15 Apr 2016 - 4:14 a. m.

Vuelven los indignados a Europa

Las protestas del movimiento #NuitDebout (noche de pie) se extienden a más de cuarenta plazas en Francia, Bélgica y Alemania. Las reivindicaciones van en aumento.

Ricardo Abdahllah

Es domingo y en la Plaza de la República de París estamos a 41 de marzo. Para subrayar que el movimiento de #NuitDebout, que se ha extendido a cuarenta ciudades de Europa, está abierto a todas las posibilidades, las personas que desde hace casi dos semanas ocupan la plaza han decidido —también— cambiar el calendario.

La ocupación empezó el 31, luego de una nueva manifestación contra el proyecto de ley presentado por la ministra de Trabajo francesa, Myriam El-Kohmri, que busca facilitar los despidos y reemplazar los acuerdos sindicales por “referendos internos a la empresa”.

“Nunca tendremos cómo agradecer a François Hollande, Manuel Valls y Myriam El-Kohmri la oportunidad que nos dieron de hacer converger todas nuestras luchas”, dijo en el primer discurso de esa tarde el economista Frédéric Lordon.

Si personajes como Lordon, la militante feminista Caroline de Hass, que reunió millones de firmas contra la ley, y Rémy Buisine, que con sus transmisiones desde République en vivo le dio a la aplicación Periscope las credenciales de herramienta política, se han convertido en figuras visibles de la Nuit Debout, el movimiento debe en buena parte su fuerza y sus particularidades a François Ruffin, el director del documental Merci Patron!, que en la primera de las “Noches de pie” fue proyectado en la plaza en pantalla gigante frente a centenares de espectadores.

“Si la reforma al código del trabajo propuesta por El-Kohmri convenció a toda esta gente de venir a la plaza, fue la película la que los convenció de quedarse”, decía horas más tarde Amandine, una actriz de teatro. La “Noche en pie” había comenzado.

Al frente del diario Fakir, publicado en la ciudad norteña de Amiens, Ruffin lleva años luchando contra las empresas que trasladan sus fábricas a los países más pobres —y con más bajos sueldos— de la Unión Europea. Uno de los símbolos notorios de esa práctica de dumping salarial es Bernard Arnault, dueño del imperio de productos de lujo más grande del mundo (que incluye a marcas como Christian Dior y Louis Vuitton), al que Ruffin intentó confrontar en varias ocasiones para preguntarle por qué los 30 euros de mano de obra que cuesta un traje vendido a 4.000 euros le parecían demasiado, llevándolo a cerrar sus fábricas en Francia para producir en Bulgaria. Del rechazo de Arnault a colaborar nació Merci Patron!, cinta en la que Ruffin y su equipo se dedicaron a filmar, sin caer en el panfleto ni en el melodrama, la pintoresca lucha de Serge y Jocelyne Klur por no perder su casa luego del cierre de la fábrica en la que trabajaban para Arnault.

“Pusimos todos nuestros recursos en ese documental”, dice Xavier, uno de los camarógrafos de la cinta mientras reparte afiches en una de las manifestaciones. “Sabíamos que iba a funcionar”.

—¿Así de bien?

Xavier sonríe. No, no tanto. Doscientos cincuenta mil espectadores para un documental militante de bajo presupuesto, reunido gracias a los suscriptores de Fakir. Centenares de funciones gratis en salones comunales y reuniones sindicales, y sobre todo el hecho de que la victoria de los Klur contra el multimillonario Arnault resultaba tan inspiradora que los espectadores se quedaban debatiendo cuál podía ser el siguiente paso para que esa victoria simbólica no fuera la única y en las manifestaciones contra el proyecto de ley las personas corearan el tema musical de la película, una vieja canción de Los Charlots en la que irónicamente los empleados agradecen al que les da trabajo y se lamentan de toda la plata que le hacen perder cuando debe pagarles a fin de mes.

Fue a partir de esos debates que la compañía de teatro Jolie Môme, que participó en la cinta, creó el slogan #OnNeRentrePasChezNous (no nos vamos a la casa) que se transformó en Nuit Debout (noche de pie).

“Propongo que discutamos las acciones que tomaremos contra la Société Générale”, dice un veinteañero que toma el micrófono en medio de la asamblea general a las seis de la tarde del jueves. Tres mil personas lo escuchan cuando explica las actividades de ese banco reveladas por los Papeles de Panamá. Otro de los oradores propone escribir #NuitDebout en cada billete para continuar convocando a los parisinos a venir a la Plaza de la República, en la que sesionan comisiones abiertas en torno a temas como el feminismo, las energías alternativas y la producción agrícola a pequeña escala. El ambiente de carnaval ha terminado por atraer incluso vendedores de comida rápida que toman el relevo cuando se han terminado las provisiones de la “cantina” en la que los voluntarios preparan durante toda la tarde sopas y sánduches que cada quien paga al precio que quiera.

