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Las mentiras de Trump sobre el 11-S: cómo se convirtió en un arma de campaña

Estados Unidos construyó un ritual para blindar el duelo por los ataques del 11-S de la política, pero este es hoy el escenario donde se libra la pelea más política del aniversario.

09 de septiembre de 2026 - 05:31 a. m.
El agente del FBI Daniel Coleman sabía, desde años atrás, de los planes de Osama bin Laden pero, a pesar de sus rigurosas investigaciones, Estados Unidos no tomó en serio la amenaza terrorista que se concretó el 11 de septiembre de 2001 con ataques como el que destruyó las Torres Gemelas de Nueva York.
Foto: Getty Images via AFP - CHIP SOMODEVILLA
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Cuatro expresidentes vivos de EE. UU. (Clinton, Bush, Obama y Biden) asistirán este viernes a la Zona Cero de Nueva York para conmemorar a las víctimas de los ataques del 11 de septiembre de 2001. El único que no asistirá será Donald Trump, y la razón es sencilla.

En 2012, la junta directiva del National September 11 Memorial & Museum, la fundación encargada de la ceremonia, prohibió que los políticos pronuncien discursos para devolverles la centralidad del evento a las familias de las víctimas.

La fundación buscaba evitar que la conmemoración se convirtiera en una plataforma de campaña o en un escenario para la retórica partidista. Aquel era un año electoral de alta tensión por el enfrentamiento entre Barack Obama y Mitt Romney.

Hoy, a pesar de esto, Trump quiere pronunciar un discurso, por lo que dijo que se ausentaría y que iría en su lugar al Pentágono, otro foco de ceremonias que no tiene una prohibición sobre los discursos políticos. Esto incumple con el espíritu del día, que es que por una vez el protagonismo no sea de un político.

No se sabe con certeza qué dirá Trump en el Pentágono este jueves, pero sus recientes apariciones dejan ver que usará el día para tratar de impulsar de nuevo su guerra contra Irán. El presidente ya estuvo hablando el martes sobre el 11-S desde Washington D. C., donde aseguró falsamente que unos bomberos lo rescataron entre los escombros durante aquella fatídica jornada en 2001. Trump, entonces un reconocido empresario, dio tres entrevistas en la mañana de los ataques. No estaba dentro de los edificios.

Cabe destacar una de ellas. Mientras las torres aún ardían, Trump llamó a un canal local de televisión para señalar que su edificio en el 40 de Wall Street acababa de convertirse en el más alto de Bajo Manhattan, ahora que el World Trade Center ya no estaba en pie. En 2015, también dijo haber presenciado el momento en que la gente saltaba de las Torres Gemelas, algo imposible ya que se encontraba a 6 km de estas.

Trump también señaló que en su libro de 2000, “The America We Deserve”, advirtió que había que matar a Bin Laden antes de que este atacara. El libro menciona a Bin Laden una sola vez, de pasada, sin pedir su muerte ni señalarlo como responsable de un ataque futuro. Lo repitió de nuevo este año hablando para justificar la guerra contra Irán. Sin embargo, la controversia actual no gira en torno a lo que dice el mandatario.

Todos los ojos sobre Mamdani

Mientras Trump evade la regla, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha aceptado quedarse en silencio en el lugar del memorial, acatando las normas de la fundación. Pero una campaña política busca apartarlo de la ceremonia.

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La controversia se disparó por el nombramiento de Ramzi Kassem como su asesor legal, quien en el pasado representó a un condenado de Al Qaeda. Cuando Mamdani firmó dos órdenes ejecutivas por el aniversario y le pasó el bolígrafo ceremonial a Kassem, estalló un escándalo. En medios de derecha lo han bautizado como el “abogado del terror”. Pero esto tiene más capas.

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Kassem fundó la clínica CLEAR, dedicada específicamente a representar a comunidades musulmanas, árabes y del sur de Asia afectadas por vigilancia antiterrorista y políticas de seguridad nacional en Nueva York, el tipo de vigilancia que se expandió justamente después del 11-S. Además, representó a Mahmoud Khalil, el vocero de las protestas propalestinas en Columbia detenido por autoridades migratorias en 2025, un caso que se volvió emblema de la disputa sobre Gaza en campus universitarios. Por esto fue calificado de “antiisrealí”. Para sus críticos de derecha, es un hombre que se opone al aparato de seguridad.

Ese historial de Kassem ha dado suficiente para que la oposición (más que las familias víctimas) ataque a Mamdani y exija que no se presente a la ceremonia, aunque este se haya comprometido a cumplir las reglas. ¿El trabajo de Kassem es verdaderamente una ofensa para las víctimas? ¿La sola presencia del político, aunque en silencio, está comunicando algo? Y si es así, ¿por qué parece exigírsele un estándar diferente para él y para Trump?

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Todo esto parece resumirse en los estudios de Khaled Beydoun, profesor de derecho en Arizona State y autor del libro “American Islamophobia”, quien ha documentado durante años cómo la islamofobia funciona distinto a otros prejuicios porque no depende de la conducta individual. En sus investigaciones, un musulmán en el espacio público estadounidense carga con una sospecha estructural que no se borra con buen comportamiento, se activa por la sola identidad. Es justo lo contrario de cómo funciona el escrutinio sobre Trump, donde sus mentiras verificadas, una por una, año tras año, no logran activar la misma sospecha automática sobre su relación con el 11-S. A Trump lo juzgan, cuando lo juzgan, por lo que hizo o dijo. A Mamdani lo juzgan por lo que es en esencia: un musulmán.

Antes de ser alcalde, ya cargaba con esto. El entonces candidato Andrew Cuomo sugirió en una entrevista radial que Mamdani “estaría feliz” si ocurriera un ataque como el 11-S, y circularon caricaturas de campaña que representaban su candidatura como un avión estrellándose contra las Torres Gemelas. Según datos del Departamento de Justicia, los crímenes de odio contra musulmanes en EE. UU. aumentaron 1.600 % en 2001, y se mantuvieron entre 100 y 200 casos anuales durante la década siguiente. Un musulmán sigue siendo visto como un “enemigo”.

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Cabe destacar que no hay una postura unánime de las familias de las víctimas. Algunos están de acuerdo con que Mamdani participe, y otros no. Detrás de una petición por el no, que ha recogido 100.000 firmas, está Giovanni Galante, un republicano registrado que donó USD 250 millones a la campaña presidencial de Trump en 2019. Su esposa murió el 11-S.

La petición arrancó con poco más de mil firmas, y unas 300 de familiares verificados, hasta que el “New York Post”, propiedad de Rupert Murdoch, la puso en su portada. De ahí saltó a Fox News, también de Murdoch, y se viralizó en redes de derecha. Para cuando llegó a los 100.000 firmantes, ni el propio Galante podía confirmar cuántos de esos firmantes son realmente familiares de víctimas, porque Change.org no exige esa verificación. Entonces, ¿cuánto de esto es por las víctimas?

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Quienes le han dado más impulso político a la campaña no son familiares, sino figuras con cargo o candidatura en juego, como Bruce Blakeman, candidato republicano a la Gobernación de Nueva York, o el exalcalde Rudy Giuliani, quien también está en el círculo de Trump. En mayo, el director del Comité Judío Republicano dijo que una derrota de la gobernadora Kathy Hochul equivaldría, en los hechos, a una derrota para Mamdani, dándole su apoyo a Blakeman. Es decir, hay un componente político y electoral de por medio en la campaña contra Mamdani para las elecciones, que serán en dos meses y que van a tener su figura como un debate central en un clima extremadamente polarizado.

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