20 Nov 2015 - 3:27 a. m.

¿Y Bashar al-Asad qué?

Tras los ataques terroristas en París, que llevaron a un incremento de los bombardeos contra los extremistas en Siria, el presidente de este país podría quedarse en el poder mucho más tiempo.

Redacción Internacional

Días antes de los ataques terroristas en París, que dejaron 129 muertos, la mayoría de países que asistían a la cumbre del G20 en Turquía para discutir sobre la crisis migratoria y la guerra en Siria —que ya ha cobrado la vida de cerca de 300.000 personas— tenían una cosa clara: la solución para la carnicería que vive el país hace casi cinco años era solo una: la salida del presidente, Bashar al-Asad del poder. Incluso, Rusia e Irán, sus principales aliados en la región, empezaban a dar su brazo a torcer y contemplaban un futuro para el país sin la presencia de su socio estratégico.

Pero el Estado Islámico —declarado enemigo del régimen de Al-Asad— parece haberlo beneficiado con los sangrientos atentados en Francia. La presión que la comunidad internacional iba a ejercer sobre el mandatario ahora se traslada solo hacia un frente: la lucha contra el terrorismo extremista del EI, que según Occidente no tendrá “piedad”.

Desde que comenzó la rebelión en contra de su gobierno en marzo de 2011 —cuando cientos de grupos reclamaban una democracia, libertad de expresión, respeto a los derechos humanos—, Al-Asad aseguró que esos colectivos no eran grupos opositores, sino terroristas. Amparado en esa acusación, su ejército lanzó sangrientos ataques contra la población civil, mató a miles de miembros de esos grupos opositores, que se unieron bajo el nombre de Ejército Libre de Siria (ELS). Al-Asad heredó de su padre, Hafez, la política de exterminio de opositores políticos.

Durante la guerra, el régimen de Al-Asad ha bombardeado a la población civil repetidamente, hospitales como el de Dar al Shifa de Alepo o el de Salma en 2012 incluidos; ha torturado y ejecutado a miles de opositores de forma extrajudicial, según Human Rights Watch. De acuerdo con Syrian Networks for Human Rights, el ejército del presidente es responsable del 96 % de las muertes violentas de civiles en la guerra.

Ante el caos sirio, al conflicto se sumaron más actores, entre ellos el Estado Islámico, que hoy controla buena parte del país. Algo que, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, fue aprovechado por Al-Asad para lograr respaldo internacional, que ante el escenario solo tendría dos opciones: mantenerlo en el poder o dejar que los terroristas se apoderen de Siria. Al-Asad, señalan expertos, creó el caos actual que favorece el crecimiento del Estado Islámico.

Después de los atentados en Francia, Estados Unidos y Rusia decidieron respaldar el papel de Rusia en el conflicto. Y algo es claro: habrá Bashar al-Asad para rato, a pesar de las matanzas, de los bombardeos, del uso de armas químicas contra la población. Las palabras del ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguei Lavrov, lo confirman: “Es inaceptable exigir la salida del presidente sirio Bashar al-Asad antes de unirse contra los terroristas (...)”. EE.UU. insistió en su posición inicial: “Solo si Al-Asad deja el poder, el mundo podrá unirse para luchar contra el Estado Islámico”, pero Rusia, que bombardea posiciones de los terroristas (además de los opositores, según denuncias del observatorio sirio) desde hace un mes, respondió que “los ataques a París han demostrado, además de la autoría de ISIS, que no importa si uno apoya o está en contra de Al-Asad; ISIS es su enemigo. Así que no se trata de Al-Asad”, dijo Lavrov.

El propio Bashar al-Asad pesca en río revuelto al asegurar que: “El EI no empezó en Siria, empezó en Irak y antes en Afganistán (...) No se puede obtener nada políticamente mientras tengamos terroristas en varias áreas de Siria”.

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