Una gobernante venezolana volvió a pisar suelo estadounidense este lunes. Lo hizo para asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas en una escena que no se veía desde hace siete años, cuando el entonces presidente venezolano, Nicolás Maduro, visitó por última vez Estados Unidos.
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Delcy Rodríguez llegó a Nueva York para participar en el encuentro anual de la ONU como representante del Gobierno venezolano. Su aterrizaje en territorio estadounidense antecede a una reunión prevista para este martes con el presidente Donald Trump, en un encuentro que podría marcar un nuevo capítulo en la relación entre Washington y Caracas, si bien la Casa Blanca dijo que será algo “informal”.
El Gobierno venezolano confirmó que Rodríguez participará en la 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas, donde, según señaló, la delegación del país llevará una agenda centrada en el respeto, la cooperación y el diálogo. Rodríguez sostuvo que Venezuela acudirá al encuentro con una apuesta por la paz y la búsqueda de acuerdos comunes.
Para Txomin Las Heras, investigador adscrito al Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario y presidente de la Asociación Diálogo Ciudadano Colombo Venezolano, el encuentro es relevante porque, aunque no constituye una visita oficial de Delcy Rodríguez a Estados Unidos, su reunión con Donald Trump, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, supone un gesto de reconocimiento y contribuye a otorgar legitimidad internacional a su Gobierno.
“El encuentro, a mi juicio, de alguna manera asegura todos los acuerdos que hasta el momento se han firmado entre ambos países, especialmente en el área petrolera, que es donde Estados Unidos ha puesto mayor interés. De alguna manera, este encuentro también les da legitimidad a esos acuerdos y, en ese sentido, es un punto a favor de Delcy Rodríguez y también del Gobierno de Estados Unidos”, afirmó el experto.
Ambos países sellaron recientemente un acuerdo que marcó un giro en su relación, hasta entonces caracterizada por años de tensiones y diferencias políticas. El pacto contempla 17 campos petroleros que, en conjunto, estarían asociados con unos 65.000 millones de barriles en reservas. El acuerdo prevé la participación directa de empresas y capital estadounidense en la recuperación y explotación de estos yacimientos, con una participación mayoritaria de Estados Unidos en la estructura encargada de administrarlos.
Según Las Heras, aunque el vínculo entre Washington y Caracas ha estado marcado principalmente por los intereses económicos y, en particular, por el sector petrolero, en las últimas semanas también se han producido movimientos en otros frentes. Entre ellos, destaca la salida de Venezuela de la lista de países que, según Estados Unidos, no cooperan plenamente en la lucha contra el narcotráfico.
Para el investigador, esta decisión puede interpretarse como una señal adicional de reconocimiento al Gobierno de Rodríguez más allá de la relación económica y petrolera, que continúa ocupando un lugar central en la agenda estadounidense.
El encuentro también se enmarca en las negociaciones entre el chavismo y un sector de la oposición venezolana, impulsadas por Estados Unidos. Las conversaciones han derivado en acuerdos para transformar el sistema de justicia, incluida la renovación del Tribunal Supremo de Justicia, avanzar en la liberación de reservas venezolanas retenidas en el Banco de Inglaterra y crear mecanismos para supervisar el cumplimiento de los compromisos. También se han levantado restricciones sobre varios portales digitales.
Sin embargo, todavía no hay acuerdos sobre una reforma del Consejo Nacional Electoral ni sobre un calendario electoral.
La influencia de Estados Unidos sobre la economía y la política venezolana se ha hecho más visible desde la captura de Nicolás Maduro en Caracas, el pasado 3 de enero. Maduro, por cierto, se encuentra detenido a pocos kilómetros de la sede central de la ONU.
Uno de los aspectos que podrían llamar la atención durante la intervención de Rodríguez ante la Asamblea General será el contraste entre su discurso de años anteriores, marcado por el antiimperialismo, y su actual acercamiento a Washington. “Va a ser muy interesante contrastar las posiciones que ella misma sostuvo en el pasado, cuando participó en esa Asamblea, con posiciones muy antinorteamericanas y consignas de carácter antiimperialista, y las posiciones que vaya a asumir ahora, que indudablemente no tendrán ese tono”, afirmó Las Heras.
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