Cuando los ataques israelíes y estadounidenses acabaron con la vida del ayatolá Alí Jamenei al inicio de la guerra en Oriente Medio, el jefe de seguridad de Irán, Alí Larijani, se hizo aún más poderoso de lo que había sido en décadas.
El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, dijo el martes que Larijani había muerto y Teherán, mediante un mensaje con la fotografía de quien era considerado mano derecha del asesinado líder supremo de Irán, Alí Jameneí, la cuenta de X de Lariyani anunció su muerte “como mártir”, que luego fue reafirmada por la oficina de información del gobierno.
Desde el inicio de la guerra, Larijani había desempeñado un papel mucho más visible que el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, a quien no se ha visto en público desde que fue nombrado para sustituir a su padre.
El jefe de seguridad fue visto caminando entre la multitud en una manifestación progubernamental la semana pasada en Teherán, en una muestra de desafío a Israel y Estados Unidos.
Su muerte es un duro golpe para Irán y supone la pérdida de una figura clave considerada capaz de manejarse tanto en el terreno ideológico como diplomático.
Pragmático
Hábil a la hora de equilibrar la lealtad ideológica con pragmatismo, Larijani desempeñó un papel fundamental antes de la guerra, tanto en la política nuclear como en la diplomacia.
Con gafas y conocido por su tono mesurado, se cree que este hombre de 68 años gozaba de la confianza del difunto Jamenei, tras una larga carrera en el ejército, los medios de comunicación y el poder legislativo.
En 2025, tras la última guerra de Irán contra Israel y Estados Unidos, fue nombrado jefe del máximo órgano de seguridad iraní, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional —un cargo que ya había ocupado casi dos décadas antes—, coordinando estrategias de defensa y supervisando la política nuclear.
Más tarde fue cobrando protagonismo en la arena diplomática, viajando a países del Golfo como Omán y Catar mientras Teherán participaba con cautela en unas negociaciones nucleares que finalmente se vieron frustradas por la guerra.
“Astuto”
“Larijani es un auténtico conocedor del sistema, un operador astuto que sabe perfectamente cómo funciona”, explicó Alí Vaez, director de proyectos para Irán del International Crisis Group, antes de que empezara la guerra en Oriente Medio.
Nacido en Nayaf, Irak, en 1957, hijo de un destacado clérigo chiita cercano al fundador de la República Islámica, el ayatolá Jomeini, la familia de Larijani ha sido influyente dentro del sistema político iraní durante décadas.
Algunos de sus familiares fueron objeto de acusaciones de corrupción a lo largo de los años, que ellos negaron.
Obtuvo un doctorado en Filosofía Occidental por la Universidad de Teherán.
Veterano del cuerpo de los Guardianes de la Revolución durante la guerra entre Irán e Irak, Larijani dirigió posteriormente la radiotelevisión estatal IRIB durante una década a partir de 1994, antes de ocupar el cargo de presidente del Parlamento entre 2008 y 2020.
En 1996, fue nombrado representante de Jamenei en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Más tarde se convirtió en secretario de este consejo y en negociador jefe en materia nuclear, liderando las conversaciones con el Reino Unido, Francia, Alemania y Rusia entre 2005 y 2007.
Se presentó a las elecciones presidenciales de 2005 pero perdió frente al candidato populista Mahmud Ahmadineyad, con quien más tarde tuvo desacuerdos sobre la diplomacia nuclear.
A Larijani se le impidió entonces presentarse a las elecciones presidenciales, tanto en 2021 como en 2024.
Los observadores consideraron que su regreso al frente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional marcaba un giro que reflejaba su reputación de conservador, capaz de combinar el compromiso ideológico con el pragmatismo.
Larijani apoyó el histórico acuerdo nuclear de 2015 con las potencias mundiales, que se desmoronó tres años después cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, se retiró del mismo.
En marzo de 2025, Larijani advirtió de que la presión externa podría alterar la postura nuclear de Irán.
“No nos estamos moviendo hacia las armas (nucleares), pero si hacen algo mal en la cuestión nuclear iraní, obligarán a Irán a moverse en esa dirección, porque tiene que defenderse”, declaró a la televisión estatal.
Larijani insistió repetidamente en que las negociaciones con Washington debían limitarse al expediente nuclear y defendió el enriquecimiento de uranio como un derecho soberano de Irán.
Represión violenta
Larijani fue uno de los funcionarios sancionados por Estados Unidos en enero por haber, según Washington, “reprimido violentamente al pueblo iraní”, tras las protestas que estallaron en todo el país semanas antes contra el aumento del coste de la vida.
Según grupos de derechos humanos, miles de personas murieron en la brutal represión de las manifestaciones.
Larijani reconoció que las presiones económicas habían “provocado las protestas”, pero culpó de la violencia a la injerencia extranjera de Estados Unidos e Israel.
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