“Muchas personas que tienen inquietudes políticas no pueden estar presentes en las marchas durante el día, pero apenas terminan en la oficina se vienen para acá”, dice Michel, empleado en una empresa de trabajo temporal. Como también hay familias, se han acondicionado áreas de juegos para niños y una biblioteca abierta en la que cada quien puede tomar y traer los libros que quiera. Con su estrategia de ocupación del espacio público, sus críticas a la finanza internacional, su estructura horizontal basada en el consenso y su vocación de transformarse en un movimiento (¿a?)político de largo aliento, no niega haberse inspirado en estos movimientos, inspirados a su vez en el manifiesto Indignez-vous de Stéphane Hessel. ¿Mayo del 68? “Es algo que se evoca en las asambleas. Por un lado hay que evitar caer en la idealización; por otro, si estamos aquí es porque tenemos la impresión de que se trata de un momento histórico”, dice Aluna, una latinoamericana estudiante de filosofía.

“Aunque sí es cierto que tal vez desde mayo del 68 no se habían bloqueado con barricadas las avenidas del Barrio Latino”, opina Philippe un profesor universitario.

Las barricadas se montaron en la noche del 5 al 6 del abril, es decir, del 36 al 37 de marzo, cuando decenas de estudiantes marcharon hasta la comisaría donde estaban retenidos varios de sus compañeros arrestados durante las manifestaciones. “Cuando llegó el rumor se hizo el anuncio en la asamblea general y se decidió que iría una comisión a buscarlos”, dice Thibault, uno de los estudiantes presentes. “La policía fue muy agresiva, pero en la madrugada terminaron por liberarlos”. En el segundo sábado, una invitación a “ir a visitar la casa de Manuel Valls” generó otra manifestación salvaje, que estaría detrás de la más reciente evacuación de la plaza, en la madrugada del pasado lunes.

Treinta y ocho de marzo, ocho de la noche. Hacia el final de la asamblea general del día se anuncia que un grupo de refugiados que viven debajo del metro elevado están siendo expulsados por la policía. Cinco minutos después, cuatrocientas personas marchan por las calles paralelas al canal de San Martín. La intervención policial es anulada y la marcha se convierte en una reunión con los refugiados para discutir sus problemas y en una nueva asamblea permanente. En las horas que siguen, las calles de los alrededores se llenan de jóvenes recogiendo paneles de madera, muebles abandonados y coberturas plásticas para acondicionar el campamento. A Idi, un somalí, se le hace un nudo en la garganta cuando toma la palabra en inglés con un megáfono. “Es muy emocionante ver esto. Nadie se había preocupado porque teníamos frío”.

Alrededor del 33 de marzo el movimiento ya se había replicado en Lyon y Toulose, para el 35 Nantes y Estrasburgo tenían sus versiones de la #NuitDebout (la noche de pie, a pesar de que para aguantar hay que sentarse). El 36 se unió Bruselas y llegaron desde España miembros de Podemos y antiguos militantes de los Indignados. El 37 había al menos cuatro americanos que habían estado en Occupy Wall Street. En la Nuit Debout del 40 de marzo (sábado 9 de abril), después de una nueva manifestación contra la ley de trabajo, se anuncia que esa noche son cuarenta las plazas ocupadas en Europa, desde Barcelona hasta Berlín. Bruselas se unió hace una semana.

“En todas las ciudades evitamos la confrontación cuando nos evacúan”, dice Manu, uno de los miembros del comité de seguridad. “Recargamos fuerzas y en la tarde volvemos a montarlo todo”.

Seis de la mañana, decenas de manifestantes se han refugiado en las carpas improvisadas de la República, otros continúan bailando en la plaza, por la que desde el final de la tarde no han dejado de pasar músicos de todos los géneros. Que el movimiento cuenta con resistir las evacuaciones parece confirmarlo el huerto recién instalado en medio de la plaza y el hecho de que entre los debates abiertos ya se incluyan dos sobre Colombia: uno el miércoles 44, en el que se hablará de la historia del conflicto, y otro sobre “las mujeres wayuus, el agua y las multinacionales”, en la noche del miércoles 45.

“Marzo termina cuando nosotros lo decidamos”, se lee en varias de las pancartas que a esta hora de la madrugada descansan sobre el suelo de la plaza.

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