25 Aug 2021 - 2:00 a. m.

Afganos en América Latina: una nueva migración, viejos estereotipos

No es la primera vez que la región recibe a refugiados de este país. Sin embargo, los mismos errores prevalecen en su acogida.

Redacción Mundo

Internacional

Afganistán igual a terrorismo, igual a bombas y explosiones, a mujeres cubiertas por completo y a hombres con barbas megapobladas. Esa es la asociación que hicieron las autoridades migratorias en Ecuador cuando Yabar Bajarami llegó a ese país como refugiado en 2003, según dejó ver en una entrevista.

“Es muy feo que te juzguen por el pasaporte que te identifica, por la gente que vive allá, la poca que está haciendo ese desmadre”, le dijo Bajarami a CNN.

Él no tiene nada que ver con el terrorismo ni con el talibán. Sin embargo, no es de extrañar que lo hayan asociado con todo esto al presentar su identificación. Uno de los errores más comunes en los procesos migratorios se da por la forma en la que hemos construido la identidad nacional de un país. Esta se basa en la imposición de estereotipos, que son a su vez una mala mezcla de ideas homogeneizadas que, con frecuencia, poco o nada tienen que ver con la identidad real de un individuo.

Pero las asociaciones imprudentes y erróneas no se detuvieron allí. A Bajarami también lo ligaron de inmediato con el “mundo árabe”. Esto último se convierte en un gran problema, porque ese “mundo” es muy diverso, y en el exterior se suelen homogeneizar sus características. No es lo mismo un afgano que un iraní, por ejemplo.

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“Es como si a un ecuatoriano que se va a Estados Unidos le dicen mexicano. No es su identidad”, dice Yama, otro refugiado afgano que reside en Ecuador. Y si ha viajado a Estados Unidos podrá sentirse identificado con este ejemplo.

La región latinoamericana, como muestra el caso de Bajarami y otros cientos de historias similares, ya tiene experiencia con la migración de países asiáticos. Uruguay, por ejemplo, recibió varios refugiados sirios tras el estallido de la guerra civil en ese país. Ecuador, por otro lado, ya ha recibido varios grupos de Afganistán en el pasado.

La intervención estadounidense en Afganistán hizo que los patrones migratorios cambiaran y los destinos lejanos se hicieron atractivos. En este caso, los factores económicos y geográficos pusieron a Ecuador en el radar de los afganos que buscaban llegar a Estados Unidos, pero sobre todo un cambio en la política migratoria del país suramericano.

“Esta migración se debe concretamente a la política de eliminación de visados que impuso el gobierno de Rafael Correa, quien eleva a derecho constitucional la migración. Se creó un viceministerio para el Ministerio de Relaciones Exteriores que solamente se encargaba de movilidad humana. Esto hizo que Ecuador se convirtiera en un lugar de recepción de migrantes. Era fácil sacar papeles a pesar de las distancias. Todo esto se detuvo con la crisis de la migración cubana y haitiana que desbordó el sistema. Por eso se retomaron los visados para ciertos países”, explica Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de la Universidad Externado de Colombia.

Para aquel momento, cabe destacar, Ecuador gozaba de la bonanza que llegó con las commodities petroleras. Era un excelente destino como país de tránsito para los refugiados que llegaban. Sin embargo, los controles que surgieron tras los ataques del 11 de septiembre impidieron el avance de estos grupos hacia el norte, y los migrantes afganos se vieron en la obligación de quedarse.

La migración afgana se hizo una constante en Ecuador. Nada más entre enero de 2012 y el 31 de julio de 2021 se entregaron 456 visas de diferentes categorías a ciudadanos afganos, según la Cancillería de ese país. Y más de la mitad de estas corresponden a documentos de residencia. En Ecuador se fueron asentado pequeñas colonias afganas, cuyos miembros ya no piensan en volver a su país.

Según Martín Pastor, investigador de la Universidad Tecnológica Quinoccial, el primer grupo de afganos que llegó a Ecuador lo hizo a principios de la década de 2000. La primera familia que se asentó habría sido la de los Safi, cuyo patriarca, Yama, huyó después del terror de los talibanes.

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Pero a pesar de que la región ya tiene experiencia con la migración de países asiáticos, como Afganistán, Siria o Yemen, las cosas no han cambiado mucho en estas décadas. Y ahora que se avecina la llegada de un nuevo grupo proveniente de Oriente, los estigmas del pasado han resurgido con fuerza.

Claro, el proceso ahora es completamente diferente: los afganos vienen en calidad de refugiados y estarán nada más de paso por los países que les brindaron acogida, hasta que puedan resolver su situación y viajar a Estados Unidos. Washington ha sido enfático en señalar que el paso de estos refugiados por países como Ecuador y Colombia es temporal. Sin embargo, los comentarios estigmatizantes y xenófobos ya se encuentran circulando de manera peligrosa.

Caleb Ordóñez, columnista de varios medios mexicanos, sugirió sin pruebas que la llegada de los refugiados afganos había causado un “reacomodo para los distintos carteles mexicanos”, con el que habrían incorporado al terrorismo en sus actividades. Ahora teme que esta “amenaza latente”, como llama a los refugiados, pueda traer algo malo. Su miedo es producto del desconocimiento, por supuesto, y de la estigmatización que recae sobre estos individuos. De nuevo se está asociando al refugiado de estos países con la imagen del terrorismo como parte de su identidad.

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Lo que hay que resaltar ahora, entonces, es que los refugiados afganos que llegarán a América Latina y otros países no son terroristas. Son, en general, personas que huyeron de la amenaza talibán por haber trabajado como traductores o como contratistas para el gobierno estadounidense o para la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). No son talibanes. En redes sociales también se ha observado un comportamiento que denota el desconocimiento frente a quiénes llegarán y cómo será el proceso.

Los medios de comunicación contribuyen a crear este imaginario sobre los afganos, tal y como lo hacen con otras poblaciones como la de los migrantes venezolanos. Toda esta retórica xenófoba lo único que hace es alimentar la crisis de los refugiados. Ahora los afganos que huyen de los talibanes se enfrentan a una renovada lucha contra la migración en el mundo. Se necesita pedagogía.

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