además de intentar aplacar las tensiones regionales, también se pondrán en consideración negociaciones importantes entre Rusia e Israel. Putin se ha mostrado interesado en fabricar en suelo ruso los aviones no tripulados (drones) israelíes. También se prevé que Israel ofrezca a Rusia el gas natural de un importante yacimiento descubierto en 2011 en el Mediterráneo, con el que Israel espera ser autosuficiente en el futuro.