El futuro de Irán se ve cada vez más incierto. Su presidente, Mahmoud Ahmadineyad, no sólo desafió al mundo con la amenaza nuclear, sino que según diversos medios de comunicación, está enfrascado en una serie de batallas internas que auguran difíciles tiempos para ese país. El ataque contra la Embajada del Reino Unido en Teherán, apoyado por los basiyis —milicia paramilitarizada experta en represión de manifestaciones— hace pensar que no fue un acto espontáneo de cientos de estudiantes iraníes, sino un desafío calculado del régimen de Ahmadineyad ante la presión internacional por su programa nuclear.
El lunes, el Reino Unido, Canadá y EE.UU. anunciaron nuevas sanciones financiares contra Irán. En represalia por las medidas, una multitud quemó la bandera británica y la reemplazó por una iraní, destruyó retratos de la reina Isabel II, arrojó varios documentos por las ventanas y calcinó uno de los vehículos oficiales. Es el ataque más grave contra una delegación diplomática desde 1979, cuando otro grupo de estudiantes ocupó durante 444 días la representación de Estados Unidos ante la mirada cómplice del líder supremo, el ayatolá Ruhola Jomeini.
Un día después del ataque, que provocó la expulsión de los diplomáticos iraníes del Reino Unido y hace que se estudien sanciones más duras e incluso se empiece a contemplar un ataque militar, Ahmadineyad reiteró que Irán responderá cualquier ataque de Occidente. “Ustedes nos imponen sanciones, utilizan diversas medidas contra nosotros, ¿y así esperan que estemos dispuestos a discutir nuestro programa nuclear con ustedes?”. El gobernante iraní criticó, asimismo, las nuevas sanciones impuestas esta semana a Irán por Estados Unidos y se mostró “sorprendido” de que los estados europeos sigan su línea y adopten también medidas financieras contra su país.
Irán respondió a las medidas con la tramitación de una ley que reduce los lazos diplomáticos con el Reino Unido. Tras la aprobación de la nueva ley por parte del Parlamento de Irán y su convalidación por el Consejo de la Guardia Revolucionaria, el único paso para su aprobación es la ratificación en los próximos días por parte del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, que cada vez está más solo. El mandatario iraní se ha enfrentado en varias ocasiones a la línea más dura de los clérigos. Algunos, como el ayatolá Abdul Nabi Nazami, próximo al líder supremo, ayatolá Alí Jamenei, acusaron al círculo de asesores más cercano al mandatario de planear una estrategia para “apartar a los clérigos del poder”.
De hecho, en abril varios líderes islamistas denunciaron el presunto “hechizo” al que estaría sometido el mandatario, llegando a arrestar a un colaborador de Ahmadineyad, que estaría relacionado con esas supuestas prácticas de brujería.
El jefe del gobierno de Teherán indicó: “Estamos listos para dialogar, pero ellos están buscando el enfrentamiento”.