Coincidiendo con el primero de los tres días de luto nacional decretados por el Gobierno, los reyes de España visitaron este martes la zona de Andalucía en la que dos trenes chocaron el domingo, dejando al menos 41 fallecidos.
Vestidos de negro, Felipe VI y Letizia llegaron poco antes de las 12H00 GMT a la localidad de Adamuz para mostrar su apoyo a las familias de las víctimas y a los supervivientes.
Se dirigieron directamente al lugar donde aún se encuentran los restos de los dos trenes y donde continúan las labores de búsqueda de más cadáveres.
En un nuevo balance difundido a primera hora de la mañana, el gobierno regional andaluz informó que se había hallado un nuevo cadáver entre los restos de uno de los trenes, con lo que el saldo de fallecidos subió a 41.
“La cifra de muertos se ha elevado a 41, tras recuperarse anoche el cuerpo sin vida de una persona de uno de los vagones” del tren de la compañía Iryo, informó el gobierno andaluz sobre el siniestro ocurrido en Adamuz, provincia de Córdoba, en un balance que aún podría aumentar porque siguen en curso las tareas de búsqueda.
Además, “en los distintos hospitales andaluces continúan ingresadas 39 personas, 35 adultos y cuatro niños. En UCI permanecen 13 pacientes, todos adultos”, añadieron las autoridades.
“Lo que hay que hacer es cruzar los desaparecidos o las denuncias por desaparición con los fallecidos y ayer, al menos a última hora, la cifra era más o menos coincidente”, explicó en la radio Onda Cero.
Maquinaria pesada para el rescate
Los equipos de rescate que se encuentran en el lugar intentan, en particular, levantar los vagones de uno de los trenes, que cayeron en un terraplén desde una altura de 4 metros.
Para ello, llegaron varias grúas. En su comunicado, el gobierno andaluz explicó que se “han realizado labores de compactaciones del terreno” para afianzar las grúas.
El presidente de la región de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, había calculado el lunes por la noche que las autoridades necesitarían entre “24-48 horas” para determinar “a ciencia cierta” el número de víctimas del accidente.
El domingo a las 19H45 locales (18H45 GMT), los dos trenes de alta velocidad que circulaban por dos vías paralelas colisionaron, con cerca de 500 pasajeros a bordo en total.
Los últimos coches de un tren del operador privado Iryo, filial al 51% del grupo público italiano Ferrovie dello Stato (Trenitalia), descarrilaron cuando cubrían la ruta de Málaga a Madrid.
Los vagones acabaron sobre la vía de al lado justo cuando iba a pasar un tren de la compañía pública española Renfe, que iba en sentido contrario, desde la capital hacia Huelva, en el suroeste, y que acabó impactando contra ellos.
Los cuatro vagones del tren de Renfe, completamente salidos de los rieles, volcaron. Dos de ellos, incluso, parecen haber quedado aplastados por el impacto, según imágenes aéreas difundidas por la Guardia Civil española.
Varios cientos de metros más allá se veía el tren rojo Iryo, con la mayoría de sus coches aún sobre las vías y los dos últimos tumbados sobre un costado.
Un trozo faltante de vía, en el foco
Descartado inicialmente un exceso de velocidad de los dos trenes, que además chocaron en una recta, y un error humano, las explicaciones se buscan ahora en las vías y los trenes.
“El fallo humano está prácticamente descartado”, aseguró el lunes el presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, en la radio pública RNE.
En particular, una foto de la Guardia Civil en la que se puede ver a los agentes inspeccionando un raíl al que le falta un trozo ha centrado muchas de las especulaciones.
El ministro Puente dijo que era pronto para saber si la ausencia de ese trozo fue “causa o consecuencia” del accidente.
“Roturas de carril hay muchas cuando el tren descarrila (...) y hay una rotura inicial”, narró Puente a Onda Cero.
“La cuestión es determinar, y eso en este momento ningún técnico es capaz de asegurarlo ni de afirmarlo siquiera”, si “esa rotura es causa o es consecuencia y eso no es menor”, sentenció el ministro.
Puente insistió en calificar de “extraño” el siniestro, ocurrido en un tramo de vía recientemente renovado.
Santiago Salvador, un ciudadano portugués herido en el accidente, explicó a la televisión portuguesa RPT que la escena del siniestro era “un infierno”.
“Habia personas heridas muy graves, y mi herida era leve, así que salí por mi propio pie”, explicó, con el rostro lleno de arañazos. Es “un milagro estar vivo”, sentenció.
En julio de 2013, España ya sufrió una grave tragedia ferroviaria con el descarrilamiento de un tren poco antes de llegar a la ciudad gallega de Santiago de Compostela, que dejó 80 muertos.
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