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A Pekín no le gusta hablar de democracia

Con la comunidad internacional interesada en establecer acuerdos comerciales, los disidentes en prisión y la apertura política cada vez encuentra menos respaldo.

redacción internacional

11 de julio de 2017 - 10:00 p. m.
Manifestantes en Hong Kong piden la libertad de Liu Xiaobo. / Efe
Foto: AFP - ANTHONY WALLACE
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A pesar de haber sido arrestado en diciembre de 2008, la sombra del disidente Liu Xiaobo sigue incomodando a las autoridades chinas, incluso cuando un cáncer terminal de hígado los obligó a otorgarle la libertad por razones médicas.

Poeta y doctor en literatura china, Liu se hizo célebre por su lucha a favor de los derechos humanos en China. Su habilidad con las palabras ha hecho de él uno de los oradores más prestigiosos entre la oposición al gobierno chino. Asimismo, fue uno de los cientos de jóvenes que en 1989 se reunieron en la plaza de Tiananmen para exigir mediante una huelga de hambre la llegada de la democracia a su país. En lugar de libertades civiles, a Tiananmen llegaron tanques y los tiros del Ejército de Liberación Popular.

Para Liu, el saldo de las protestas de Tiananmen fue su primera estadía en prisión; 21 meses que en 2009 se sumarían a la condena de once años que le impuso la justicia china por “incitar a la subversión del poder del Estado” cuando redactó y recolectó la firma de varios intelectuales para la Carta 08, un manifiesto político en el que se pedía, entre otras cosas, libertad de expresión y elecciones pluripartidistas en China.

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Sus largas estadías en la cárcel hicieron que en 2013, cuando murió Nelson Mandela, los medios se llenaran de comparaciones entre el autor del fin de la segregación racial en Sudáfrica y el activista chino. Como Mandela, Liu también recibió el Premio Nobel de Paz, en su caso por la “la larga y no violenta lucha a favor de los derechos fundamentales en China” y por ser “el símbolo más destacado de esa lucha”.

La sensibilidad del gobierno chino frente a Liu no sólo se vio en su reacción al galardón, cuando dijo que se oponía “totalmente a que cualquier país o persona utilice el Premio Nobel de la Paz para interferir en los asuntos internos de China o violar la soberanía legal de China”. La severidad con la que Pekín ve cualquier gesto relacionado con el disidente también se ve en el hecho de que su nombre esté vetado en las redes sociales de ese país. Asimismo se hizo notar en 2014, cuando el senador republicano estadounidense Ted Cruz sugirió que se le pusiera Liu Xiaobo a la plaza en la que se ubica la embajada china en EE. UU.

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En ese entonces, el ministro de Relaciones Exteriores chino dijo que la medida transgredía “las normas básicas de las relaciones internacionales” y que si el proyecto propuesto por Cruz llega a convertirse en ley, “habrá serias consecuencias”.

Quizás donde más preocupa la salud del Premio Nobel es en Hong Kong. Desde que se conoció la gravedad de su estado, las calles del antiguo protectorado británico se llenaron de manifestantes que exigen que se autorice que el disidente reciba tratamiento médico en el extranjero.

Al haber estado bajo el control del Reino Unido hasta 1997, Hong Kong gozó de libertades civiles que ningún otro territorio chino ha tenido durante años. En 2014, miles de manifestantes se sentaron con sus sombrillas en las calles de la ciudad portuaria para exigir elecciones democráticas, peticiones a las que Pekín hizo oídos sordos.

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En el reciente aniversario del traspaso de soberanía de la ciudad portuaria, el ministro de Exteriores británico dijo que su país esperaba que el antiguo protectorado “progrese hacia un sistema de gobierno completamente democrático”. Las declaraciones de Boris Johnson fueron recibidas con una seguidilla de ataques verbales por parte del gobierno chino y su flotilla naval paseándose por las costas de Hong Kong en una desbordada muestra de poderío militar.

La pasada cumbre del G20 demostró que la prioridad de Gran Bretaña es buscar acuerdos comerciales ante su inminente salida de la Unión Europea, lo que, junto con el encarcelamiento de disidentes chinos como Liu, hace que los reclamos por la democracia en China tengan cada vez menos defensores.

Por redacción internacional

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