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Torre de Tokio: novelas hermanas

Seis siglos antes de que se publicara el Quijote, en Japón se leía “La historia de Genji”, un relato de 400 personajes y cerca de mil páginas.

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Redacción Mundo y Gonzalo Robledo *
21 de junio de 2026 - 01:36 p. m.
Pintura de Murasaki Shikibu escribiendo La historia de Genji. Autor Mitsuoki Tosa (1617-1691)  / Dominio público
Pintura de Murasaki Shikibu escribiendo La historia de Genji. Autor Mitsuoki Tosa (1617-1691) / Dominio público
Foto: Dominio público
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A quienes crecimos de espaldas a las culturas orientales y creemos que la primera novela de la historia es El Quijote de Cervantes (publicada en 1605), nos sorprende escuchar que seis siglos antes en Japón se leía La historia de Genji, un relato de unas mil páginas y cuatrocientos personajes firmado por la noble cortesana Murasaki Shikibu.

El libro narra los amoríos de Genji, un apuesto príncipe cuyo catálogo sentimental incluye el adulterio, la traición, el incesto, el rapto, el despecho y el abandono.

Aunque la autora evita los juicios morales, el protagonista recibe altas dosis de infelicidad como compensación budista por sus desmanes. La historia avanza en episodios y muchos de los personajes no tienen nombre propio.

Está escrita en el idioma japonés del siglo XI y las sucesivas versiones, y sus traducciones a otros idiomas, son interpretaciones del texto original.

Una abogada amiga, la señora Akiko, me confesó que no había leído La historia de Genji completa hasta que cumplió los treinta años.

“Tiene demasiados enredos amorosos para ser leída con profundidad en la escuela”, me dijo cuando le comenté que muchos hispanohablantes leemos en clase el episodio del alucinado ataque contra los molinos del Quijote.

Como el Quijote con su: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”, La historia de Genji se inicia con una afirmación ambigua respecto a su localización: “En el reino de cierto emperador, cuyo nombre no conocemos, había una dama de la corte imperial que pese a no ser de noble cuna gozaba del favor real en toda su plenitud”.

Gabriel García Márquez recomendó el Quijote al entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, con el argumento de que “allí está todo”.

La recomendación más elocuente de La historia de Genji la hizo el economista y escritor japonés Taichi Sakaiya en su libro Doce hombres que formaron Japón, donde incluyó al príncipe ficticio junto a personajes históricos como gobernantes y empresarios.

La razón, explicó el que fuera asesor de economía del gobierno entre 1998 y 2000, es que la política japonesa se estaba llenando de personas “refinadas con cero habilidad”.

“Ha llegado el momento de que Japón se replantee qué es realmente el refinamiento”, concluyó Sakaiya tras advertir que a medida que avanza la globalización, perfiles como el de Genji se quedarían en el camino.

El economista convirtió a Genji en el personaje más incómodo de sus doce próceres para demostrar que la novela seguía teniendo algo que decirle a la política japonesa contemporánea.

El Quijote, seis siglos más joven, hace lo mismo en Occidente: cuenta lo que pasa cuando los ideales chocan con la realidad y cómo, casi siempre, gana la realidad.

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Por Gonzalo Robledo *

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