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América Latina en Japón: imaginarios, traducción y circulación literaria contemporánea

El éxito masivo de Gabo en formato de bolsillo está logrando que Japón vea a América Latina más allá de la violencia y el folklore.

Betsy Forero Montoya | Alianza Asia

09 de mayo de 2026 - 06:02 p. m.
Cien años de soledad conquista Japón y cambia la imagen de América Latina.
Foto: EFE - KIMIMASA MAYAMA
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Dos años después de la publicación en formato de bolsillo de Cien años de soledad en Japón, es posible pensar que lo que en su momento pareció un episodio aislado haya marcado, en realidad, el inicio de una reactivación inesperada del interés por la literatura latinoamericana y, al mismo tiempo, un punto de inflexión en el imaginario japonés sobre América Latina y, en particular, sobre Colombia. Allí, donde el formato de bolsillo se considera práctico y, por ello, muy atractivo, la novela de García Márquez ha experimentado una visibilidad inusual, con rápidas reimpresiones y una fuerte presencia en librerías. Más allá de su dimensión editorial, este tipo de fenómenos permite observar cómo se construyen, se actualizan y circulan las imágenes que tenemos unos de otros, entre culturas.

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En Japón, América Latina se percibe como una unidad identitaria construida principalmente a partir de lo que los medios muestran y narran, así como de las interpretaciones locales de esas representaciones. Cuando se indaga sobre la imagen que tienen de la región, aparecen con frecuencia referencias a los recursos naturales, las ruinas prehispánicas y diversas formas de violencia. Estas imágenes suelen acompañarse del adjetivo yōki. La palabra, compuesta por los kanji de “luz solar” o “positivismo” y de “energía” o “espíritu”, suele traducirse como “alegre”. Nunca he escuchado que un japonés describa su propia cultura como yōki, pero sí las de América Latina, de norte a sur, así como las de Asia del sur o central. Color, música, baile y clima cálido son algunos de los elementos asociados a este calificativo. Aunque esta imagen puede parecer positiva, también implica una simplificación: una mirada que, al enfatizar la vitalidad, corre el riesgo de reducir la heterogeneidad y la profundidad cultural.

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Este proceso de construcción y simplificación del imaginario cultural encuentra su correlato en el ámbito editorial y de la traducción, donde dichas representaciones se reconfiguran, se matizan o se desplazan a través de la selección de obras o autores, las decisiones de diseño editorial y las formas de circulación. Con esa sospecha inicial me acerqué a la portada japonesa de Cien años de soledad hace casi dos años. La edición había generado gran expectativa mediática, por lo que esperaba encontrar una reiteración visual del exotismo antes mencionado. Sin embargo, la ilustración de Ryūto Miyake propone una lectura más equilibrada. El dorado, presente en el fondo de la imagen y en el marcapáginas, no se vuelve exuberante gracias a su contraste con el color negro y algunos tonos fríos. Y debe decirse que, en este caso, optar por una gama de amarillos es coherente con la obra. Las figuras de personajes, plantas, animales, una casa bien estructurada, artefactos tecnológicos y científicos y un arma, enmarcadas en recuadros, remiten directamente al universo narrativo sin caer en una lectura extravagante. Las figuras humanas destacan sobre el fondo dorado, sin que la composición imponga el orden de la mirada, aunque tampoco hay caos: la imagen invita a establecer relaciones, como lo hace la estructura de la obra.

La edición japonesa de El otoño del patriarca publicada en 2025, también ilustrada por Miyake, continúa esta línea. Sobre un fondo verde oscuro, que compone un uniforme militar, se superponen elementos de naturaleza silvestre, sugiriendo la tensión entre poder, soledad y decadencia. Más que representar América Latina como un espacio “alegre” o exuberante, estas portadas construyen una imagen donde lo político, lo histórico y lo simbólico se entrelazan. No eliminan imágenes que aisladas se alinean con los estereotipos como las de plantas y animales, y podría cuestionarse la dimensión comercial de las dos ediciones, pero en conjunto sí desplazan la representación hacia una mayor diversidad.

Esta lógica visual se extiende al ámbito de la traducción literaria de los últimos años en Japón, donde destaca el trabajo del profesor y especialista en literatura Ryukichi Terao. A partir de su repertorio de más de 20 traducciones en menos de dos décadas, el más amplio históricamente entre colegas, puede concluirse que la traducción de la literatura latinoamericana en los primeros años del siglo XXI estuvo centrada en autores del Boom, como García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes, Carpentier, y Donoso. El realismo mágico que en el siglo XX era atractivo por su carácter insólito o exótico, ha adquirido con el tiempo legitimidad académica, consolidándose como un género que debe conocerse por su trascendencia global y no solo latinoamericana, lo que ha ampliado su recepción.

A este grupo se han sumado progresivamente autores como Onetti o Arlt, y más recientemente Padura, Ocampo o Bioy Casares, que si bien hacen parte del mundo literario del siglo pasado, no se conocían en Japón. En conexión con estos nombres, puede observarse un interés temático inicial por grandes alegorías históricas vinculadas a la violencia estatal, la tensión entre historia y mito o realidad y ficción, y la experiencia cíclica del tiempo. Posteriormente, en especial desde 2015, han ganado presencia narrativas más íntimas, centradas en la alienación urbana, la burocracia o la violencia doméstica. Estas nuevas temáticas permiten al lector japonés acercarse a una experiencia más cotidiana y heterogénea de lo que significa habitar América Latina.

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Así en el corpus de novelas traducidas coexisten, por un lado, ficciones con referentes históricos nacionales y estilos literarios legitimados globalmente, y por el otro, narrativas de la modernidad cotidiana de sociedades latinoamericanas. Más que responder a una lógica estrictamente comercial, este proceso parece obedecer a una curaduría sostenida, desarrollada por el profesor Terao. Este proceso ha contribuido tanto a una lectura más equilibrada de autores antes considerados menores frente al canon europeo, como a la consolidación de un repertorio latinoamericano en japonés, que ha traído consigo mayor conocimiento de América Latina.

El reciente resurgimiento de García Márquez en Japón no responde a un descubrimiento de nuevos temas, sino a una lectura horizontal de la producción literaria de América Latina que ya se venía cultivando con el corpus literario traducido. En este marco, la categoría de yōki con la que frecuentemente se describe a los latinoamericanos en Japón puede entenderse como una forma de vitalidad que no excluye la complejidad creativa e intelectual. Hace unos meses el auditorio del Instituto Cervantes en Tokio se desbordó en una conferencia sobre el nobel colombiano, ofrecida por el profesor Terao, también autor del libro en japonés Gabriel García Márquez: La fusión de la literatura latinoamericana y el realismo mágico/ Gaburieru Garushia Marukesu: Raten Amerika Bungaku to Majutsuteki Riarizumu no Ketsugō (2026). En ese juego de miradas cruzadas, activado y visibilizado por fenómenos editoriales como la circulación reciente de traducciones al japonés, Japón no solo imagina América Latina, también la reinterpreta, la reordena y, en cierto sentido, la vuelve a escribir.

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*Betsy Forero Montoya, Ph.D., profesora asociada, Departamento de Historia del Arte, y representante académica y cultural, Centro del Japón, Universidad de los Andes

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